El motorcito

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Leyendo La etapa decimocuarta, (la jugosa selección de artículos sobre ciclismo de Tim Krabbé que ya cité en un pasado avería), me encontré con tres textos sobre doping que llamaron mucho mi atención porque, al revés de la corriente dominante, el periodista neerlandés no condena esta práctica. Tampoco es que la ensalce sino que más bien, la defiende y justifica porque la considera inevitable y natural dentro de una competición en la que lo que se dirime es ganar o ganar. Y para ello utiliza un buen número de argumentos con los que se estará más o menos de acuerdo, pero entiendo que merece la pena que sean escuchados.

En «Jerry Cotton y el misterio del dopaje» afirma, por ejemplo, lo siguiente: «Algún día existirá en el deporte la noción de que se trata únicamente de conseguir el mayor rendimiento posible en el ámbito limitado propio. Desafiamos a los ciclistas para que proporcionen grandes rendimientos y cuando los proporcionan, seamos tan modestos de mirarlos con la boca abierta y mantener después la boca cerrada». Y en «El espíritu deportivo» se pregunta: «¿Por qué parece tan obvio que el dopaje es en sí mismo enfermizo y escandaloso y malo y que tiene que ser prohibido? Yo no habría llegado a esa conclusión. ¿No resulta obvio, al contrario, que los ciclistas profesionales necesitan su propio tipo de cuidados y que se toman en serio las exigencias de su profesión (proporcionar los mejores resultados con su bicicleta)?»

En este mismo artículo, Krabbé indica que, años antes de que se implantara en el ciclismo la prohibición de doparse a raíz de la muerte de Tom Simpson en el Ventoux durante el Tour de Francia del 67 por una ingesta de anfetaminas y alcohol, el pelotón ciclista convivía con esta práctica con total y absoluta normalidad. El consumo de estimulantes era un asunto privado en el que nadie se metía: «Antes de la prohibición, se respetaba la cultura del ciclismo, de la que forman parte ungüentos y brebajes, fisios milagrosos y el secretismo. La gente sabía algo, pero se encogía de hombros. Era asunto de ellos. Tampoco los ciclistas pensaban que hubiese nada de que avergonzarse. A la pregunta de si él utilizaba de vez en cuando «La Bomba», Fausto Coppi dijo: «Solo cuando es absolutamente necesario». ¿Y eso era a menudo? «Casi siempre»». 

En este sentido, Krabbé se indigna porque supuestamente el doping se implantó para cuidar de la salud de los ciclistas. Pero actualmente, se persigue a los dopados no por cuestiones sanitarias sino para que no incrementen su rendimiento. Algo que, desde luego, no entiende: «Si todos se dopan, (…) algo «que el informe de la USADA y otros escándalos sugieren firmemente, ¿entonces no tienen todos las mismas posibilidades? Si todos engañan, entonces nadie engaña». (…) Un abogado debe mentir, un vendedor recomendar cachivaches, un médico practicar eutanasias. Y el dopaje no es la única concesión que tiene que hacer el joven ciclista profesional a los sueños de un deporte limpio que tal vez tuvo».

Krabbé deja otras cuantas perlas en ese artículo al que desde luego, se le puede tachar de todo menos de ser hipócrita: «Lo que ha conseguido la prohibición del dopaje no es un ciclismo limpio, sino que se considere que el ciclismo es algo asqueroso. Hay mucha gente sensata –desde el presidente de la AMA John Fahey hasta Tyler Hamilton, desde Greg LeMond hasta el Raboban– que no cree que el ciclismo pueda llegar a ser alguna vez lo que nunca ha sido: limpio».

Por si no tuviera suficiente con esta diatriba tan lúcida como práctica, en otro correoso artículo, Los muertos por EPO no existen, señala: «La lucha contra el dopaje no tiene futuro y no hay que tomársela en serio. Hoy en  día hay controles hasta en la pesca sobre hielo, un deporte en el que los participantes permanecen sentados en una superficie de hielo, sin moverse, durante horas. (…) Nada gustaría más a los ciclistas que se pudiera definir y luchar contra el dopaje.  Pero no se puede ni lo uno ni lo otro. (…) El cuerpo es mejorable. Siempre aparecerán nuevas maneras de hacerlo. La carrera entre los usuarios de las drogas y sus combatientes será siempre como la que hay entre la rueda delantera y la rueda trasera de una bicicleta».

En fin. Si he citado vehementemente estos tres nutridos textos sin desperdicio alguno es porque pienso que están cargados de razones que, por los motivos que sean, no estamos acostumbrados a escuchar. Yo celebro haberlos leído porque carecen de prejuicios y de hipocresía. Son de hecho muy sensatos. Y creo que tenían que tener su espacio en avería. Puesto que yo al menos estoy convencido de que prácticamente todos los deportistas profesionales se dopan de una manera (más legal) u otra (menos legal). Y que, como ocurría con las brujas en épocas pretéritas, depende más de los prejuicios culturales y de ciertos intereses económicos, el que o bien sean considerados como héroes y campeones o como traidores e indeseables.

Dicho esto, no sé qué pensará Krabbé de las acusaciones que han visto a luz esta semana referentes al motorcito que Lance Amstrong habría llevado instalado en su sillín durante los Tours que ganó. En alguno de los artículos citados, nuestro periodista reconocía no soportar el cinismo del norteamericano cuya obsesión por la carrera francesa dejó en mal lugar al resto de competiciones. No sólo el Giro y la Vuelta sino también a las clásicas. Pero, asimismo, admitía que no tenía demasiado que objetarle en cuanto al dopaje. Tan sólo que, al revés que muchos de sus competidores, no fuera más cuidadoso. Se creyera tan indestructible que dejara pistas por todos lados. Pero, eso sí, lo del motorcito, ja, supongo que ya será demasiado hasta para él.

Si se demuestra que Amstrong lo utilizaba, supongo que no pondrá ya más objeciones a que se le retiraran los siete Tours que ganó. Y es que hay tiburones y tiburones. Y Amstrong -por lo que se ve y cuentan- no era de los chicos. Me alegro ciertamente de no habérmelo cruzado en mi camino. Shalam

قال لي عدوي: «أحب عدوك». وأطاعته وأحببت نفسي

Mi enemigo me dijo: “Ama a tu enemigo”. Y yo le obedecí y me amé a mí mismo

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:…..sincera-mente veo esta bici y me lleva a la escena de la bici con paul newman en «dos hombres y un destino»-1969………..
    2ºimagen:…..fila india……………..
    3ºimagen:….dile a tus compañeros que no hay bombonas de agua, amigo!!!!!……………
    4ºimagen:…..ojo!!!!,la gorra «blackstar», bowie, diseñador holandes Jonathan Barnbrook….maximototal….
    5ºimagen:….estuvo de pareja con sheryl crow(corita hizo gira-bad1987con el mismisimo michael jackson)……
    PD:…https://www.youtube.com/watch?v=tsbhgyZzw_0….escena ciclista de p.newman…..y en el minuto 2´el circo de los hermanos tonetti………..sonrisa……….
    PD2:…sheryl crow expareja de lance amstrong…un angel…
    …..https://www.youtube.com/watch?v=F3Fh6pS8UOs…..aqui con la leyenda y tambien expareja eric clapton..
    vaya «mata hari» que estaba hecha la colega…….jajajjjj……..

  2. Alejandro Hermosilla on

    1) Hombre o máquina. El Cyborg Segunda parte. 2) Melé ciclista. Rugby. 3) ¿Quién es el culpable? Cartel de cine policíaco a medida del doping. 4) jjjaaa.. cierto. Blackstar. 5) Tríptico posmoderno. PD: Paul Newman y el circo. Cabaret. Amstrong y la robótica. PD2: No creo precisamente que Amstrong se enamorara ni de ella ni de su alma. Iba perfecto con él para la foto triunfadora. Al final, ganó ella.

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