Julio Salinas

2

Ciertamente, torneos internacionales como la Eurocopa o el Mundial provocan idéntico tipo sensaciones que los amores de verano o los intensos momentos experimentados en esta estación ya sea en discotecas, playas o viajando a destinos exóticos.

La liga es nuestra novia formal. La escuela diaria. Pero estos acontecimientos son ese romance que empieza con cierta ligereza (suele costar de hecho comenzar a seguir la fase de grupos y conectar con la atmósfera existente en la competición) hasta que, en un momento dado, (sin que tengamos conciencia de exactamente cuándo), entramos en su ritmo, comienza a seducirnos y nos extasía con cuatro o cinco inolvidables noches que se nos quedarán para siempre grabadas (no suele haber tampoco mayor número de partidos trascendentes en estos torneos cortos).

Por supuesto, cuando creemos que estamos locamente enamorados y nos sentimos inmortales, eternamente jóvenes, la relación termina. Porque era, sí, algo fugaz como la Eurocopa y el Mundial o la Copa América lo son respecto al fútbol cotidiano. Vacaciones de la vida diaria que no tienen demasiado que ver con la existencia real. Son un excedente placentero. Un chute de fantasía cuya finalidad es hacernos gozar el mayor tiempo posible antes de volver a la normalidad.

Dicho esto, queda claro que estos torneos tienen también tienen sus rimas y ecos (en forma de fracasos, goles, críticas o triunfos históricos y puntuales) que conectan el pasado y el presente de las selecciones más allá de sus protagonistas y el paso inclemente de los años. Yo, por ejemplo, durante esta Eurocopa, estoy experimentado una cansina sensación de deja-vu bastante acusada en lo que se refiere a la selección española. Como si todo lo que estuviera ocurriendo con ella, ya lo hubiera vivido antes de manera similar aunque con otros protagonistas.

Las críticas a Luis Enrique me han recordado a las que se le hicieron en su momento a Javier Clemente y Luis Aragonés. Dos entrenadores nada complacientes con la prensa y que tampoco se dejaban manipular por ningún director de periódico (o de un programa de radio o televisión). El segundo además se vio obligado a liderar un cambio de orden con todo lo que ello significa. Sentar a vacas sagradas, realizar experimentos en la alineación o llenar de jóvenes el campo. Ahora no hay nadie que no lo considere un genio. Pero recuerdo en su día que defenderlo era una herejía. Algo parecido a lo que ocurre ahora con el seleccionador asturiano a quien entiendo que habrá que evaluar en aproximadamente dos años. Cuando finalice el Mundial de Quatar. Todavía es demasiado prematuro.

Por otra parte, algunos momentos de los partidos de la selección en Sevilla (y, sobre todo, cierta frustración) me han hecho, asimismo, acordarme de los vividos en Valencia durante el Mundial 82. La necesidad de jugárselo todo a una carta en el último partido del grupo a decenas de situaciones parecidas en competiciones del mismo calado. Y la carnicería contra Álvaro Morata me ha traído de nuevo a la mente el nombre de Julio Salinas. Un señor al que le dieron hostias por delante y detrás de su carnet de identidad por aquel remate errado contra Italia en el Mundial 94. Tal y como le está ocurriendo actualmente al delantero de la Juve. Un punta (o segundo delantero) al que le falta el punch rematador de Villa y el talento explosivo de un crack pero que, dicho esto, es un notable jugador al que se le echan las culpas de la falta de gol de España sin entender que probablemente la explicación se encuentre en la lesión sufrida por Ansu Fati en noviembre pasado. ¡Con el bisauguineano nacionalizado español en el campo estoy seguro de que otro gallo cantaría y se valoraría más la capacidad de Morata para atraer marcas y generar espacios!

En cualquier caso, yendo un poco más allá, mi sensación de deja-vu es tan extrema que hasta casi abarca también al futuro. El posible cruce con Francia en cuartos me recuerda a dos anteriores -uno en octavos en un Mundial (2006) y otro también en cuartos en una Eurocopa (2000)- en los que Francia nos eliminó, a pesar de nuestro buen juego, por tener jugadores más experimentados y cracks matadores en sus filas. Y el hecho de que casi todos vean a España superando a Croacia en octavos me hace rememorar nuestra derrota con Yugoslavia en el Mundial del 90. Algo que, como ahora, pocos esperaban porque pasamos del catastrofismo (hace una semana se daba por hecho que España no pasaría la pase de grupos) al exitismo más descerebrado en 90 minutos. Al fin y al cabo, sí, algo normal en fútbol.

Lo que ya no alcanzo a vislumbrar es lo que ocurriría de acceder a semifinales. Más que nada porque sigo creyendo que jugaremos como nunca y volveremos a caer en cuartos como siempre. Hay cicatrices que ni tan siquiera la maravillosa selección de Xavi Hernández, Iniesta e Iker Casillas ha podido coser. La herida de tantos partidos imborrables en los que perdimos injustamente en penaltis o debido al codazo de un tal Tasotti contra nuestro actual seleccionador, sigue abierta. ¡A ver si continuamos lentamente cicatrizándola! Shalam

لا يوجد شيء أخطر من عدم, المخاطرة

No hay nada más peligroso que no arriesgarse

COMPARTE.

Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

    • Alejandro Hermosilla on

      1) Desesperación. Ni metiendo un gol me aplaudís. 2) Cartel de película infantil de verano. 3) ¡Arre caballo! 4) ¡Tierra trágame! La imagen del miedo del delantero al penalty. PD: hermosa y maravillosa canción de Rita Pavano que no conocía. Desde ya entre mis favoritas. ¿Por qué no me llevas al partido de una vez?

Deja un comentario