La venganza de Naranjito

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España se encuentra en semifinales de la Eurocopa de fútbol. Hace no demasiado, esta noticia hubiera provocado un orgasmo en la afición. Pero sinceramente, no percibo actualmente ni la alegría ni el apoyo de demasiados españoles. Al menos no de tantos como podría presuponerse en principio. Lo que ha logrado Luis Enrique es un hito: conseguir que un grupo de jovenzuelos sin experiencia (apoyados por dos o tres veteranos) lleguen a la fase decisiva de un torneo. Por nombres y actual rendimiento, no se pueden comparar a la generación de Xavi e Iniesta. Pero, por eso mismo, su mérito es mayor. Han cortado el cordón umbilical sin ayuda médica. El último tijeretazo a Ramos dolió. Hizo daño. Pero sinceramente, era necesario. El peso de las leyendas a veces no permite avanzar.

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Había quien creía que el partido contra Suiza era un plato fácil. Yo al menos no. Nadie elimina a un campeón del mundo por casualidad. Y si los suizos llegan a marcar el penalti que tuvieron a favor, lo hubieran conseguido (salvo milagro) en los 90 minutos reglamentarios.

El de Suiza era un partido trampa. Había mucho más que perder que ganar. Si España hubiera vencido por dos o tres goles, nadie hubiera alzado las manos con excesivo entusiasmo. Se hubiera considerado algo normal. Y si Suiza nos hubiera eliminado, la palabra fracaso se hubiera quedado corta. Las hostias hubieran llovido. Para España, este partido era una encerrona. Una emboscada en medio de un callejón en el que, de un lado, aparecía una pléyade de periodistas enfurruñados y de otro, una selección muy bien trabajada. Un muro táctico muy difícil de derribar en el que cada pieza estaba dispuesta a sacrificarse hasta la extenuación.

Las únicas certezas que tenía eran dos: que a España le costaría ganar el partido pero mucho más a Suiza vencer a nuestra selección. Así que salí muy contento del resultado. Feliz porque, gracias a Luis Enrique, España huele a futuro. No es la mujer de Lot. No se ha quedado mirando a su glorioso pasado. Aquella mítica España de Villa, Ramos, Silva y Pujol. Y ha preferido aventurarse por otras rutas buscando una nueva identidad.

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Leo en la Popular 1 de este mes una entrevista a Alan Parsons. En un momento dado, el periodista, Fernando Tanxencias, hace referencia a uno de sus discos: Ammonia Avenue. Lo califica como «disco de Pop perfecto». Lo escucho varias veces. Me gusta tanto que no me parece suficiente. Paso el sábado y parte del domingo escuchándolo. Comienzo a saberme partes de memoria. Me pregunto qué pensarán otras personas del mismo. Pincho en varias webs y en algunas de ellas lo ponen mal. O eso creo. Me niego a seguir leyendo tras darme de bruces con el adjetivo aburrido para calificarlo.

Continúo por supuesto disfrutando de la obra. Más si cabe. Y por algún motivo, no puedo evitar acordarme de quienes critican (haga lo que haga) a la selección de Luis Enrique. Por supuesto, que están en su derecho. Pero, ¿qué quieren que les diga? ¡Qué manera de joder tanta belleza y de amargarse la vida! ¡Acá estamos tan sólo una temporada, unos cuantos años, y ya!

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Me ha impresionado Italia durante esta Eurocopa. Corrijo. La palabra correcta no es impresionado. Digamos que me ha hecho disfrutar. Incluso en su mediocre partido contra Austria, me gustó. Le vi realmente sobresalientes detalles de calidad técnica y una muy buena organización táctica.

Italia es otra. Su conjunción de catenaccio (fue increíble cómo durmieron el partido contra Bélgica logrando que casi no se jugaran los últimos diez minutos) y organizado pero festivo juego de ataque es muy llamativa. Italia está muy bien trabajada. Obviamente, la veo favorita contra España. Pero eso, paradójicamente, nos favorece. Si contra Suiza, nuestra selección no tenía mucho que ganar, contra Italia tiene poco que perder y mucho que conquistar. Si Italia nos derrota por goleada (algo plausible) los periodistas que odian a Luis Enrique se burlarán de él hasta la extenuación y se encontrarán satisfechos, pero nadie en España podrá reprocharles nada a nuestros jugadores. Será una derrota cantada y que entra dentro de la lógica. Habrá paz. Lo que garantiza cierta relajación que puede ayudarnos.

Me aventuro a decir que la semifinal será vistosa. Tal vez sea igualada o gane Italia por goleada. Incluso lo mismo damos la sorpresa pero se verá un buen espectáculo. La presión está en las botas de la selección transalpina. Y de eso debe aprovecharse nuestro equipo. De que nada de lo que ocurra en el campo será excesivamente malo para nosotros. El peor resultado no sería una losa. Y el mejor es directamente un pase a primera fila del paraíso. Shalam

سخونة الحب لها أبرد نهاية

El amor más caliente tiene el final más frío

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:….sopa…..este tipo de camiseta ribeteada de azul las dieron justo a la promocion siguiente a la que yo me licenciara de la mili (obligatoria)….sonrisa…..(influencia del vestuario de ejercito aleman de los 80)…..
    2ºimagen:….los de rojo, piedra…….los de blanco, agua…..
    3ºimagen:…..la capilla sixtina……….
    4ºimagen:…..simetria….camionazo…..casco futbol americano…..estructura de la gran fabrica de plastico……
    5ºimagen:…..el indio numero 17 pone la oreja en el campo…….

    • Alejandro Hermosilla on

      1) Increíble pero nada sorprendente la historia tras el logo de Naranjito. Sus creadores no vieron casi dinero. La federación se forró. 2) Nosotros sí nos casamos. 3) El fútbol como máquina que destruye rivalidades tribales. 4) Una mascarilla para la fábrica. El día que el metal respira como los humanos. 5) Foto clásica de gol. Me recuerda a la del segundo gol alemán en la final del 74.

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