Orden y espectáculo

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Ayer, leyendo el magnífico libro de Simon Kuper, Contra el enemigo, me encontré con unas declaraciones de Helenio Herrera que explican perfectamente su idea de catenaccio. A la insistentes y pertinentes preguntas del periodista británico sobre su famoso y efectivo orden táctico, el entrenador argentino responde lo siguiente: «Según mi sistema, estos dos jugadores (los centrales que jugaban por delante del líbero) eran marcadores, pero los laterales tenían que atacar. (…) Por eso Facchetti, Giacinto Facchetti, se sumaba al ataque en el Inter». 

Creo que en estas declaraciones se encuentra una de las claves decisivas del estilo que inventó Karl Rappan y popularizó definitivamente Herrera. El mítico técnico no fue únicamente quien atisbó la importancia de las funciones defensivas del líbero. También supo utilizar ofensivamente laterales. Un hecho en absoluto menor que demuestra su inteligencia. Lo preciso y meditado que su método futbolístico fue.

Generalmente, hay quienes creen que el catenaccio sólo consiste en defender. Pero no es así. Tampoco es una mezquindad. Fue una consecuencia lógica del pormenorizado estudio del juego de una serie de técnicos que vivían las veinticuatro horas del día para el fútbol. Herrera era consciente de que en un equipo sólo -y con suerte- puede haber un Luis Suárez, un Pelé o un Messi. Que el talento no era la norma sino la excepción. Eso lo da Dios o la naturaleza. No se trabaja. Se agradece. Por lo tanto, lo que se podía y debía mejorar en los jugadores era su estado físico, su colocación en el terreno de juego y su concentración. Es decir, todo menos el talento. Y en eso se centró con tanto ahínco que sus equipos parecían ejércitos. Máquinas que, en vez de lanzarse alocadamente al ataque, cubrían en lo posible todas las zonas del campo. Y, producto del carácter de Helenio, preferían estudiar a su rival, dejarlo sin huecos y fatigarlo psicológicamente para rematarlo al contragolpe.

En realidad, el catenaccio originalmente no era un estilo defensivo. Probablemente, (seamos francos) sí que podía ser calificado de ese modo, pero el tono despectivo se lo pusieron sus detractores. Los que lo sufrieron. Porque para quienes lo interiorizaron y, por supuesto, para Helenio Herrera era el medio más pragmático y científico de vencer, tal y como demostró su Atlético Madrid, su Barcelona y, sobre todo, su mítico e idealizado Inter. Y por eso creó escuela. Frente a los equipos brasileños o el Madrid de Di Stéfano, por ejemplo, los italianos podían mirar asombrados su juego y agacharse de tanto en tanto para sacar el balón de las redes o bien plantarles cara con un sistema militar perfectamente estructurado que dificultara sus movimientos y fuera minando su juego alegre a base de constancia, esfuerzo y agresividad. Obviamente, se decantaron por la segunda.

De Helenio Herrera se podrían realizar cinco o seis averías sobre su carácter y personalidad. Pocos entrenadores más carismáticos e influyentes que él. Incluso un Luis Aragonés palidece ante sus ocurrencias, desplantes y salidas de tono. En cualquier caso, ya los haré si lo creo conveniente. Hoy tan sólo me interesa apuntar a ese detalle -su apuesta por los laterales ofensivos- que demuestra que su estilo no se encontraba tan lejos del fútbol total llevado a cabo por el Ajax de Rinus Michels (que, por otra parte, no se entiende sin la utilización multifuncional de esos laterales). De hecho, sus engranajes tácticos, en cierto sentido, precipitaron y facilitaron la posterior llegada de equipos tan vistosos y aparentemente contrapuestos como la naranja mecánica o el Milán de Sacchi. Un conjunto que era la mezcla perfecta entre la Holanda de Cruyff y el Inter de Herrera. Un técnico tan obcecado en sus ideas y tan persistente en sus convicciones que, como suele ocurrir en estos caso, creó un grupo de fanáticos seguidores que condujeron al extremo su táctica. Fueron más papistas que él y embarraron aún más la cancha de lo que solía hacerlo este obseso de la victoria con sus jocosas declaraciones, su maquiavélica psicología y su adiestramiento imperial. Entre ellos no sólo técnicos italianos sino argentinos como, por supuesto, Osvaldo Zubeldía y Carlos Salvador Bilardo quienes convirtieron al Estudiantes de los 60 o la Argentina de los 80 en un ejército para el que la faltas eran tan habituales como los pases, el césped, una trinchera y las órdenes escritas en la pizarra táctica un mandamiento en tabla que no podía romperse bajo ningún concepto a fuerza de caer en pecado.

A muchos jóvenes aficionados al fútbol les puede parecer peregrino. Pero el mismo Simeone, consciente o no, ha bebido de las enseñanzas de Helenio. De hecho, la marca de los equipos de Herrera era similar a la del actual Atlético Madrid. Esa competitivad máxima. Su excelente colocación en el campo. Su agresividad. Su rigor. Su trabajado despliegue táctico. La inteligencia para estudiar al contrario y provocar su error. Una actitud e intensidad que sólo se pueden lograr siendo profesional cien por cien, tal y como vislumbró Helenio cuando, cansado de la típica dispersión del futbolista de éxito, instauró las concentraciones antes de los partidos. El principio máximo del futuro profesionalismo. La transformación del deporte en ciencia militar y el catenaccio en una bomba atómica que, bien ajustada y empleada, podía derrotar y anular a los equipos más fantasiosos como, en parte, (sólo en parte) demostró otro de los discípulos de Helenio, José Mourinho, en algunos de los lances que lo enfrentaron al superlativo F.C. Barcelona de Guardiola.

Para entendernos, la semifinal de Champions que su Inter le ganó al club blaugrana fue un homenaje al equipo azulinegro de los 60. Aunque el portugués fue aún más radical que Helenio al reconvertir a un delantero mordaz, Samuel Eto’o, en lateral. Y la final de Copa que conquistó en Mestalla con el Madrid, una exaltada réplica de las técnicas de guerrilla futbolística del Estudiantes de Zubeldia. Siendo justos, aquel día el equipo blanco tenía que haber acabado con tres o cuatro jugadores menos, pero como le ocurrió en tantas ocasiones al conjunto argentino, se acabó imponiendo por la mínima tirando de épica, faltas, agarrones y una ejemplar y sacrificada, eso sí, disposición táctica.

En realidad, Helenio Herrera estaba enamorado del talento pero más del rigor. Lo que intentaba era sacar el máximo rendimiento a los genios. No desaprovechar ni uno solo de sus esfuerzos y, sobre todo, que el equipo no se desequilibrara por su ego. El fue de hecho quien dio un golpe en la mesa para advertir a los dirigentes que quien mandaba era el entrenador y no las figuras. Lo que le costó algún roce con Ladislao Kubala y Alfredo Di Stéfano.

No deseo alargarme mucho más. Supongo que muchos lectores todavía recordarán a aquel habilidoso delantero, Claudio «Piojo» López, que brillaba en el Valencia de Cúper y Ranieri (dos discípulos de Herrera) o al Diego Milito del Inter de Mourinho. Creo que la inteligente utilización de ese par de certeros arietes puede ilustrarnos perfectamente acerca de la agudeza táctica del estilo de Herrera. Cómo se comportaba con las figuras. Puesto que cada uno de los movimientos realizados por ambos jugadores cobraba sentido en relación a un colectivo que cubría un gran número de zonas del campo con su despliegue físico y táctico para que se encontraran frescos en el momento de realizar el máximo esfuerzo, la jugada decisiva y además tuvieran huecos libres a los que desplazarse y varias opciones de pase o tiro. No sé si Claudio y Diego eran conscientes, pero gran parte de su excelente desempeño se lo debían a su esfuerzo, talento y voluntad, pero otra y no menor a un hombre fallecido un año después que el primero aterrizara en la capital del Turia y una década antes de que el segundo hiciera de la capital de la moda europea su hogar. Shalam

في عالم المكفوفين الرجل أعور ملك. لكنه لا يزال أعور

En el mundo de los ciegos, el tuerto es el rey. Pero sigue siendo tuerto.

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

5 comentarios

    • 1) Hombre latino de excursión con sus hijos en Tentegorra. 2) General romano corriendo. Se le pone un traje de batalla. ¡Mueran bárbaros! 3) Anuncio de colonia. Helenio sí que sabe. 4) Escena de lienzo maniersta. Puro manierismo griego e italiano. El ocaso imperial. 5) Reflexión filosófica. Ese bigote es alemán. Ágora griega. El partido de fútbol de los filósofos de Monty Python.

  1. andresrosiquemoreno on

    anexo:….ya sabes la idea de lo de perry como es porque en la grada se lee en la pancarta central:»inter-estrella-club y debajo como»….sonrisa….recuerdo «penny lane»…

    • Sí. Me había dado cuenta al ver lo de Como y luego el vídeo de Perry Como que por cierto no conocía. Otro crooner de aquella época por lo que veo. Realmente, no lo conocía. Acá no se ve bien el vídeo de Penny Lane. Así que sigo en el otro mensaje.

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