Padre muerto

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Si alguien ha sido duro con Leo Messi, ha sido el pueblo argentino. Y si algo le ha perjudicado es tener detrás, acechando, casi como un águila a su presa, la sombra de un mito, casi un Dios: Diego Armando Maradona.

Mienten quienes dicen que la carrera en la totalidad de Diego es mejor que la de Leo. Porque a Messi no se le ha comparado con el Maradona de Barcelona, Boca Jrs, Sevilla y Nápoles. Tampoco con el de sus espantadas de la selección argentina en diversas Copa América. Se lo ha situado día sí y día también frente a la imagen de los siete partidos disputados por el «barrilete cósmico» durante el Mundial 86. Y, sobre todo, ante el que marcó los dos goles más vitoreados de la historia del fútbol argentino. Aquellos parecidos a misiles nucleares que endosó a los ingleses. Un heroico, maravilloso despliegue que acababa con cualquier debate de entrada.

Maradona era Dios y Messi un «pechofrío». Si hubiera ganado aquella desgraciada final contra Alemania (y oportunidades tuvo de conseguirlo), tampoco hubiera bastado. Porque lo habría hecho ante Alemania y no ante Inglaterra. Cualquier detalle, cualquier circunstancia, cualquier dato sin importancia hubiera sido utilizado en contra de Messi. Un jugador que, desde siempre, fue masacrado, ejecutado por todo tipo de periodistas argentinos mientras el resto del mundo se dedicaba a disfrutarlo.

Messi era el chivo expiatorio de las desgracias del país. Podía ser rico pero nunca sería Dios. Podía ser admirado pero nunca sería querido. Nunca en definitiva sería Maradona. Alguien cuya efigie portar en estampistas junto a las de Evita, Perón o la Virgen.

Tengo la impresión no obstante de que esta perversa dinámica comenzó a quebrarse  en el pueblo argentino cuando, tras perder su cuarta final con la selección, (por penales contra Chile en el 2016), un cariacontecido, triste Messi anunció que se retiraba. Que su ansiosa historia con la albiceleste había concluido. Una cosa es ser cruel con el poderoso, con el rico emigrante que vive en Europa y otra ser directamente un sadomasoquista. Pegarte latigazos diarios en tu espalda. Si Messi dejaba la selección, a saber cuándo volvería Argentina a conquistar un título. A las casi tres décadas sin conquistar torneos internacionales podía añadírsele otra más en un santiamén y convertirse en cuatro. ¡Se venía la noche!

Así que, desde su vuelta, percibí que, sin ser totalmente aceptado, se fue más condescendiente con él. El Mundial del 2018 fue la triste repetición de la misma historia. Otro día más en la oficina neurótica. Pero la de la Copa América del 2019 supuso un punto de inflexión. A pesar de ser eliminados en semifinales, a Messi se le veía satisfecho. Peleón. Dispuesto a todo. Cómodo con sus compañeros y el entrenador. De repente, era un líder moral. No sólo futbolístico. Gritaba, mandaba. Y los aficionados, conscientes de que cada vez quedaban menos años de gozarlo, pusieron su granito de arena y alentaron. Siempre, cantaba Morrissey, hay una luz que nunca se apaga. Incluso en medio de la más profunda oscuridad.

La derrota contra Brasil en esta ocasión no fue un hoyo en el que hundirse sino un acicate para crecer. Argentina no había sido derrotada tanto por el juego o la suerte sino por decisiones arbitrales. Había que volver a intentarlo. La rabia y el entusiasmo a veces casan bien.

A estos condicionantes, se unió un hecho trascendental como la muerte de Diego que inundó de lágrimas el país argentino y convirtió automáticamente en huérfanos a la mayoría de sus seguidores. Muchos tomaron conciencia ese mismo día que Maradona era tan sólo un jugador de fútbol. El mejor de su generación y un candidato eterno a estar en el pódium histórico. Pero sólo eso. Un jugador de fútbol. Lo que, en realidad, no aminoró el dolor. Lo agrandó aún más. El vacío era inmenso. Y había que llenarlo de algún modo. Ahora, sí, sólo quedaba Messi. Quien probablemente ha jugado más cómodo que nunca en la selección durante esta Copa América (a tono con lo que ya fue su participación en la anterior) consciente de que ahora no lo iban a comparar con nadie. Lo iban a querer y valorar por ser quién es. Que no es poco.

En este y muchos otros sentidos y aspectos, el triunfo de la selección albiceleste ha sido balsámico y reparador para la Argentina. Su selección alcanzó la Copa América tras 28 años de sequía y además, lo hizo contra Brasil y en el Maracaná. Ni siquiera ganando el Mundial, Messi hubiera alcanzado el estatuto de Maradona en su país. Ahora, después de esto, aunque no lo gane, el vínculo con su patria no se romperá jamás. Parece que al fin la relación entre Argentina y el 10 del F.C.Barcelona es equilibrada. No será Dios. Pero sí su más digno hijo. Hizo milagros, sufrió un calvario, fue crucificado y (tras tentativas de abandonar), cuando ya lo daban por muerto, resucitó. Shalam

العمر ، كما هو الحال مع النبيذ ، يجعل الرجال السيئين حامضي الطيبين.

La edad, tal y como ocurre con los vinos, agria a los malos hombres y endulza a los buenos

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:…..la utilizacion de la publicidad…(que facil es vender el vermu martini, se vende solo!!)……
    2ºimagen:….tocar la cabeza (un acto de amor)……….
    3ºimagen:…..el oferente y el signo encima del portaviones….jajajjj
    PD:….https://www.youtube.com/watch?v=bk6_kQl6EDI….el caballero de olmedo…bola de nieve….

    • Alejandro Hermosilla on

      1) Me llama la atención la flexibilidad muscular y el tono dorado de los aspirantes al trono. 2) Los Chunguitos. 3) Cambio de tercio entre toreros. Ofrenda solar. PD: Hermoso tema de aires hispanos. Los recursos vocales e interpretativos de Bola son inmensos.

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