Voracidad zen

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Una manera que tengo de intentar respirar y equilibrarme en medio del caos social  y político es leer libros sobre deporte. Cuando se encuentran bien escritos es realmente un placer incursionar en ellos. Dejo a continuación una jugosa anécdota que me ha hecho sonreír de uno de los de textos que estoy leyendo actualmente. Me refiero a La etapa decimocuarta de Tim Krabbé.

En su artículo Una victoria enigmática, el periodista neerlandés indica lo siguiente: «Roger de Vlaeminck cuenta una anécdota ciclista clásica: «Una vez, en la Vuelta a Lombardía, nos escondimos tras la trinchera del ferrocarril. Habíamos hecho decir a Merckx que nos habíamos escapado. Y Merckx venga a correr como un  loco, en nuestra búsqueda, mientras que nosotros íbamos detrás del pelotón. Iba tan rápido que casi no pudimos volver al pelotón. Cuando al fin lo conseguimos, nos pusimos a rodar a su lado. «Eh, chico, ¿por qué vas pedaleando como un chiflado? ¿Vas a apagar un incendio?» Merckx era un tipo muy serio, al que no le hizo gracia la broma».

Estaría bien saber la continuación de esta historia porque estoy convencido de que el titán belga pensaría inmediatamente cómo devolverles el chascarrillo y no pararía hasta hacerlo. Hay algo en Merckx que es casi zen. Sus insaciable apetito de victoria era una manera de decir: «ustedes jódanme, critíquenme o hagan lo que les de la gana, yo simplemente gano. Y como gano, duermo en paz y así será hasta el día de mi muerte».

Vislumbro por ello sus victorias como un trampolín de meditación. Un descanso eterno. De no ser por ellas, hubiera tenido que discutir, luchar, hacerse valer, confrontar puntos de vista, adecuar comportamientos. Sin embargo, sus triunfos fueron su mejor escudo contra las habladurías cotidianas. Más que propiciar ríos de tinta, sellaron bocas. Porque además, era un ciclista muy humano, realmente pasional. No era el típico robot. No era un máquina de laboratorio. Era un carácter construido en el campo y la carretera. Un salvaje que, paradójicamente, por ser esclavo de sus deseos, de su afán competitivo, y cumplirlos todos ellos, se ha terminado convirtiendo, con el paso de los años, en el Buda del ciclismo. Su figura es una estatua viva que la mayoría estamos de acuerdo en respetar. Convoca el silencio a su alrededor. Shalam

تعامل مع الناس كما لو كان كل منهم هو النهاية النهائية للوجود

Trata a las personas como si cada una fuese el fin último de la existencia

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

4 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:….cinco pelotas(ciclistas) y un pingüino(el de la moto)……
    2ºimagen:….un ciclista llevando tres bicicletas a cuestas………….
    3ºimagen:…..ese muro e tiene sus piedras almohadilladas(el sueño precolombino)…..

    • 1) Lo cambiaría por un pinguino y cinco motos. 2) Jornalero andaluz. 3) Vale lo precolombino. En este caso, lo inca. Subida al Machu Picchu.

  2. andresrosiquemoreno on

    anexo:…..(….a vueltas con «penny lane»)…los 4 zorros a la caza de la reina…video publicitario de penny lane:
    https://www.youtube.com/watch?v=S-rB0pHI9fU……..(observar bombero en caballo blanco….lennon indicando a su caballo donde podia merendar…. tambien a hacer puñetas los convencionalismos sociales(mesa)…..
    (este video-youtube estaba justo detras del otro penny lane subt-español, por eso esta aqui)……..

    • No había visto nunca el vídeo de Penny Lane. Me gusta mucho realmente. Se nota que por esa época debían estar experimentando con las drogas. Ya están en otra dimensión. Me ha gustado mucho la imagen de los servidores dieciochescos. jajaja

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