Psicopatía pop (1)

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Dejo a continuación el primero de los dos averías que dedicaré a la incisiva, cruel y divertida obra de Miguel Ángel Martín. El cual recomiendo leer escuchando un tema de uno de los músicos favoritos del autor leonés: «Praeludium» de Maurizio Bianchi.

Psicopatía pop (1)

En pocas palabras, Miguel Ángel Martín es un puto genio. Allá por mediados de los 90, su obra podía parecer demasiado nihilista, gore y fría. Una puta locura producto de mezclar la música industrial y el speed, las perversiones sexuales con las mass-mediaticas y la acidez consumista con la frialdad ética. Sin embargo, teniendo en cuenta la deriva de la sociedad occidental en las dos última décadas, a día de hoy los cómics de Martín se pueden leer más bien como productos hiperrealistas. Una crónica periodística sobre las relaciones humanas en el siglo XXI. De hecho, además de un genio, considero al autor leonés un visionario. Ninguna de sus viñetas e historias han pasado de moda o ha quedado relegadas de momento por el paso del tiempo. Al contrario, cada una de sus creaciones parece haber sido publicada hace unos minutos. Pocos segundos atrás.

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A mi entender, la clave de la vigencia de la obra de Miguel Ángel Martín radica en varios aspectos. Para empezar, en su espíritu pop. Las perversiones (incluso las más insoportables y áridas) que muestra en sus viñetas están dibujadas con ánimo pop. Con absoluto desenfado.

En la obra de Martín no existe carga moral. Los hechos son como son y punto. Los huevos cuestan tres euros. Si los pagas te haces una tortilla; si no, pues te quedas a pan y agua. No hay más. Si tienes pasta, follas. Si no, lo más seguro es que quedes mirando o tengas que ser utilizado y cobrar para palpar algún cuerpo.

En fin. Ninguno de todos esos diletantes solitarios que se masturban contemplando snuff movies, haciendo sangrar una parte de su cuerpo, imaginando por cuántos agujeros se puede meter un dildo o utilizando todo tipo de máquinas, son en verdad malas personas. Tampoco, claro, buenas. Simplemente necesitan placer. Tener un orgasmo habitualmente. Y no se plantean nada más.

Los onanistas sexuales de Martín no son veganos ni vegetarianos. Comen de todo. Están dispuestos a hacer cualquier cosa para llenarse el estómago. Y punto.  Lo demás les da igual. Lo que provoca que las escenas sexuales más depravadas y brutales nos sean presentadas con absoluta ligereza e intrascendente sensibilidad pop.

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Ese maravilloso contraste entre la brutalidad de lo que Martín nos presenta y la ligereza con la que es experimentado por los protagonistas de sus cómic es clave para comprender otro de los aspectos importantes de su obra: el distanciamiento.

Los personajes de Martín son tan, aparemente, diferentes a nosotros, nos resultan tan distantes, que finalmente nos provocan curiosidad. Lo que consigue el autor leonés es que contemplemos todo aquello que hacen como si fuéramos voyeurs. Todo el mundo tiene deseos sexuales y realiza reflexiones pero muy pocos del cariz de las que estos caracteres llevan a cabo. Así que es casi una aventura o una investigación estar pendientes de ellos. Queremos saber más.

Finalmente, lo más sorprendente de todo llega cuando nos damos cuenta de que todos esos personajes tan raros en realidad son más parecidos a nosotros de lo que estamos dipuestos a admitir. Son, sí, un reflejo deformado y esquizoide (y a veces real y agrio) pero reflejo al fin y al cabo de nuestra alma. Y eso, repito, no es ni bueno ni malo. Es divertido y aburrido y ya está. De hecho, ahí radica la experiencia de leer un cómic de Martín. En que no es más trascendente que la de tomar un polo de fresa o un cucurucho de nata. Lo saboreas. Te gusta o no y te olvidas.

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Exacto. Sí. Esa es otra clave de la obra de Martín. Que en ella no existe ánimo de trascender. Estos cómics no están pensados para dejar huella o ser leídos décadas después con reverencia. A Martín todo eso le da igual. Sus viñetas lo mismo podrían ser usadas para decorar el fondo de un concierto de noise pop, el váter de un garito vanguardista o para servir como decorado de una obra de teatro sobre una catástrofe natural y el autor leonés podría sentir el mismo placer que si se teletransportase al futuro y alguien le dijera que su obra se ha convertido en un clásico. De hecho, es precisamente por eso que sus cómics son radicalmente contemporáneos y que apasionan. Porque por momentos son más parecidos a riffs de guitarras, a los teclados de un disco aislacionista o a samplers que a los cómics tradicionales. Es por eso que son cortantes, afilados, fríos, duros, sarcásticos. Porque son moldeables. Amorales como una horchata o una botella de Fanta Naranja. Violentos como una película de Tarantino, chirriantes como un tema de The Pixies y tan retraidos como las burbujas de una bebida azucarada.

En realidad, lo peor que puede hacer un autor es aburrir o dejar indiferente. Una regla que Martín toma al pie de la letra. Sus cómics son tan perversos como un libro del Marqués de Sade porque en ellos no hay censura y todo está permitido, pero mucho más ligeros porque la intención del autor al crearlos no es la de escandalizar, luchar contra algo o dejar un mensaje sino, repito, la de divertirse. Así que siempre va al grano. Hay más locura y verdad en una frase de un cómic de Martín que en muchas novelas de más de 300 páginas y que en la inmensa mayoría del cine actual.

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En realidad, lo único que hace Miguel Ángel Martín es quitar velos. Si observáramos muchas de las situaciones cotidianas de una sociedad capitalista con asepsia, fría racionalidad y sin mezclar los sentimientos, nos daríamos cuenta que el trasfondo es similar a lo que aquí queda reflejado desde el primer momento.

Martín saca a luz, lleva a la superficie lo oculto.  Uno de los mayores deseos capitalistas consiste en lograr que las personas se conviertan y se comporten como cosas para que la dinámica del dinero fluya incesantemente. La mayoría de movimientos humanitarios sociales modernos, caso del ecologismo, intentan justificar su existencia asegurando que luchan contra la robotización, maquinización o la progresiva destrucción de los recursos naturales del planeta por la sociedad contemporánea. Pero, en realidad, no son más que una excusa, un lavado de cara, que no cambia ni impide el rumbo maquiavélico del mundo.

En la obra de Martín todos estos componentes están claros. No hay filtros. Los seres humanos son cosas que ansían sexo y placer y que siempre fracasan cuando intentan establecer relaciones humanas sin interés porque la sociedad no está construida de esa manera.

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No sé si se han destacado suficiente las cualidades como dibujante de Martín. Sus dibujos son fríos, precisos y sagaces. Son geniales. En cierto sentido, son minimalistas. Aquí no hay adornos. A Martín le bastan unas cuantas líneas para transmitir todo lo que desea decir. No necesita subrayar nada. Sus máscaras, por ejemplo, transmiten nocturnidad, soledad, frialdad. Están llenas de oscuridad. Pero su trazo es muy simple. Martín dibuja sus máscaras sin acentuar nada. Algunas, como mucho, tienen cuernos. Pero basta una mirada a esas máscaras para comprender de un vistazo todo lo sórdido que late, se esconde y resplandece en nuestro mundo contemporáneo.

En realidad, hay algo turbio, perverso y, repito, divertido en los dibujos de Martín. Características que entiendo que proceden de dibujar los actos más extremos, repulsivos y corrosivos con los mismos colores y actitud que si estuviera realizando un dibujo de Mirinda, de Casera o de ropa interior cara. En realidad, creo que esa es la clave de su forma de dibujar: que es tan fulminante y aséptica como un insecticida. De hecho, Martín describe a veces las peores perversiones con los colores de un anuncio pop sobre detergentes y lo mejor de todo es que parece y le sale natural. La risa y el llanto en su obra vienen a ser lo mismo. Excusas para comprar o vender uno u otro producto. Shalam

التأمل هو الطريق إلى الخلود. قلة التفكير ، الطريق إلى الموت

La reflexión es el camino hacia la inmortalidad; la falta de reflexión, el camino hacia la muerte

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen….conduce desde la 1º guerra mundial al «barrio humedo» de leon…sonrisa
    2ºimagen….detras de mi tengo tres referentes uno la rueda duchamp otro el rayo bowie y un huevo frito….
    3ºimagen….cabeza sin pelo- cabeza circunvoluciones……
    4ºimagen…..mas champan!…….
    5ºimagen….el salvamento se ha producido en el faro de los bloques…..
    6ºimagen…..si le hubiese puesto venda tambien a la copa se aproximaria al guapo-sintetico chema madoz…..
    7ºimagen….en su momento, la baraja podria ser una salida economica…..
    PD….https://www.youtube.com/watch?v=9ZSnV6Ti2ws….aqui «superfood» con su «you can believe»….observamos la multiplicacion como uno de los principios fundamentales del «pop», (en este caso psicopop, jajajj)

    • Alejandro Hermosilla on

      1) La matanza de Texas 9 parte. 2) Ejemplo de dandy epatante. 3) Adivino lo que estás pensando. 4) Una nueva versión de «La naranja mecánica». 5) Un sueño de Brain. Incumplido como todos. 6) Fotografiando enfermedades y traumas. Arte moderno. 7) Tarot de androides. ¿Voy o no a reparar el tornillo que tengo mal? PD: el pop como multiplicación de todo lo que ha sucedido y sucederá. El pop como eterno retorno a la juventud.

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