El árbol

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Más que un filósofo, Ralph Waldo Emerson era un árbol de profundas raíces agarradas a la tierra. Sus reflexiones producen idéntica impresión que las hojas y frutos de un frondoso bosque. Porque Emerson era, ante todo, un pensador norteamericano. Una mente que reflexionaba al compás de una nación que daba sus primeros pasos en medio de un inmenso y estremecedor espacio natural. Así que cada una de las frases que escribió poseen un aroma a madera y pasto inconfundible y parecen planear entre arbustos y riachuelos, campos sembrados y descomunales montañas.

Emerson es una voz profética. Augural. Transmite confianza y optimismo porque recoge las esperanzas de miles de emigrantes que pisaron el continente americano confiando en comenzar una nueva vida y olvidar su pasado traumático. Su voz recoge el deseo de resurrección de la herencia europea. Un renacimiento espontáneo que en el fondo aspiraba a una nueva oportunidad de borrar las culpas y pecados del pasado sin desmerecer los grandes legados e invenciones. El brazo de Emerson señala el comienzo. La posibilidad de alcanzar una nueva identidad aglutinando al mismo tiempo (algo que, por ejemplo, queda muy claro en Historia) todos los hallazgos culturales de las distintas civilizaciones. En América, antes que Borges -vía Platón- lo dijera, Emerson ya había apuntado a la posibilidad de que tras cada hombre se encuentran el resto de los hombres. Tras cada obra de arte, el resto de las obras.

En el fondo, el romanticismo europeo era un movimiento agónico. Su fuerza procedía de su angustia. Del abatimiento. Era una desesperada forma a través de la que el espíritu occidental intentaba rebelarse contra los grilletes racionales, sabiéndose posiblemente perdedor de antemano. Fue un intento casi suicida que convocaba abismos, desfiladeros y demonios y se cerró con drogas, gritos solitarios, rupturas lingüísticas y todo tipo de remolinos y torbellinos artísticos. Principio del decadentismo y del reinado del nihilismo.

Al contrario, Emerson, como el adalid de la nueva civilización americana, era tranquilo y confiado. Su alma se había liberado de siglos de opresión occidental y oteaba con calma el futuro paseando por bosques entre hombres libres que se habían dado a sí mismos una Constitución ejemplar que resistiría el paso del tiempo. Cuando Emerson escribía, ya se sabía que Europa era un continente equivocado. Sin embargo, en Norteamérica todavía no se había producido un gran error. Todo estaba por ocurrir. Y por eso Emerson, consciente de encontrarse en una especie de paraíso o en el Génesis de la historia de su país, escribía como un poeta. Explicaba el mundo con una fuerza y sentido común impropias de esos filósofos que han convertido a los nombres, clasificaciones y los sistemas sus aliados y han dejado de lado el sentido común y la sencillez. La vida cotidiana y la naturaleza.

Los filósofos europeos eran pesimistas porque tenían demasiado pasado detrás suyo. Demasiada experiencia. Demasiadas guerras, amores truncados y traumas. Emerson era optimista porque apenas tenía pasado y únicamente vislumbraba futuro ante sí. La civilización aún no había deformado lo suficiente la tierra como para angustiar al hombre y la naturaleza y los cielos eran contemplados como aliados benignos. Lo que Emerson escribió, lo escribió cuando América era la Tierra Prometida. Una especie de Edén que reflejaba perfectamente el alma de Dios y, por ende, transparentaba, a su vez, la de los seres humanos.

Se ha comparado a Emerson repetidamente con Walt Whitman y no seré yo quien rehuya esta comparación. Sus libros son la miel de la filosofía del mismo modo que los Cantos de Walt son la miel de la poesía. Panales oceánicos en torno a los que se refunda el mundo y se aglutinan todos los personajes históricos y sentimientos habidos y por haber. Tanto en Walt como en Emerson la poesía y la filosofía son indiferenciables. Forman parte de un mismo núcleo como seguramente lo fueron en los orígenes. Cuando las metáforas eran realidades y el asombro y la sorpresa experiencias que pugnaban por convertirse en palabras.

Casi todos los pensamientos de Emerson poseen música. Aunque no escribía en verso, parecía hacerlo. Su filosofía es hedonista y trascendente. Sensorial y racional. Es casi la sublimación del sentido común. Y por eso no encaja bien en las Universidades. Porque escribe para los hombres de todos los tiempos y de cualquier condición -idealmente, los americanos- y no para sus colegas. No busca el prestigio. Busca la verdad. Algo a lo que se llega más fácilmente con un léxico común que con uno especializado.

Emerson, sí, era un demócrata. No un oligarca. Ni un aristócrata. Era un hombre libre. Por eso no he podido evitar acordarme de él durante estas semanas en las que los periódicos, como suele ser costumbre, (¡mala costumbre!), se han llenado de declaraciones de personas adscritas a determinadas ideologías, partidos políticos, equipos futbolísticos o núcleos sociales cerrados.

Creo que no habría nada más ajeno a esa experiencia para Emerson. Leerlo de hecho nos recuerda que todo hombre libre que se precie de serlo, ha de estar solo. Y no vivir su soledad como un castigo sino como un don. Con confianza y agradecimiento. Pues sólo así alcanza su destino. Se encuentra en contacto directo con su ser. De hecho, en gran medida, las grandes comunidades son las que se encuentran formadas por hombres libres y auténticos. No por obedientes y sumisos. Plenos y dignos cada uno en la medida de sus posibilidades. Shalam

أحيانًا يكون الصراخ أفضل من الأطروحة

A veces un grito es mejor que una tesis

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:…..recuerdo los retratos que hizo fº de goya……….
    2ºimagen:…..fisionomia-battiato…..https://www.youtube.com/watch?v=7_k3EdEdzXA…….
    3ºimagen:…..esta imagen es el inicio de una escultura (en medio del puente hay un rollo de cable de telegrafos)
    ……..la escultura tiene en cuenta los tablones, listones, sus sombras (como la amenazadora sombra de «tomine»……jajaj…..y el sendero tambien……….extraordinaria para arte povera………….
    4ºimagen:……soy preciso, bajo la mano y mando…..
    PD:….https://www.youtube.com/watch?v=khqgn1uiUfU…facundo cabral…no soy de aqui, ni soy de alla….
    quiza le hubiera gustado al religioso waldo emerson….sonrisa…..

  2. Alejandro Hermosilla on

    1) Portada de un documental sobre litografías. 2) Mirada deseosa de ser estampada en el Grand Canyon. Deseo de formar parte de los padres fundadores. 3) Imagino a Henry D. Thoreau apareciendo por allí con ganas de visitar a Emerson y a David Lynch haciendo un corto muy extravagante de ese momento.
    4) Este es el profesor que me ha tocado este año. Parece riguroso pero amable. PD: una vez vi a Facundo Cabral en México en directo. Recuerdo también visitar Guatemala días antes de su asesinato. Hay una entrevista en A Fondo muy buena a Cabral.

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