Tanto por ciento

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Hace ya demasiado tiempo que nuestra sociedad es un reflejo de una viñeta de El Roto y de un cómic de Miguel Brieva. Hace demasiado tiempo que muchos de sus miembros nos comportamos según los preceptos dictados por Lord Palmerston para la política exterior de Inglaterra: no tenemos amigos sino intereses. Todos nos hemos convertido en abogados. Evaluamos la situación según nuestra conveniencia. A Cristo lo hemos rematado por los errores de la iglesia creyendo que el nihilismo nos alumbraría con una nueva fe y no más que ha generado dinero, sexo y muerte. Orgullo ateo y una dictadura de la ciencia y la estadística que paradójicamente ha acabado degenerando en un abuso indiscriminado de la opinión. Una santificación de la diversidad que nos ha convertido a todos en iguales al tiempo que se producía una pontificación de la igualdad que no respetaba la diferencias y estigmatizaba la abstención o la disidencia.


Las sociedades del bienestar se han sostenido por el interés de la mayoría. En ningún caso, por el bien común o una idea altruista. Y su forma de actuar se ha basado atendiendo a las ideologías y no al mundo real. Por eso mutaron en espectaculares. Una secuela de un capítulo de uno de los oráculos del mundo moderno: Los Simpson. Por eso pusieron el foco en el morbo y lo superfluo y omitieron lo trascendental. Por el interés. Por eso nos dieron soma. Televisión, drogas, rock, Netflix. Por el dinero. Por los negocios. No por otro motivo. Y es también por esa razón por la que entiendo que cuando salgamos de nuevo a las calles, seremos más egoístas. Aún más malévolos y retorcidos. Todavía más desconfiados. Probablemente también más crédulos. Más domesticables y serviles. Menos rebeldes. Por el miedo a que nuestros intereses sean exterminados, cortados. Por temor a lo desconocido. Porque si bien creo que gran parte de los ciudadanos tenemos muy claro que nuestra sociedad es desde hace tiempo una maquiavélica mezcla de 1984 y Un mundo feliz, prácticamente nadie ha podido vislumbrar o se ha propuesto definir qué es lo ocurrirá cuando caiga el mundo gobernado por las ideas de Orwell y Houxley. ¿Qué habrá después de eso? Y ante esa incertidumbre, lo más lógico es que la mayoría nos pleguemos al Gran Hermano. Volvamos a complacernos en la obediencia absoluta al régimen partidista. Prosigamos profundizando en la progresiva transvaloración de los valores cristianos que propone el capitalismo a mayor gracia de la inexistente democracia. Del interés soberano. De la seguridad y la salud de las élites y las masas consumistas. Shalam

الاستجابة الودية تهدئ الغضب

La respuesta amable calma el enojo

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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