Golpes

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En ocasiones me entretengo observando cómo los tenistas golpean la bola con sus raquetas. Más que nada, porque me indica mucho de su personalidad y me hace divertirme con mis reflexiones mientras contemplo algunos de sus míticos partidos. 

John McEnroe, por ejemplo, trataba muy bien la bola. La golpeaba con fuerza y delicadeza. Como si tuviera una especie de varita mágica en las manos. Tengo la impresión de que dominaba tanto la técnica y colocaba con tanta precisión sus golpes que en ocasiones él mismo sentía que hacía magia. Normalmente, leía lo que iba a hacer el contrario con un segundo de antelación superior a lo habitual. Así que podía preparar un truco u otro antes de tomar una determinación.

Nada más ajeno que la taumaturgia para Andy Roddick. Quien golpeaba la pelota como si fuera un beisbolista. Sin ninguna delicadeza. Con la contundencia y rapidez de quien desea acabar el trámite cuanto antes para comerse una hamburguesa en familia o ir a una discoteca. A veces de hecho parecía que en vez de una raqueta tenía un bate. A mí al menos no me hubiera extrañado verlo protagonizando una nueva versión de Porky’s bebiendo de un trago unas cuantas cervezas mientras soltaba raquetazos a diestro y siniestro para hacer llegar alguna pelota a los vestuarios de las chicas. Encajaba más ahí, por ejemplo, que en las elegantes pistas de Roland Garros y Wimbledon. 

Por contra, Björn Borg jugaba como si estuviera dando golpes contra el frontón ante el que entrenaba de niño durante horas. Cuando golpeaba la bola lo hacía con respeto. Como si estuviera realizando un ritual y la pelota fuera un pequeño talismán sagrado que abriera las compuertas del más allá. Le permitiera acceder a otra dimensión del cosmos. Sus triunfos eran por ello más ofrendas a los dioses que prueba de su maestría tenística.

De hecho, Borg parecía no tener demasiado en cuenta a los rivales. Los sentía allá al fondo pero no los veía. Le servían para meditar, para reflexionar sobre la existencia. Cuando los vencía, se vencía a sí mismo.  Así que cada uno de sus golpes se encontraba ejecutado de forma tan poética como eficiente. Pensando que debía colocar la bola justo donde él, en caso de encontrarse situado al otro lado de la pista, no pudiera ni tan siquiera imaginarse devolviéndola. Shalam

الحكمة هي الخير الوحيد الذي لا يستطيع اللصوص أخذه

La sabiduría es el único bien que no se pueden llevar los ladrones

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen…. triunfo!…..
    2ºimagen…los brazos y la raqueta forman el rombo de las estaciones de metro…sonrisa…(y la pelota chamberi)…
    3ºimagen…..si te soplo pasas al otro lao……..
    4ºimagen…..el juez de fondo es roy orbison……
    PD…..https://www.youtube.com/watch?v=D6Aw3ZnqQrY….roy orbison…only the lonely…….
    (dum-dumb-dummy doo-wah)……(ooh yay, yay, yay, yeah)……vaya bandon que se gasta el coleguismo…..jajajj

    • Alejandro Hermosilla on

      1) Rezo a dios nórdico. 2) Dibujo perfecto para un libro de ilustraciones 3) La figura humana se cambia por un gigantesco tiburón 4) Canción de guerra. Himno sueco. Roy Orbison entona una estrofa. PD: Tema y look inmortal.

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