Gregario

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Dejo a continuación un nuevo avería dedicado en esta ocasión a Gregario; la magnífica autobiografía de Charly Wegelius. El cual recomiendo leer escuchando la mítica sintonía compuesta por el vocalista y guitarrista de The Buzzcocks, Pete Shelley, con que la comenzaban y finalizaban las retransmisiones del Tour de Francia llevadas a cabo por Channel 4 en los años 80. Una de esas melodías que para algunos cumple idéntico papel que la magdalena de Proust en la mítica novela del escritor francés.

Gregario

Desde el día en que se publicó, Gregario se ha convertido en un clásico de la literatura deportiva por derecho propio. Con toda razón.

La mayoría de aficionados al ciclismo conocemos hasta la última anécdota de la carrera deportiva de los grandes campeones: Lemond, Delgado, Hinault, Induráin. Posiblemente porque somos hijos de la cultura griega y romana. Así que vivimos deslumbrados por el oropel de los héroes; la trayectoria de hombres que vislumbramos como colosos. Y nos olvidamos por lo general de quienes, a pesar de realizar un esfuerzo descomunal, nunca alcanzaron la gloria de las victorias. No se subieron al pódium ni alzaron los brazos frente a una multitud enardecida. Lo que no significa que no tuvieran un indiscutible mérito o no merecieran nuestros aplausos. Algo que deja muy claro la biografía, Gregario, de Charly Wegelius.

Un libro que es todo menos autocomplaciente. Es de hecho un dardo contra la actual tendencia al victimismo. Y eso que el ciclista británico tenía múltiples razones para intentar que el lector empatizara con sus constantes sufrimientos. Pero afortunadamente, Charly demuestra ser de otra pasta. Tener oficio. Capacidad de aguante. Haber sido en definitiva un buen gregario. El hombre del café y el bidón cuya camisa reluce más por las manchas y el sudor que por las medallas. Algo que, sin dudas, le permite narrar su trayectoria como ciclista sin épica ni alardes de ningún tipo. Como el que sirve una copa al cliente bien puesta sin adornarse ni abrumarle con las quejas ni esperar propina alguna. Como el gris obrero que arregla un electrodoméstico averiado con el traje de faena bien puesto sin levantar apenas la voz ni mostrar su rostro o aquel que sabe que lo que ha vivido es lo suficientemente interesante (sin ser por ello trascendente) como para adornarlo de más.

El libro de Wegelius se encuentra lleno de momentos memorables que, en este caso, no se corresponden con victorias de etapa, interminables derrapadas o fastuosas escaladas sino con los cotidianos y, por lo general, dificultosos. Por ejemplo, la indiferente acogida de sus compañeros de equipo cuando llegó de Inglaterra a Francia deseando hacerse un nombre en el ciclismo amateur para así lograr el ansiado contrato profesional, un accidente automovilístico que casi lo obliga a retirarse prematuramente o su deambular desnortado por alguna que otra Vuelta a España.

Así que resulta lógico que el relato de sus aventuras termine con una derrota. Otra más. La normalidad en su caso. El recuerdo de una escapada durante una etapa en la que se veía por una vez ganador hasta que, faltando poco para la llegada, fue sobrepasado sin piedad por sus perseguidores.

Wegelius deja claro que un gregario es un hombre obligado a no tener ego. El día que sus jefes decidieron subirle el sueldo y prorrogarle el contrato no fue por haber conquistado algún maillot de colores o haber ascendido muchos puestos en la general sino por haberse descolgado del grupo de cabeza para ayudar a su líder. Haber protagonizado inmensos esfuerzos para conducir a su jefe de filas al pie de la montaña o al momento decisivo de una carrera.

Por si fuera poco, su rostro ocupó una única vez las primeras planas de los diarios de su país. Y no fue por protagonizar una hazaña sino por una traición: haber aceptado, junto a su compañero Tom Southam, tirar del pelotón durante un Mundial para favorecer los intereses de la selección italiana por tan sólo 2500 euros.  ¡Sí, los contratos de los gregarios apenas daban a veces más que para lo justo!

Cualquier aficionado al ciclismo debería tener el libro de Charly en su comodín como cualquier padre que quisiera que sus hijos conocieran la realidad de este deporte. Porque la mayoría se sueñan levantando las manos al final de una etapa o incluso enriqueciéndose (cuando, en realidad, Wegelius tan sólo disfrutó de pequeños lujos como es el caso de las instalaciones del equipo Mapei y apenas pudo comprarse una casa con sus ahorros), pero lo más probable es que, con suerte, tras innumerables esfuerzos, se den con un canto en los dientes si consiguen terminar una gran Vuelta sea en el puesto que sea.

Gregario es un libro que dignifica el ciclismo. Una sudorosa obra en la que no se lamentan casi las derrotas porque se dan ya por hechas. En esa verdad se encuentra la poesía de un libro en el que Charly nunca cesa de correr. Muchas veces por obstinación, otras por supervivencia y casi siempre por un salario o porque no sabe hacer otra cosa. No puede echar a perder los esfuerzos de toda una vida. Regresar a su país con una mano delante y otra detrás.

Su texto es parecido al que podría escribir un empleado de una tienda de ropa o un camionero. Arranca de cuajo el glamour al ciclismo sin necesidad de poner el foco en el doping ni magnificar sus bajezas y abre la veda para que muchos otros deportistas de nivel medio relaten sus vidas: ¿No es posiblemente más interesante lo que pueda indicar del fútbol un centrocampista del Getafe o el Rayo Vallecano que del Real Madrid o el F.C. Barcelona? O al menos, ¿no es más crudo, verdadero y real; más cercano a la vida del ciudadano común; ese que va en el metro con un café en vaso de plástico en las manos entre un mar de brazos, trozos de pizzas, rostros depresivos y periódicos abiertos? Shalam

يقال: يكفر الشر في تلك الدنيا. لكن الغباء يكفر في هذا

La maldad se expía en el otro mundo; pero la estupidez se expía en este

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

4 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen…..un labriego de los años 50……………
    2ºimagen……mentalizacion….(su boca muestra lo voy a conseguir)…………
    3ºimagen……me siento fuerte……………..
    4ºimagen…..santiago y cierra españa……(cruz)…sonrisa….
    5ºimagen……voy destrozado……..
    PD…..https://www.youtube.com/watch?v=ejJvlA-8nXY…..antes de las conexiones deportivas europeas……….

    • Alejandro Hermosilla on

      1) Fotografía de Richard Avedon. 2) Todo lo que hay en juego. 3) Un joven homenajea la película Tamaño natural al fondo. 4) Aquí la cruz del fondo expresa el sentido de expiacion del setido ciclista. 5) ¿Quién me metería a mí en este embrollo? PD: Vaya. Había olvidado esta sintonía inolvidable para bien y para mal.

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