Indócil

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Dejo a continuación un nuevo avería dedicado al último álbum, Indócil, de Daniel Deseus, el cual recomiendo leer escuchando uno de sus temas: «Gracias: ha llegado el momento».

Indócil

Indócil es un disco parecido a una cartulina. A un viejo periódico. Es un sensible acto de terrorismo musical. Una rugosa caricia. Es una de esas obras que necesitan ser escuchadas diariamente, tomando un café, camino al trabajo, en medio de cualquier sitio, para comprenderlas. Sintonizar con ellas. Su digestión, obviamente, no es instantánea. Es lenta. Porque su autor parece tener como objetivo explorar su mundo interior y no tanto realizar temas pegadizos. En este sentido, Indócil es más un tratado filosófico y emocional que una clásica colección de composiciones. No es un disco en el que pesen tanto las melodías como las sensaciones. Las ideas. Indócil es un abrigo en medio de una piscina. Un grito primitivo en una discoteca. Una obra que sabe a aforismo situacionista y a locura. A magia y a canto de insecto. A grillo y a viejo videoclip pop. A tarde de martes y miércoles en la que no sabemos bien qué hacer y lo mismo abrimos un libro que nos da por pasear por la calle o pinchar un maxi de Baltimora o Rigueira.

Lo que más me gusta de Indócil es que parece más un álbum de  jazz que de pop. Las composiciones se hilvanan en total libertad a medida que las escuchamos. Aunque se percibe que están muy trabajadas y pensadas, me creería perfectamente que alguien me dijera que fueron grabadas en vivo y en directo, como fruto de una catártica improvisación. De una loca noche en la que Deseus se transformó en hombre lobo.

Indócil es una obra anárquica. A contracorriente. Es aquello en lo que el mundo del pop podría haberse convertido de no plegarse de rodillas a la comercialidad. A las ventas. Al cloroformo de la sofisticación y la etiqueta. Probablemente, en un mundo completamente libre, escucharíamos canciones como éstas de tanto en tanto en las emisoras de radio y nos sentiríamos menos solos. Puesto que uno de los méritos de Daniel Deseus es rehuir de la pose de rockstar. Daniel es más un visionario. Un tipo como cualquier otro al que la música le permita escuchar cosas que las personas normales no percibimos, vislumbrar caminos llenos de barro y objetos usados por los que no duda en caminar. Su disco es parecido a la chatarra. Posee esa autenticidad que caracteriza a las cosas inútiles. Todo lo que se encuentra fuera de foco.

Otro aspecto que me gusta del disco de Daniel Deseus es que apenas puedo encontrarle referentes. Hay tropicalismo, hay primitivismo, hay ruido, hay posmodernismo, hay brutalismo, hay sintetizadores, pero en el fondo da igual porque su disco es prácticamente un monólogo. Una conversación consigo mismo que lleva a cabo con la ayuda de otro músico, Damián Olmo, (que no sé si existe o es un heterónimo suyo) y varios instrumentos que son utilizados para crear atmósferas tensas, como los colores de un lienzo expresionista o el material de una obra de arte povera. Así que cualquier etiqueta que le ponga al disco me parece que no le hace justicia.

Daniel Deseus suena a Daniel Deseus precisamente porque bebe de todo y de todos. Porque es capaz de convertir un bostezo en un riff de guitarra y una tarde sin fuste en parte de una incisiva reflexión sobre la muerte. Diré, eso sí, cuáles son mis dos temas favoritos del disco: «La verdad es cruel» y «El MÁS ALLÁ». El primero es un grito de furia, un rugido contra el mundo acomodado y el segundo es una fluctuante ola lírica que comienza como un épico y psicodélico medio tiempo sobre el mundo cotidiano hasta que, inesperadamente, comienza a vibrar como una peonza sumergiéndose en las aguas del techno-pop. Una puta locura que debería estar sonando en todos los afters de España.

El título del disco de Daniel Deseus no engaña. Indócil es un disco rebelde. Difícil de clasificar. Es un tratado contra la sumisión. Una de esas obras que si las pinchamos mucho, terminan por destrozar nuestro tocadiscos. Es ropa sin planchar y usada. Una barba de varios días sin arreglar. Un cigarrillo a medio consumir tirado en la calle. Uno de esos discos, sí, parecidos a libros que transforman las melodías en reflexiones y los instrumentos en incisivos capítulos con los que describir la vida cotidiana. Shalam

يصنع الرجال. الجبال صنعت بالفعل

Los hombres se hacen; las montañas están hechas ya

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen….. cuerda de la comba haciendo una serpiente…………..
    2ºimagen….pero este daniel deseus por que se muestra como en los carnet de identidad…………
    3ºimagen…..chunguez total es mi respuesta…….
    4ºimagen…..hostias me da el sol en la cara …….
    5ºimagen….dentro de la caja esta el bocadillo que me voy a cenar tio fuensanto……jajajjj
    PD…..https://www.youtube.com/watch?v=lzSdRO_3_lc….jd mcpherson live 6-6-2022-teatro clarkston….

    • Alejandro Hermosilla on

      1) Videoclip de Rigueira: «No tengo dinero». 2) Portada de disco de gasolinera. Eso me gusta. También de disco pirata vendido en mercadillo mexicano. 3) Remembranzas de los videos de dibujos de finales de los 70 y primeros de los 80. Entradilla de aquel programa presentado por Diego Manrique. 4) Sello de Metro. Artista ambulante lo reparte y pide que compren su disco envuelto en una caja que luego resulta ser un pequeño lienzo. 5) La llegada. PD: banda bien engrasada. me gustan los coros. Suena como el Bowie del 2004 o por ahí. rockero y seco.

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