La voz de la montaña

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Dejo a continuación un nuevo avería dedicado en esta ocasión a Pascual Piñera; el artista de Cieza. El cual recomiendo leer escuchando «La leyenda del tiempo». 

La voz de la montaña

Pascual Piñera fue un artista autodidacta.  Algo que se nota (para bien) en cada una de sus creaciones. En la mayoría de los artistas educados en universidades existe una conciencia muy clara de lo que desean hacer. Una vez que la técnica se encuentra completamente dominada, se produce una lucha entre el intelecto y su instinto que generalmente vence el primero. Y eso convierte sus obras en una mera plasmación de ideas y conceptos abstractos. Un carrousel gráfico muy elaborado y compacto que carece en ocasiones de vida. Porque, por lo general, tanto la rabia o el furor como la alegría que sentían al comenzar la obra, fue perdiendo pureza a medida que la desarrollaban con los moldes técnicos precisos y la elaboración mental adecuada para encajar tanto en el mercado como en la sociedad.

Sin embargo, en un artista autodidacta como en el caso de Piñera, el salto entre intención y acto es mucho más reducido. Y esto hacía que sus obras fueran más desnudas y brutales. Más instintivas  y canallas. Más, por lo general, frontales. 

Pascual, por ejemplo, no sólo se peleaba con el mundo para transmitir una idea sino también con los medios -pinceles, cámaras fotográficas, yeso, recortes de periódico- de los que disponía (a veces en cuentagotas) para desarrollarlas. Lo que convertía cada una de las horas dedicadas a trabajar en sus obras en un combate. 

De hecho, esa es la impresión que tengo al ver muchos de sus lienzos y fotografías reunidos. Que son el resultado de una guerra contra el cosmos y las circunstancias pero, sobre todo, de una fuerte contienda de Pascual Piñera consigo mismo. Que cada una es el resultado de un sacrificio real. De un esfuerzo realizado contra las circunstancias parecido al de un campesino que labra la tierra.

Cuando contemplamos la obra de un artista académico, vemos por lo general lo que ese artista quiere que veamos. Pero cuando contemplamos una obra de Pascual Piñera, vemos lo que él realmente veía. Porque en sus creaciones apenas existen filtros. Los menos posibles. Probablemente porque además de autodidacta, era un hombre humilde y apegado a la tierra. Y por eso imagino sus manos repletas de llagas y cicatrices mezcladas con polvo con las que era posible rememorar los muchos y variados trabajos (pastor, albañil, vendimiador, etc) que tuvo que realizar desde niño para sobrevivir. Literalmente, para poder comer.

Una circunstancia que hacía que supiera el verdadero valor de las cosas. Algo que queda claro en sus creaciones. Donde nada es superfluo. Todo es visceral y esencial. Casi animal. Como lo son las rocas que hay en las montañas o la hierba fresca en los prados. 

Pascual Piñera no era un pintor moderno. No era un hombre de ciudad sino de pueblo. De calle. Un viajero. Un eremita. Un bohemio. Y por eso vivía con la vista puesta en la eternidad. En el fracaso. Intentaba traspasar el tiempo. Motivo por el que no pintaba como los mayas. Era en cierto sentido un maya. Y, aun en sus obras de aprendizaje, siempre aparece un destello de verdad. Pureza. Franqueza. Autenticidad. Porque lo que no alcanzaba  con su técnica, lo suplía con el corazón. Con el convencimiento, la testarudez, las ganas.  Una violencia pura que convertía el proceso de creacion de cada una de sus obras en un romance con el destino. Con el cosmos. En un tablao flamenco. 

Estoy seguro de que, más allá de gustos, todos los que han visto sus obras, son conscientes de la verdad que hay en ellas. Han sentido el sufrimiento que hay detrás. Un enorme esfuerzo que desemboca en vida y fuerza.

Entiendo que eso es un detalle importante de la obra de Piñera. Que sus obras siempre nos confrontan con la vida. Recuerdan a bocas de volcanes, a bravas olas de mar y agrestes árboles con sus ramas caídas. Eran reflejo de un espíritu que vivía instalado en el caos. Se sentía más cómodo en un bar, la calle o peleando en el estudio que en un buen restaurante. Abominaba la falsedad y la hipocresía y concebía la poesía como alimento espiritual más que como un arte literario. 

Creo que fue en Francia cuando nació su vocación de artista. Cuando trabajaba como portero en una fábrica. Supongo que el dato no es exacto. Pero no importa. Porque podía haber surgido mismamente recorriendo la Sierra de la Atalaya. Tras ver morir a un becerro o escuchar a un borracho recitar versos sin sentido por las calles de Cieza o un pueblo perdido de la España franquista.  Puesto que, en cierto sentido, era un hombre destinado al arte. Destinado a encontrarse pintando. Respondiendo a las preguntas de su existencia con un libro en las manos o un pincel. Una manera de comunicarse con el primer y el último hombre. Con las cuevas de las que procedemos. 

Pascual Piñera vivió la mayor parte de su vida durante el siglo XX pero, en realidad, era un hombre primitivo. Instintivo. Por eso al final de sus día, casi ciego, continuaba pintando. Intentando dibujar el color de las bestias celestes e infernales. Hacer temblar el mundo con una pincelada parecida al quejido de una guitarra. Las fotografías que junto a su hermano realizó en sus últimos años son la prueba más fehaciente de la fuerza de su mirada ácrata y anárquica.  

Tengo la impresión de que Pascual era un hombre de esos que acudían a la boda de un amigo a partirse la única camisa que tenían. Pero que, a su vez, era discreto en sus excesos y locuras. La ropa hecha trizas sólo la veían sus familiares.

Sus obras, por ejemplo, no son agresivas ni complacientes. Son fuerza pura. Caballos en libertad. Limones. Zapatos sin suela. Castañas rotas. Aceitunas. Son la prueba de que las dificultades de la vida y la pobreza cuando son asumidas con bondad y aceptadas como un reto, pueden germinar, aunque sólo sea durante un instante, sólo un instante, en grandeza. Shalam

البراكين تقذف الحجارة والثورات الرجال

Los volcanes arrojan piedras y las revoluciones hombres

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen….avatar john malkovich…….jajajjjj
    2ºimagen….»sin perdon»..1992..clint eastwood..(al comienzo elige esa horizontal sin electricidad)…..
    3ºimagen…..los colores primarios(teoria general del color)…..
    4ºimagen……hombre muy primitivo…tribal….
    5ºimagen…..la manta de la abuela etnica….sin mensaje claro….
    6ºimagen…..bautismo del hombre rupestre «piñera» en el rio segura a su paso por cieza…….
    7ºimagen…..la manta de la abuela de la movida madrileña(horror en el supermercado)…….
    8ºimagen…..aay! que flecha mas grande me han tirao……..
    9ºimagen…..ojos del «senecio»..1922… de paul klee…
    PD……https://www.youtube.com/watch?v=-d0tvZAwDeo…»en busca del fuego»…la risa….jean jacques annaud..1981….

    • Alejandro Hermosilla on

      1) Kurtz. Apocalypse. 2) Al fono se podrían ver dos ñues. Cuadro jurásico. Park.·3) Lienzo casero. Colocado en una masía. 4) Los mayas. Portada de libro documental. 5) Tapiz yucateco. Falda usada por Manu Chao. 6) Homenaje al Cristo y a Bautista. Recuperación natural de mitos y personajes bíblicos. 7) Hielo maya 8) Titán caído 9) King-Kong PD: Referencia adecuada. La continuación de 2001. la odisea…ja

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