A través de la noche

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Casi todos en España hemos descubierto a Stig Sæterbakken por su novela A través de la noche. Y en concreto, por la reseña que le dedicara Alberto Olmos en El Confidencial. ¿Será entonces que todavía existen ciertos críticos con poder de influenciar conductas y convertir ciertos libros en pequeños éxitos? No tengo dudas de que Olmos es de ellos. Sus reseñas suelen ser un disparate a la mayor gloria de su ego. Diatribas cuyo mayor protagonista suele ser él mismo que a veces acaban en lo intrascendente y otras, en la genialidad más absoluta. Olmos no suele ser sincero. Destaca más por su ingenio que por su franqueza. Pero existía en su acercamiento a la última novela de Sæterbakken un calor y una hondura, cierta pasión casi de fan, que hacía muy apetecible su lectura. Algo que muchos hemos de agradecerle porque la obra del escritor noruego es muy potente. A través de la noche es un libro maduro y masculino. Una mezcla entre Bergman y Tarkovsky. La literatura burguesa y la existencialista. Un texto que, correctamente guionizado, estoy seguro de que Lars Von Trier disfrutaría adaptando al cine y creo que se goza por igual leyéndolo acompañado de un disco minimalista o de una de esas viejas épicas grabaciones de Deep Purple.

Sæterbakken narra la deriva vital de un dentista, Karl Meyer, que ha perdido a su hijo Ole-Jakob debido a un accidente pero mucho antes se había perdido a sí mismo. Vivía divorciado no sólo de su pareja sino de sí mismo. El narrador se convierte muy pronto en alguien familiar. Un vecino. Un amigo incapaz de comprender qué le ocurre que, tras el golpe fatal, decide dar el último giro a su vida. Viaja hacia Alemania y Eslovaquia en busca de una casa espectral, fantasmagórica en donde cada persona se enfrenta a sus mayores miedos. Algunos, tras una estancia en ella, se suicidaron, otros perdieron la razón, muy pocos se iluminaron y la mayoría fueron incapaces de describir lo que allí vivieron. Cuánto tiempo estuvieron.

Tal vez A través de la noche fuera para Sæterbakken lo que la casa de los miedos para los personajes de su libro. Porque después de escribir la novela, se suicidó. En realidad, el dentista que la protagoniza, llega un momento que no soporta la realidad. Busca el límite, la otra frontera. Desea cruzar el “umbral”. Y eso fue lo que el artista noruego hizo en cuanto acabó un texto que deslumbra por su perfección. Por lo contenido y bien trazado que está. Ya que tiene las dosis justas de drama, miedo y oscurantismo. No hay capítulo que no se disfrute y desde el momento en que conoce al enigmático hombre que lo pone en contacto con la “casa”, crece y crece y se agranda como uno de esos nutridos, helados y lluviosos bosques nórdicos. A través de la noche es, en cierto sentido, una soberbia revelación. Un chute de frío y denso nihilismo narrado con levedad. Una confesión que es, en gran medida, una expiación. Un camino de no retorno. El último aullido de un lobo. Shalam

اِبْنُ آدَمَ يُرْبَطُ مِنْ لِسَانِهِ وَالثَّوْرَ مِنْ قُرُونِهِ

La verdad mal intencionada es peor que la mentira

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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