Animal invisible

0

El primer animal de lo invisible es un libro total. Tanto que creo que es poesía porque no hay otro modo de canalizar lo que allí se expresa que mediante el verso. Pero, realmente, es un texto que trasciende a la par que da lustre al género poético. No sé bien por qué pero, al terminar de leer el aplastante poemario de Eugenio Sánchez Salinas, el primer nombre que me venía a la mente era el de Lezama Lima. No obviamente por el estilo sino más bien -repito- por su afán de totalidad. Porque El primer animal es un libro total y metafísico. Porque es un libro que no dialoga con el silencio ni lo impone sino que lo escucha. Lo comprende. Y sólo entonces, le habla de tú a tú. De manera franca e ignorando, en cierto modo, al lector.

Uno de los puntos fuertes de la escritura de Sánchez Salinas es que vive por sí misma. No importa las experiencias que narra o a las que hace referencia ni a quien dice dirigirse porque es capaz de crear su propio tiempo y flotar en el espacio. O al menos imbuirse del aire sólido de los cielos. Por eso, El primer animal es, ante todo, un enorme monólogo. Un libro que nos habla de la soledad absoluta sin necesidad de mencionarla porque su hacedor, sabedor de que es imposible comunicarse con los seres humanos sin crear un sinfín de equívocos, ni lo intenta y se dirige directamente al Universo. A una naturaleza que no es tanto solidaria compañera sino aplastante realidad que se impone a una voz que, por momentos, compone versos parecidos a rasguños desesperados que se van clavando lenta y precisamente en el corazón de los lectores precisamente porque no buscan ni desean su aprobación. Sólo ansían ser. Y son, -insisto-, sí, son LA SOLEDAD TOTAL. Plasman la aplastante indiferencia del cosmos hacia los seres humanos.

Uno de los mejores aspectos de esta novela poética es que la voz de Eugenio Sánchez Salinas se escucha nítida en todo momento. Su volcánica y sesgada narración se encuentra llena de claras referencias a la tradición lírica. Trae, por ejemplo, de vuelta y actualiza el estilo poético de Walt Whitman; en ocasiones, nos hace rememorar al heterónimo pastoril de Pessoa; y se encuentra plagada de cruces de palabras que huelen a Neruda y surrealismo. Pero lo realmente importante es que estas referencias, a pesar de que son importantes y, en bastantes casos, se encuentran bien explícitas en el transcurso y superficie del libro, finalmente quedan mudas. No importan. Son sobreseídas por una voz que las utiliza para decirse y comprenderse pero, finalmente, lo que dice, lo dice con desnudez. En cascadas de palabras que invocan el silencio al chocar con el mundo exterior. Con la naturaleza y la tierra; los árboles y los pájaros.

He leído algunos poemas de El primer animal hasta en tres ocasiones y nunca he creído leer lo mismo. Creo que porque, a pesar de su extensión y amplitud de miras, la voz poética habla a susurros. Con cierta timidez que esquiva e intenta evitar toda interpretación. Porque, en el fondo, lo que desea es darse. Entregarse. Algo no demasiado común en el mundo poético donde el lenguaje se utiliza o bien para epatar o bien para esconderse. Por lo que creo que, en realidad, el libro de Sánchez Salinas es una exploración del absoluto. Un libro que se postra ante el mundo y acepta ser ungido por sus frutos. Y los dones que recibe no son tanto porque los busque sino debido a que es capaz de mostrar frontalmente sus miedos y vértigos. Por la valentía con la que su hacedor reconoce temer la muerte y desconocerlo todo de la vida. Shalam

الْحَجَرُ مَجَّانٌ وَالْعُصْفُورُ مَجَّانٌ

Las piedras son tan gratuitas como los pájaros

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

Deja un deseo