Hermanitos

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¡Es hermosa la historia de “Hansel y Gretel”! Basta con rememorar los nombres de los dos hermanitos perdidos en el bosque, para que la mente se sugestione. Brille con entusiasmo. Aunque me pregunto cómo sería si fuera escrita hoy en día. Algo que, independientemente de las posibilidades que se puedan imaginar o las nuevas versiones cinematográficas que se han hecho de la historia, no me es demasiado difícil pensar. Tan sólo es necesario con mirar alrededor para extraer conclusiones de cómo sería una verosímil adaptación de sus correrías, a nuestra frágil época de vidrio.

 

Unos Hansel y Gretel modernos no estarían especialmente interesados en huir de la casa de la bruja. Ni tampoco demasiado preocupados por la posibilidad de morir allí. En realidad, se sentirían contentos de poder alimentarse a su gusto en una prisión que convertirían en refugio familiar. Disfrutarían del momento o al menos, su momento, sin contemplar un futuro o mirar en exceso atrás. Y, de hecho, no creo que regresar al pasado, la casa paterna, entrara en sus planes. Alimentándose tranquilamente en las jaulas y sabiéndose a resguardo del frío y el calor, por supuesto que sacrificarían una (supuesta) seguridad por su libertad. La memoria y fidelidad a tierra de la que partieron, en beneficio del confort. Y en caso de morir, puede que lo hicieran con una sonrisa bobalicona. Sin transmitir sentimiento trágico alguno. Con la misma frialdad con la que habrían terminado por acostumbrarse a desayunar de las manos de la bruja. Felices acaso de haber fallecido sin heridas, tras una batalla encarnizada con las fieras del bosque o en medio de una guerra.

No creo que sea muy difícil realizar una analogía de la fábula en relación a la sociedad contemporánea. Adultos infantilizados que aman estar en la casa de la bruja (el capitalismo) se encuentran por todas partes. El dulce olor a chocolate son obviamente los estímulos para consumir. Y los alimentos que ingieren diariamente, la publicidad y la televisión que los mantiene felices e indefensos y casi que los convierte en autómatas dentro de una pequeña mansión que conciben como garantía de su felicidad, cuando en realidad es una cruenta cárcel. Un centro de horror donde se les lava la cabeza y se les llena el buche, haciéndoles perder toda conexión con su pasado. alimentarse a su gusto en una prisión que convertirían en refugio familiar. Disfrutarían del momento o al menos, su momento, sin contemplar un futuro o mirar en exceso atrás. Y, de hecho, no creo que regresar al pasado, la casa paterna, entrara en sus planes. Alimentándose tranquilamente en las jaulas y sabiéndose a resguardo del frío y el calor, por supuesto que sacrificarían una (supuesta) seguridad por su libertad. La memoria y fidelidad a tierra de la que partieron, en beneficio del confort. Y en caso de morir, puede que lo hicieran con una sonrisa bobalicona. Sin transmitir sentimiento trágico alguno. Con la misma frialdad con la que habrían terminado por acostumbrarse a desayunar de las manos de la bruja. Débiles criaturas del futuro que ni siquiera habrá que educar en el capitalismo. Ya nacerán esclavos. Comprendiendo que su función básicamente será la de trabajar y engordar. Consumir y morir a manos de una bruja que, con el tiempo, a pesar de los años y su supuesta decadencia, al igual que el capitalismo, se hace más y más fuerte. Dando la impresión de ser absolutamente imbatible.

En realidad, no resulta dificultoso concebir nuevos desarrollos psicológicos y argumentales de “Hansel y Gretel”. Imaginarlos ingiriendo tarjetas de crédito, huevos de los que surgen extractos bancarios o papillas mezcladas con carne de cerdo y vestidos de moda. Lo difícil realmente es buscar un final actual a la fábula que no sea precisamente ese: los dos hermanos gordos como vacas entregándose mansos a la bruja. Ofreciendo sumisos y voluntariosos su carne para alimentar ese monstruo del mal que por supuesto en la nueva versión, tendrá el aspecto y fisionomía de una modelo. Algo que realmente provoca frustración. Porque tengo la impresión de que esta visión de “Hansel y Gretel” no es en absoluto novedosa. Posee un amplio componente de deja vu. Y eso es aún más terrorífico que la propia historia. Ser conscientes de que desde hace ya no sabemos bien cuánto tiempo, Hansel y Gretel engordan con placer bajo vigilancia de la bruja, y probablemente así seguirán a no ser que venga una guerra o estallen unas cuantas bombas que les obliguen a pensar por sí mismos para sobrevivir. Shalam

القافِلة تسير والكِلاب تنْبح

No es lo mismo el viento que la brisa

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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