Hipotermia

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Lo que me gusta de la literatura de Alvaro Enrigue es que plantea problemas. Por lo general, no es cómoda. Y es complicado definirla. Me recuerda a uno de esos elegantes rascacielos con sus suelos y paredes bien cuidadas que de tanto en tanto aparecen o bien en amplios solares o bien -quién sabe porqué- en medio de un barrio marginal. Creo, sí, que la escritura de Enrigue representa el momento no ya en que la literatura deja de tener sentido sino sobre todo la crítica literaria. Representa la incapacidad del orden burgués no tanto como promotor de ideas sino como emisor de juicios válidos para interpretar y comprender el arte. Razón por la que la mayoría de personajes que aparecen en Hipotermia se encuentran atrapados. No importa que se ganen de mejor o peor manera la vida, todos ellos se encuentran desplazados. De alguna forma, mantienen una posición económica buena y ciertos privilegios pero son conscientes, perciben con absoluta claridad que son la escoba del sistema. Un escudo intelectual contra la rebeldía, la libertad y la verdadera energía creadora artística. Siendo en este sentido Hipotermia una radiografía de una huida colectiva. Una obra que disecciona cómo el escritor contemporáneo (convertido en un burgués profesor universitario o un oficinista o un hacedor de best-seller) se fuga. Llena los vacíos provocados por actividades artísticas que aborda con la frialdad y raciocinio de una actividad industrial. Como si fuera un electricista, un fontanero o un editor de páginas web. Contando los dólares generados por las palabras que traduce o escribe o las clases que imparte.

59540591_sc-paraty-rj-30-06-2016-flip-2016festa-litervria-internacionalEl aspecto que más me fascina de la literatura de Enrigue es el tono neutro que alcanza en ocasiones. Capaz de hacer sentir que es la propia literatura la que está hablando. Que el escritor ha sido eliminado del libro para que hable la narración.  Y por ello, no puedo evitar sentirme decepcionado cuando vuelvo a escuchar al escritor en medio de todo esa máquina literaria tras la que se esconde. Tal vez porque en el fondo Hipotermia sea una confesión velada y desencantada de su fracaso como creador. De cómo estaba comenzando a ser devorado por el sistema de premios, presentaciones, Becas, trabajos alimenticios, agentes, festivales, libros a escribir en fechas fijas así como el necesario mantenimiento del status e imagen que tal vez -sólo tal vez- lo hayan terminado por convertir en otro hilo del tejido industrial literario. Del imperio del libro neoliberal. En cierto modo, sí, creo que de ahí nace la peculiaridad de Hipotermia. De ese pulso entre la literatura y el propio Enrigue que no acaba venciendo ninguno de los dos y provoca que nos sintamos en una especie de suburbio literario. Una frontera literaria en la que realmente es muy difícil respirar donde se intuye que Enrigue comenzaba a ahogarse. De tal modo que leo el libro tanto como un grito de auxilio (de hecho, las dos historias más emotivas y sentidas son las dedicadas al deceso de los últimos miembros de antiguas culturas ancestrales) como una exposición de un estado de cosas: la muerte de la literatura. Su anticipado funeral como escritor.

14544932514907Sin dudas, Hipotermia tiene una amplia virtud. Que es un texto a mitad de camino de muchos mundos. Una especie de novela dividida en varias partes y relatos o muchos cuentos que estructuran una novela. Siendo un claro reflejo por tanto de Alvaro Enrigue. Un escritor tan sumergido dentro del sistema literario como desplazado de su centro. Una especie de cantautor inglés en medio de Tepito. Un mexicano silencioso y sigiloso desplazándose por un territorio lleno de estruendos y ruido. Un integrado sin fuerzas ni ganas para convocar el Apocalipsis pero lo suficientemente lúcido, supongo, para darse cuenta de que el aparato político editorial mexicano es un cementerio de elefantes. Y un latino elegante y contenido dentro del agresivo mundo universitario norteamericano. Es decir; una rara avis que no obstante no es lo suficientemente extremo para ser considerado un raro o un excéntrico. Ni tampoco exactamente un escritor vendido al comercio. De hecho, lo que transmite Hipotermia es indefinición y cierta impotencia. Y también abulia. Pues, repito, probablemente es un involuntario testimonio de cómo la socialización de la literatura ha terminado con la creatividad de un sin fin de escritores individuales. Ha fragmentado y destrozado cientos de vocaciones.

img_art_11061_3286No recomendaría a nadie que no fuera escritor Hipotermia. Ni a ningún adolescente atraído por el arte literario task management tools. Pero creo que a cualquier escritor debería interesarle. Porque es un texto que habla entre líneas de cómo la cobardía reina en la literatura. Y cómo el suprimir la locura del banquete literario social, ha transformado la narrativa en un peligroso arma al servicio del sistema y el poder. En ningún caso, contra el sistema y el poder. De hecho, a excepción de algún texto como el dedicado a unos basureros, la mayoría de problemas expuestos por los personajes en los textos son pequeño burgueses. No hay allí desenlaces abruptos ni peleas catárticas. La novela o colección de cuentos no es más que una zona residencial donde las lujosas mansiones y automóviles, aeropuertos y amplias avenidas universitarias terminan por volver intrascendentes las dudas y problemas de las personas que allí habitan en los cuales existe una locura y una rabia contenida que nunca sale a la luz. Lo que los hace incomprensibles y sobre todo, temibles. Silenciosas estatuas tras las que asoma el puro vacío que se resisten a perder sus privilegios en un medio que ha terminado por transformar a la literatura en un fantasma del pasado y a los escritores en sumisos lamiendo los pies del dinero, el editor o el jefe de departamento de turno. Funcionarios a la espera de que les llegue el momento de cobrar la recompensa ansiada por su obediencia: el premio literario. Shalam

اِبْنُ آدَمَ يُرْبَطُ مِنْ لِسَانِهِ وَالثَّوْرَ مِنْ قُرُونِهِ

La experiencia es un peine que te dan cuando te quedas calvo

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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