Incertidumbre

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Hace varios meses publiqué una reseña en la revista El coloquio de los perros sobre Incertidumbre, la novela de Paco Inclán, que dejo a continuación:

Incertidumbre es un libro divertido. Un libro al que, teniendo en cuenta nuestra esquizofrénica actualidad, únicamente le falla el título. En verdad, me hubiera parecido mucho más adecuado titularlo con una simple y escueta palabra: realismo. En gran medida, porque desde hace dos o tres décadas, es la vida misma junto a la televisión la que impone las nociones estéticas y modas y no ya el arte. El arte es esclavo de la realidad y debe conformarse con seguir su rastro sin perder el aliento. Algo que, a grandes rasgos, ha provocado el surgimiento de una nueva sensibilidad literaria que, más allá de la generación Nocilla, creo que comenzó a tomar forma a partir de la publicación de una recopilación de textos extraviados que, con el tiempo, ha ido tomando relieve. Me refiero a Aire nuestro de Manuel Vilas. Un libro de relatos desprejuiciado y notable que junto a los reportajes de Crónicas Marcianas (sí, el programa de Tele 5) me parece el epígono más importante a la sombra del cual penetrar en Incertidumbre. Una propuesta que no me parece tan original como se ha querido destacar pues al fin y al cabo, continúa la estela esquizoide, pop y televisiva de cierta parte de la narrativa actual pero que, sin dudas, merece mucho la pena y desde luego, es sumamente recomendable. Pues es ágil y rápida. Es un pastelito narrativo. Una pantera rosa literaria. Y mezcla el trash, la gamberrada anárquica, el reportaje periodístico, la parodia y el absurdo con armonía y equilibrio. Con una ironía y perspicacia que, afortunadamente, no permiten tomarse en serio un libro que por momentos, cae en cierta superficialidad que no es en este caso, un defecto sino más bien, un síntoma de que la descripción de la realidad que propone, se ha efectuado bien. Porque hace tiempo que cualquier ejercicio crítico o análisis tiene como seguro final el olvido o la inanidad y los textos literarios (tanto las más lúcidas ficciones como las más vendidas) no son más que notas a pie de página de la sociedad del espectáculo.

Incertidumbre podría ser comparado- al igual que Aire nuestro- con una televisión. Pero dado que yo creo que Incertidumbre tiene más vocación periodística que catódica, entiendo que sería mucho más justo hacerlo con un dominical o una revista. Un semanal ideal para leer en la arena o la piscina porque, vuelvo a repetirlo, Incertidumbre es ante todo, un libro divertido. Un libro hedonista (pero bastante meditado) capaz de satisfacer la curiosidad de cualquier lector. Es un texto merodeador, incisivo e instantáneo al que le preocupa más generar preguntas que responder interrogantes y continuamente deja detalles, flash sobre la realidad que van creando cierta inquietud aunque no creo que sea esta su intención sino más bien, provocar la carcajada salvaje o el silencio total. Fulminante. Básicamente, porque es un libro instintivo, un festín arty generador de placer, compuesto a partir de los estertores del posmodernismo, cuya función es la constatación del absurdo cotidiano. Es una invocación a los espíritus de la banalidad que consigue convocar en sus páginas a todo tipo de personajes excéntricos, como el malogrado letrista del himno nacional español o un habitual de la ruta del Bakalao reconvertido en un histriónico capitán Kurtz moderno en medio de Guinea Ecuatorial.

En cualquier caso y ante todo, Incertidumbre posee una segunda parte que es una maravilla. Me refiero, claro, a Hacia una psicogeografía de lo rural. Una novela corta que mezcla a Berlanga con César Aira, el costumbrismo gallego y el surrealismo esquizoide para realizar una inteligente, visceral y lúcida crítica al mundo del arte contemporáneo. O más bien, a los textos sobre arte, esas cuantiosas becas que se dan a proyectos injustificables y faltos de interés salvo para el becado, y todo el artificio crítico sumamente impostado, snob y risible generado desde la Universidad y centros intelectuales de poder. Deberíamos decirlo claro. No hay manera incluso para letrados y doctores de leer una revista sobre arte y disfrutar, dado que en la mayoría de los casos, resulta imposible comprender a qué se refiere el articulista. Algo que ocurre también con gran parte de las videoinstalaciones, pinturas y esculturas modernas así como con los textos de catálogo. En muchos casos, asistir a una conferencia sobre arte moderno es ir a un sepelio, a una fiesta del bostezo y si bien, Paco Inclán no afirma nada de esto, su narración permite hacerse una idea de por qué los analistas de arte (como probablemente las revistas de arte y universidades de cualquier actividad) lejos de contribuir a desmembrar el embrollo cotidiano, lo están agrandando. Son el embrollo mismo y por ello, no pueden resolver nada. Y se han convertido más en objeto de mofa que de aprendizaje. Habitáculos sin alma que hablan de lo divino y lo humano como excusa para gozar de dinero y poder, tal y como queda claro por ejemplo tras una atenta lectura de alguno de los críticos citados en su narración por Inclán, como es el caso del sobrevalorado y pedante Nicolas Borriaud.

En fin. Seguramente, Incertidumbre no es una obra maestra pero no creo que lo pretenda. Algo que, al fin y al cabo, honra a su creador. De hecho, lejos de darse importancia, Inclán escribe como quien va al cine a ver una película de serie B, compra una revista porno o se pone a contemplar un partido de fútbol el miércoles a la tarde, masticando un bocadillo de sobrasada. Para gozar, divertirse y transmitir ciertos pantallazos de un mundo interior poblado de caricaturescos fantasmas y de paso, convertirse por unos instantes, en protagonista (o narrador) de todas las noticias aparecidas en los periódicos. Shalam

إنَّ الْهَدَيَا عَلَى قَدْرِ مُهْدِيهَا

El más difícil no es el primer beso sino el último

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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