Ingestión

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Me apetece hoy revisar algunos de los libros que he leído durante los últimos meses sin ánimo alguno de trascendencia. Más como un acto lúdico que crítico. Realizando un breve comentario de unas pocas líneas sobre cada uno de ellos.

Ahí va:

Philip Roth. El teatro de Sabbath: caótico, deslavazado, desordenado. He disfrutado varios libros de Roth y amo, en concreto, El lamento de Portnoy. Pero desearía no haber abierto jamás esta novela. Un insufrible borrador sobre las múltiples relaciones sexuales de un titiritero lleno de constantes digresiones sin interés alguno. Ganó un importante premio literario, supongo más por el prestigio de su hacedor que por la calidad de la obra presentada.

Chuck Klosterman. Fargo Rock city: bien estructurado ensayo lleno de divertidas, lúcidas y amenas reflexiones sobre los grandes monstruos de la era heavy.  Sólo un pero. Las constantes justificaciones de Klosterman respecto a su amor por el heavy metal. ¿Hubiera debido dar tantas explicaciones si, durante su adolescencia, en vez de ser fan de Motley Crüe o Judas Priest lo hubiera sido de Depeche Mode o Sex Pistols? El heavy es pasión y diversión. No un ejercicio intelectual. Nunca será comprendido por ese sin fin de profesores y críticos musicales estreñidos que llenan las redacciones de los periódicos y las Universidades, y está bien que así sea.

W.H.Auden. El arte de leer: ameno libro lleno de lúcidos textos del pensador inglés sobre un sin fin de escritores. Auden es didáctico y divertido además de comprensible. No cae en la trampa de la erudición y transmite perfectamente, con sencillez, los valores de los poetas estudiados. Generalmente norteamericanos. Sale uno del libro con la sensación de haber pasado una bella tarde en compañía de un buen amigo.

John Keegan. El rostro de la batalla: erudito, exhaustivo y didáctico. Un muy completo ensayo sobre un tema muy poco estudiado pero realmente fascinante: la visión y vivencias de los soldados que participaron en las batallas más importantes de la historia. Un clásico que demuestra tener un amplio conocimiento tanto de la vida militar como de la literatura y la historia y escarba muy bien en los trucos narrativos utilizados por muchos de los narradores que nos han legado los textos bélicos más famosos. Imprescindible en la biblioteca de cualquier general o historiador épico.

Friedrich Durrenmatt. La promesa: excelente. Una joya de la narrativa policíaca y el género negro. Interesante y hábil, utiliza sus armas narrativas sabia y estratégicamente. Transmite perfectamente, con frialdad y ciertas dosis de angustia existencial, cómo el azar termina determinando e imponiéndose a la voluntad humana, al frío raciocinio.

William Kotzwinkle. El nadador en el mar secreto: un réquiem o una misa. Un texto compuesto como un rapto religioso. Un testimonio catártico de la muerte y entierro de un hijo que funciona mejor como relato autobiográfico y confesional que como texto literario. El tipo de libro que si se lee en el momento indicado puede conmocionar y grabarse en nuestra sangre para siempre y de no ser así, se olvida con suma facilidad. No deja huella.

Alvaro Enrigue. Muerte súbita: un experimento literario por momentos irritante. Enrigue tiene hechuras de gran escritor pero lo pierde su propia complacencia. Y por ello, no es capaz de dotar de trascendencia y brío una narración llena de momentos interesantes, totalmente desperdiciada por el tratamiento que le da. En ocasiones, Enrigue parece que se ríe de los lectores y otras veces, de sí mismo y de la propia literatura, como si viviera en una cámara cerrada, lejos, muy lejos de la realidad cotidiana. Sin dudas, su novela es interesante pero se queda en fallida por falta de valentía o ausencia de concreción.

Alexievich Svetlana. Voces de Chernobil: enorme, sobrecogedora recopilación de testimonios sobre una tragedia olvidada y, en cierto modo, ignorada por Occidente. Svetlana deja que las víctimas hablen sin interrumpirlas y lentamente, compone un impresionante crisol que no sólo permite hacerse una idea de lo que supuso aquel triste acontecimiento sino del dolor que provocó en una población que nunca, jamás volvió a ser la misma.

Marai Sandor. El último encuentro: notable y suntuosa narración llena de bellos subterfugios y deslices narrativos. Un inolvidable relato sobre la amistad y las causas de su disolución. Escrita con alma de artista modernista, con un afán descriptivo muy amplio y atención plena a los detalles, El último encuentro es un relato ágil, que desprende cultura por todos los poros, sobre los recorridos secretos del amor. Casi una constatación de que el amor es oculto o no es.

Arthur Schintzler. El destino del Barón Von Leisenbogh: una recopilación de espeluznantes cuentos de temperamento romántico y decadentista. No todos son maestros, pero hay varios que quitan el aliento. Schintzler refleja perfectamente el lado oculto de la burguesía y la civilización. Explora el mundo nocturno, haciendo de su libro un negro camino por los senderos de la locura y la perdición. Un sutil análisis del lujo y el desgaste y los instintos incontrolables que subyacen bajo las grandes catedrales modernas.

Brohumil Hrabal. Yo serví al rey de Inglaterra: hermosa y divertida novela que, no obstante, se percibe que fue escrita en muy pocas semanas. Pues hay una serie de escenas y situaciones que, sin dejar de ser hilarantes y provocar interés, podrían estar mucho mejor desarrolladas y a veces, se acumulan en una enmarañada red caótica. No obstante, es sin dudas una novela muy recomendable. Sumamente divertida y carnavalesca, explora incisivamente, con amplio sentido del humor, una época trágica como la que va de la ocupación nazi de Praga a la instauración del comunismo.

Lemmy: la autobiografía. White line fever: una ametralladora literaria. Un riff de guitarra inacabable. Autoritaria y divulgativa, la voz de Lemmy es rugosa como la de un anciano pirata y amable como la de un hermano. Poco se puede decir al leerlo, más que agradecerle por haber sido no sólo un músico sino sobre todo, una persona coherente. Kill, kill, Motorhead. La era de la velocidad y el motor. Shalam

إِذَا دَرَّتْ نِيَاقُكَ فَاحْلِبْهَا

El que se alimenta de deseos reprimidos, se pudre finalmente

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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