Límite

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Uno de los privilegios de ser Dios, probablemente el mayor, sea poder saber perfectamente qué imaginan las personas. Ilustrar sus pensamientos además de entender los porqués. Cuando leemos un texto literario, cada uno ponemos un rostro diferente al personaje, a veces hasta cambiamos el color de su cabello por más indicaciones que el escritor nos de, o transformamos el paisaje. Los diseñadores de portadas de libros en parte consiguen aminorar esa distancia entre nosotros y la omnipotencia divina. Basta observar cómo conciben editoriales e ilustradores diferentes la portada de una misma novela para verificarlo. A continuación dejo varias realizadas para una fascinante novela, La casa en el confín del límite, de William Hope Hodgson. Comprobar cómo han traducido en imágenes diversas personas ese delirio cósmico, esa metafísica colina llena de meandros pantanosos y absorbentes, que por momentos nos deja absortos frente a sus páginas, supone en cierto modo introducirse dentro de los plurales ojos divinos y comenzar a mirar el mundo desde su prisma. Apenas una mota de polvo si consideramos cómo es que su totalitaria, plena mirada atraviesa la de todos los seres vivos y muertos, galaxias y mundos perdidos, recogiendo y creando imágenes sin fin superpuestas unas con otras en innumerables cascadas. Que es tal vez el tema de este impresionante relato: cómo es que Dios observa el mundo. Y cómo el aparente privilegio de su omnisciencia, en realidad es una caótica condena y pesadilla. Un castigo que ni un sólo mortal puede alcanzar a imaginar. Shalam

عِنْد الشدائِد يُعْرف الإخْوان

Sin el dolor, el hombre sería siempre un niño

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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