Los jardines estatuarios

0

Jacques Abeille me recuerda a los escritores de varios siglos atrás. Sus textos me hacen rememorar aquellos ensayos utópicos surgidos durante el Renacimiento y algunos de esos míticos bestiarios fantásticos del Medievo.

Los jardines estatuarios tiene alma de cómic y de tratado antropológico y fantástico. Es un maravilloso cruce entre Los viajes de Gulliver, Las ciudades oscuras y Las ciudades invisiblesAunque también me hace pensar en El último verano en Marienbad, teniendo en cuenta que conecta futuros alternativos con remembranzas del pasado. En cualquier caso, su novela me parece, ante todo, un frío e imaginativo testimonio de nuestra época puesto me resulta inevitable vislumbrar el mundo lleno de estatuas que se destruyen, desaparecen y surgen de manera imprevista que describe, como una enigmática metáfora de la sociedad capitalista. 

Así leo yo el texto de Abeille: como si su protagonista fuera un ser humano procedente de otra cultura o mundo que intentara descifrar nuestra civilización. Alguien que demuestra curiosidad ante nuestras manías y vicios y siente tanto admiración como respeto malsano por los símbolos del capitalismo: esas estatuas movedizas que tanto recuerdan a los iconos comerciales del mundo global. A todos esos objetos que, durante un tiempo, detentan un poder absoluto y una fascinación total sobre los consumidores y, poco a poco, sin saber bien por qué van perdiendo su magnetismo. Siendo sepultados por el olvido y el polvo de la costumbre.

Es así como la novela me fascina e inquieta. Interpretando el culto que en sus páginas se tiene a las estatuas como un reflejo evanescente del neoliberalismo. Obviamente, sé que el libro se encuentra lleno de matices y que se podrían mencionar muchos más temas importantes en su desarrollo pero -repito- es leyéndolo como un viaje a través de los estertores del capitalismo que me provoca entera satisfacción.

Los jardines es el libro que hubiera escrito Marco Polo de haber nacido en el siglo XX. Es Voltaire transportado a nuestra era. Una novela que, probablemente, hubiera gustado a Dino Buzatti y Franz Kafka hubiera leído con emoción. Casi sin pestañear.

Los jardines es una mirada a la inversa a nuestro sistema político y social que insiste no tanto en su grandeza o las trampas que en su interior esconde sino en su resistencia a caer. Es una obra que intenta rescatar el poder ancestral y ritual de las sociedades arcaicas y destroza algunas de las proclamas de la sociedad moderna. No hay, por ejemplo, más que constatar la firme separación existente entre hombres y mujeres dentro del inquietante mundo retratado por Abeille para extraer conclusiones sobre el destino final de la doctrina igualitaria: la sumisión total de la humanidad (ambos sexos esclavizados a la máquina o al trabajo).

En cualquier caso, Los jardines plantea, ante todo, preguntas y no ofrece respuestas. Es un libro narcótico. Un esquivo cántico sobre nuestro presente que describe intensamente tanto el ocaso de los ídolos como su constante mutación. Shalam

الصبْر مِفْتاح الفرج

El que no quiere ahorrar, deberá agonizar

encabezado_averia

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

Deja un deseo