Los jóvenes escritores

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He aquí unas palabras de Thomas Bernhard dedicadas a los jóvenes escritores. Ahí van algunos de esos pulcros consejos que profesores universitarios reclaman a escritores consagrados en Congresos que se suceden por un lado y otro del mundo sin importar a nadie sino al poder. Ese poder que controló a los intelectuales durante la era neoliberal con sueldos altos y títulos sin fin y publicaciones en revistas de prestigio y menciones en facebook y twitter y entrevistas en revistas de música, tendencias o cine y giras interminables de presentación de sus nuevos productos. En fin. Frente a tanta buena voluntad y camaradería, frente a tantas palabras de mutuo respeto y asentimiento, tanta comprensión, he aquí, repito, las palabras de Thomas Bernhard. Un señor que, desde hace mucho tiempo, se ha convertido en mi medicina. El remedio más eficaz contra el dolor de cabeza y el cáncer que me devora, sin el cual no existiría Ruido. Mi deuda es total y absoluta hacia él y conforme crezco y me adentro en los estertores del mundo literario, cada vez mayor. Si alguien no ha mentido y ha dicho toda, absolutamente toda la verdad en el siglo XX ha sido él. Su obra literaria es una locomotora de sinceridad sobre la que hay todavía mucho que hablar y decir y aportar. Pero, eso sí, confío que no sea jamás en un Congreso sino a ser posible en el entierro de todos los ministros de cultura de los países desarrollados y por desarrollar que ha habido y habrá.

“No os veo donde está la vida violenta y valiente, sino como pulcros custodios de archivos, funcionarios amargados, como lacayos de bien retribuidos consejeros del organismo de protección de la Naturaleza o de algún departamento de cultura provincial o municipal. Estáis metidos en el café, sin lágrimas ni humor, odiándoos a vosotros mismos y odiando vuestro entorno, muy lejos de la vida… Habéis vendido vuestro carácter y sentís un miedo desenfrenado de la necesidad, miedo de vuestros pensamientos, miedo de vuestra malignidad… Vuestras reverencias son indescriptibles; os inclináis ante cualquier desharrapado con influencia… ¡El pueblo de los exaltados se ha convertido en un pueblo de agentes de comercio!”. Shalam

 عِنْد الشدائِد يُعْرف الإخْوان

 No se trata de morir o matar sino de vivir o vivir

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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