Maestros antiguos

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Si tuviera que hacer una lista de los momentos más intensos que he vivido literariamente hablando durante el año 2013, sería monótona. Porque nadie me ha proporcionado más felicidad que Thomas Bernhard al cabo de los meses. Este pasado año leí, sí, muchos textos diversos que me hicieron disfrutar pero ninguno de ellos me inquietó y fascinó como Maestros antiguos, La sobrina de Wittgenstein o . Por no hablar de mi relectura de Trastorno. Una operación que me está dejando absolutamente estupefacto ante la indiscutible maestría del más devastador de los escritores del siglo XX. El menos hipócrita y recatado. El más ácido y sarcástico. Probablemente, el menos cobarde y más sincero. ¿Qué puedo decir? Ante la sarta de mentiras y deseos de bienestar falsos que debemos aguantar durante estas tristes fechas, las fotos de celebración y todas esas montañas de buenas intenciones que quedarán sepultadas a poco que esta temporada pase, me parece que no hay mayor refugio ni salvación que escuchar la voz del horror que, en este caso, es también la de la belleza y la de la verdad.

Exactamente, Bernhard fue un paso más allá de las nihilistas enseñanzas de la obra de Dostoievsky. Convirtió a sus personajes en chacales, nos enseñó que, enfrentándonos al monstruo que somos, es como conseguimos que la existencia sea soportable y casi que la convivencia sea posible y que atacando con visceralidad las reglas, la cultura de la doma y la molicie que se nos impone, podremos atisbar un rastro de luz aunque ésta sea sangrienta. Disfrutar de una melodía musical o el pasaje de algún libro que son, en esencia, momentos fugaces que no pueden evitar que el caos y la corrosión continúen inundándolo todo. Absolutamente todo. Dejándonos como única respuesta ante tanta mediocridad, el crimen o el suicidio. Esos actos rituales que la mayoría de personajes de Bernhard sueñan realizar. Pues al fin y al cabo, sus novelas describen un mundo lleno de fantasmas, viciosos y seres harapientos que se ríen constantemente de los reyes y los burgueses, cuya máxima aspiración es envenenar a la sociedad y el mundo entero. Shalam

الصبْر مِفْتاح الفرج

Si una persona dice que eres un burro, no te preocupes. Si lo dicen dos, presta atención. Si lo dicen tres, cómprate una montura

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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