Mal

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Hace tres días leí Mal. No le dediqué más de una hora. Pero lo terminé emocionado. O al menos tocado en una parte sensible e íntima. Deseando comenzarlo de nuevo. Como hice ayer y hoy y tal vez mañana. ¿Qué es Mal? Me cuesta horrores definirlo. No quiero hacerlo, no sé hacerlo. No es posible delimitarlo ni habría que explicarlo. Y si es posible, no lo haré. Porque Mal no es piel. No es probablemente una colección de poemas. Ni tan siquiera un libro. El papel, las palabras. Las comas, la acentuación, los puntos. Es la pura entraña de un ser humano. Un pedazo de su carne. Honestidad. Sangre fluyendo en libertad. Hígado. Una muestra de que el lenguaje es alquimia o no es. De que es magia o no es. Y de que los escritores o son hechiceros o no son y son auténticos o no son. De que escribir no es unir letras. Tampoco estudiar, leer o haber leído a los más grandes -Thomas Bernhard, Fiodor Dostoievsky, Miguel de Cervantes, Herman Melville- o no haberlos leído. Es vivir. Decir la verdad. Ofrecer tu alma de la forma y manera más amorosa y en ocasiones, descarnada posible. Sin escondites. Con sinceridad. Arrastrando detrás tuya contradicciones, versos destruidos, arrebatos de cólera, depresiones, repetidas neurosis y sinsabores en forma de un batallón de palabras que no oculta las derrotas sino que las transforma en victorias. Se ríe de ellas con la lucidez de los sabios y heremitas entendiendo que son fuente y raíz de vida. Un complemento a los llantos y la parálisis a los que hay que darles la importancia justa. No agrandarlos. Porque son vida. Lo más importante es vivir. Y vivir es aceptar el mal. Sorberlo. Digerirlo. Masticarlo. Ya que, repito, vivir, sí, es vivir con el mal. Que no es lo mismo que vivir esclavizado a su yugo o atraído por su embrujo. Es entender que pase lo que pase y hagamos lo que hagamos, siempre estará allí. Y sólo sabiendo, comprendiendo, asimilando esta verdad, es que podremos crecer como seres humanos y tendrá sentido escribir. Llamarse pintor o escritor y músico. Y habrá merecido la pena estar vivo. Habremos evitado caer en el pelotón de los cobardes, los sumisos, viciosos o estúpidos. El espacio de los funcionarios. Esa masa gris y monstruosa sin imaginación descrita por H.P. Lovecraft en sus libros que sólo aspira a la seguridad. Seremos seres humanos con permiso para soñar e imaginar, como hace el creador de este bálsamo poético, este manantial de eterna juventud, donde el intelecto desaparece en un agreste bosque lingüístico, selva de metáforas vivas y precisas que aunque apunta a varios lugares y nos invita a un diálogo plural con el mundo, acaba siempre reflejando con exactitud, sin piedad pero a la vez con ternura, su corazón. El corazón de la bestia. Lo que siente y padece un hombre al enfrentarse, contemplar el mal frente a frente. Y también las formas de reírse de él y atravesarlo. Desquiciarlo como él nos desquicia a nosotros. Retorcerlo a base de libros como éste: un puñal en el centro del corazón capitalista forjado con amor. Ahí donde más le duele al poder. Con optimismo, rabia y amor. Sobre todo, amor.

Mal no es una colección de poemas. Insisto. Es un trozo del riñón de José Daniel Espejo como Mortal y Rosa era un pedazo de los pulmones y la laringe de Francisco Umbral. No es el libro de un poeta ni de un prometedor escritor. Es el libro de una persona lúcida que hace arte de sus temores y halla luces donde otros no más que ven lamentos y dolor. Alguien que probablemente sea ya un maestro o lo será porque muestra al descubierto todos sus errores y trabaja a partir de ellos. No negándolos. ¿Pueden los hombres sentir, todavía es importante su lucha? Esta pregunta que podría haber sido formulada por los dioses griegos o uno de esos lacayos neoliberales que disfrutan viendo al común de los mortales revolcándose en la mierda o luchando por no caer ni verse enfangada en ella, tiene una respuesta muy precisa en Mal: Sí. De hecho, no sólo merece la pena. Es nuestra única opción. El único camino paraser. En fin. ¿Puedo añadir algo más o más bien, debo hacerlo? Creo, siendo sinceros, que no. Porque Mal es rueda de Sísifo bajando serena y rápida por la montaña. Camello atravesando el filo de un aguja. Una frontera en el reino de la desgracia. La lucha de un hombre cercado. La vigilia de un exiliado que aún no ha perdido la risa ni el buen humor. De un creyente. Y también un libro de hombres. Un libro cervantino y humano. Un libro que utiliza la poesía para decir que debemos mantenernos en pie. Que somos eternos porque somos reales. O quien sabe qué. Porque Mal es un libro imaginario. Una bomba contra la ingeniería social que hace estallar las lacras -sí la del feminismo y el machismo y el sexismo también- de los ismos a su paso. Una prueba de que cuando se unen honestidad y talento, la poesía es un regalo. Un don capaz de acabar con el más grande de los dolores, la más feroz de las pérdidas. Una flecha que sin matar a nadie no se detiene hasta que se derogan las injusticias y los niños, como siempre debió ser, vuelven a reinar en este mundo (y el otro).  Los cielos y la tierra. Shalam

ما حكّ جْلْْْْْدك مثل ظْفرك

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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