Periódico

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Los espacios nos condicionan demasiado. Al igual que el contexto. En una conversación familiar, no importa qué digamos, que la mínima insinuación sexual puede ser considerada escandalosa y utilizada como arma en nuestra contra. Al contrario, en verano, no importan los actos sexuales que llevemos a cabo y en muchos casos, ni tan siquiera el viaje que emprendamos, porque el único acontecimiento realmente destacable durante esa estación, sería la llegada de un día de lluvia. El oscurecimiento del cielo. Y de la misma forma, en un chat sexual no importan tampoco lo más mínimo las locuras o perversiones sexuales que suelten las personas en el “ara” social porque el único acontecimiento que podría alterar a sus participantes y ser realmente relevante, sería la caída del servidor del chat. Una desconexión colectiva. Lo demás es absolutamente intrascendente o entra dentro de la cotidianeidad. Un concierto por poner más ejemplos toma mucha más relevancia si por cualquier motivo es interrumpido y no se celebra que si lleva a cabo. Como también ocurre lo mismo mientras contemplamos una película en el cine. Un hecho que acaso ponga de manifiesto la importancia del error y lo irregular. O las sorpresas. Que son en el fondo, bombas liberadoras. Explosivos catárticos. Violencia divina que advierte de la imposibilidad de que el ser humano lleve a cabo siempre su voluntad. Y de que el milagro (positivo o negativo) es primo hermano del accidente. Un recordatorio de que no somos dioses. Y que lo natural es aguardar lo inesperado. La fractura. Razón por la que probablemente Fran Kafka advertía de que el periódico no traía consigo nunca noticias. Ninguna le impresionaba o le transmitía cierto desconcierto. Porque precisamente que en el mundo ocurrieran sucesos era lo habitual. Por lo que solía insinuar a sus conocidos mientras saboreaba con ligereza un café y sus ojos se detenían fijamente sobre los diarios arremolinados en las mesas vacías de los comensales, que el periódico era un artefacto inútil. Una máquina de antigüedades. Pues precisamente para el escritor checo, la novedad real hubiera consistido en la desaparición absoluta de todos los periódicos porque no había más noticia que imprimir, que la del fin del mundo. Shalam 

إِذَا طَالَتِ الطَّرِيقُ كَثُرَ الْكَذِبُ

El cobarde acusa a la espada de no tener filo.

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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