Revueltas o el lado “moridor”

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Hace varios años escribí un texto sobre el escritor José Revueltas para la revista El coloquio de los perros que, con sus correspondientes modificaciones, dejo a continuación.

 José Revueltas. Una escritura del lado “moridor”

 

José Revueltas (Durango, 1914 – Mexico D.F., 1976) fue el puñal de la prosa mexicana. Su conciencia lúcida y libertaria. El espolón que abría fosos, vías de compresión y caminos de batalla entre la destrucción de la lucha política realizada por las potencias capitalistas y clases altas y el pueblo obrero mexicano, engañado y despojado de sus tierras y derechos una y otra vez. Fue un escritor existencialista, sin el talento ni vuelo espiritual de los escritores rusos, pero tan desgarrador como ellos. Y, sobre todo, un hombre íntegro, libre y fiel únicamente a su ética de guerra anti-consumista. Sus anhelos de liberación e igualdad de los seres humanos que cifró en su adhesión comunista. Un hecho que,  -a diferencia del intento impostado realizado por tantos de sus correligionarios- teniendo en cuenta su compromiso real con el pueblo, lo fortaleció. Pues, en gran medida, el sí que llevó hasta las últimas consecuencias su compromiso con estas ideas, de tal modo que, obcecado, no le importó ser encarcelado en innumerables ocasiones por defenderlas. Como tampoco tuvo reparos en enfrentarse al partido comunista de su país o denunciar las purgas estalinistas, en la medida en que se convertían en cédulas de horror que atentaban contra el ser humano en su totalidad, además de apartarse de las doctrinas originales del marxismo.

De todas formas, más que con el comunismo -que por supuesto que sí- a Revueltas hay que relacionarlo con él mismo. No era un pensador comunista sino un librepensador. Más que nada, porque siempre fue fiel a sí mismo hasta convertirse en una isla de fragor intelectual en medio del inmenso marasmo de su país. De hecho, es muy difícil encontrar durante el siglo XX en México, epígonos o referentes que apoyaran o continuaran al escritor en uno de sus objetivos esenciales: aclarar con suma lucidez porqué la revolución mexicana había fracasado y el trasfondo de los nuevos pactos que las oligarquías empresariales del país realizaron, en contra de los trabajadores. Y por ello, cuando nos referimos a él y sus influjos, no es extraño que el primer nombre que aparezca, sea extranjero: Fiodor Dostoievsky. Un escritor con quien le unen tanto la desesperanza, el caótico fluir de pensamientos de sus personajes como una honda búsqueda de lo espiritual y haber profundizado hasta el límite en las flaquezas del ser humano. Y que los siguientes nombres también lo sean: Jean Paul Sartre, Jean Genet, Albert Camus o incluso Jean Genet. Algo lógico teniendo en cuenta que la obra de Revueltas gira en torno a una idea central: cuál es la naturaleza del ser humano, el sentido de la rebeldía, la esencia de su libertad y si merece la pena vivir una vida privada de ella. O una existencia engañada. Cohibida y trastornada por las fuerzas del capital y el trabajo sin vínculos en común reales, auténticos -más allá del consumo- con el resto de los seres humanos.

Desde luego, Revueltas jamás calló. Hizo de su vida un elogio a la rebeldía y la resistencia y se convirtió en un exiliado de todas las ideologías. Y si bien, en plena primera juventud, accedió a retirar de la circulación Los días terrenales (1949) por decisión de los altos mandos del partido comunista, cuando maduró, no le importó ser expulsado del partido y devenir progresivamente en un marginado. Ante todo, porque lo más importante para él siempre fue su obra. Su deseo de construir una auténtica democracia en su país -muy alejada, desde luego, de la que se había impuesto tras la Revolución y había dejado como único partido en el poder al PRI- o un sistema político en el que las clases más desfavorecidas no se vieran sometidas a todas esas feroces situaciones de discriminación que describía en sus novelas. Siendo por tanto lógico que el héroe de su literatura fuera el visitante del lado moridor de la vida; esto es, el disidente, el rebelde o el marginado del sistema. Y que adentrarse en sus textos, permita profundizar en ese México subterráneo y escurridizo que pervivía bajo los fastos del feroz capitalismo de mitad de siglo. Aunque, obviamente, su literatura tiene más alto alcance. Pues desde Los muros de agua o El apando hasta Los días terrenales se dedicó a explorar las contradicciones del ser humano. Sus inconsecuencias y su necesidad de pactar con el poder familiar, político o religioso para devenir en un sujeto social aceptado a pesar de que esto le costara su libertad. Caer en las redes del tedio, la militancia, el conformismo o la rapacidad. Bajo montañas de leyes o discursos racionales que lo apartaban de sus raíces míticas, ancestrales. El contacto con la tierra y sus semejantes.

Cabe decir que lo mejor de la obra de Revueltas, no hemos de encontrarlo bajo mi punto de vista ni en Los errores ni en Los días terrenales. Novelas río que denuncian las purgas del partido comunista, encontrándose demasiado constreñidas a la temática política y social denunciada. Sin ir más lejos, ensayos como México: una democracia bárbara, Ensayo sobre un proletariado sin cabeza o Cuestionamientos e intencionesaluden por ejemplo a estas u otras situaciones con mayor habilidad y ligereza. Describiendo con absoluta lucidez y rigurosidad la realidad del México que le tocó vivir  (desde el gobernado por Manuel Ávila Camacho hasta el de Luis Echevarría Álvarez) y el del presente. Pues cuando se trata de denunciar hechos cruentos, Revueltas acierta más cuando se aproxima al tono casi periodístico utilizado por su admirado Aleksander Solzhenitsyn en Archipiélago Gulag, que cuando trata de difundirlos apoyándose en la construcción de personajes o situaciones y escenas ilustrativas del debate moral librado en su conciencia. Por lo que lo mejor probablemente de su obra se encuentre en El Luto humano, sus cuentos, Los muros de agua y, sobre todo, en su actitud como escritor a la hora de penetrar, describir la realidad mexicana. Una forma de acercarse a ella desde luego que muy próxima a la retratada por Buñuel en Los olvidados, ajena o más bien contraria a la que estaban encargando de difundir los mass-media a los mexicanos y el resto del mundo a través de algunas de las adocenadas películas protagonizadas por Pedro Infante, la constante y reiterativa mitificación de los mariachis y Cantinflas, o la progresiva falsificación de los hechos históricos acaecidos durante la Revolución y la Independencia. Mentiras y tópicos que Revueltas destrozó, partiendo en mil fragmentos la imagen idealizada del México posrevolucionario construida por el poder, ocupándose de las clases más desfavorecidas, el régimen carcelario, los excluidos (asesinos, ladrones y prostitutas), las más descarnadas intrigas políticas y la enajenación y alienación de las culturas indígenas, intentando ser lo más objetivo posible. Y no tomar un partido fanático por ellas.

De hecho, la grandeza de la obra de Revueltas radica en que, en vez de engrandecer la figura del delincuente, la prostituta o el integrante del partido comunista -como hubiera hecho un escritor menor o absorbido por su faz política- mostraba a estos y otros tipos “sociales” en su verdad descarnada y atropellada. Indagaba en su yo y penetraba en su tragedia, sus contradicciones que les hacían caer en los mismos errores del sistema que denunciaban y contra el que aparentemente habían emprendido una lucha feroz. Algo que pone de manifiesto la radicalidad del pensamiento de Revueltas: un escritor capaz de describir sus fallas y las de sus seguidores con la misma virulencia con la que describía los de las clases burguesas y regentes de su país. Básicamente porque su compromiso era con la verdad. Pues sólo con la verdad auténtica y desnuda podría terminar de una vez con las mentiras de la propaganda política que intentaban ocultar los motivos ocultos tras la desactivación de la huelga de ferrocarriles en 1959 y sangrientos hechos como los ocurridos en Tlatelolco en 1968, que mostraban el rostro autoritario y dictatorial del poder. Razón por la que, además de en un escritor necesario, finalmente se convirtió en una especie de agitador político que visitó la cárcel en distintas y sucesivas ocasiones -alguna de las cuales fue descrita en sus novelas- y se enfrentó a todos y cuantos no supieron o no pudieron acompañarle en su lúcida, heroica y casi suicida lucha por la libertad de los trabajadores mexicanos. Construir los caminos de la conciencia obrera de su pueblo. Reivindicando una religión mixta y plural de las culturas que componían su país, acaso no muy lejana a la que imaginaran D.H. Lawrence o el primer Vaconcelos, mientras denunciaba las mentiras de la Revolución -cómo en realidad, había sido propugnada por la burguesía necesitada de la modernización del país para comerciar libremente con sus productos y para ello, de un pacto con los terratenientes y poderes religiosos-transformándose finalmente en un analista esencial para comprender porqué México se convirtió en ese laberinto de la soledad que radiografiara Octavio Paz. Las razones de su orfandad y la nostalgia de un país condenado, según su punto de vista, al colapso. Ser merendado por la corrupción y el desanimo. El hastío y la indigencia a niveles globales.

A este respecto, basta leer El luto humano -una irradiante mezcla entre la prosa de Juan Rulfo y la de Agustín Yáñez- para constatar cómo el libérrimo espíritu de Revueltas fue capaz de condensar a partir de una historia protagonizada por anónimos seres humanos, el drama del México rural. Los campesinos condenados a luchar capciosamente por una tierra olvidada, opacada por el sed de poder y venganza cuyo destino era y continúa siendo vivir una no-vida dominada por la muerte. Ser asolados por el flujo continuo de espíritus que no pueden descansar en paz. Y para a su vez, tomar conciencia de que Revueltas no fue únicamente un escritor político. Fue un escritor absoluto. Un hombre excesivo, caótico, que vivía y respiraba para la literatura quien, teniendo en cuenta su profunda percepción de la realidad, fue capaz de construir un radiografía emocional, mítica y social, de gran precisión de su país. Un autodidacta procedente de una familia de reputados artistas que, debidos a sus convicciones, abandonó muy pronto la enseñanza oficial y vivió sumergido en un sin fin de lecturas y actividades políticas esenciales desde donde supo otear el cenagal cultural mexicano. Pues además de los ya citados, fue capaz de describir los problemas de la cultura fronteriza mexicana en Los motivos de Caín, esquivó siempre las redes del poder que, como a tantos intelectuales subversivos, intentó pactar con él y anularlo con dinero o premios y desarrolló su talento en una larga lista de guiones cinematográficos y obras teatrales cuyo valor resulta difícil de medir, dado el vacío y silencio institucional que sigue existiendo en torno a su persona.

Preguntado en una de sus frecuentes estancias en la cárcel, por si su libertad y persona se resentían de este hecho, Revueltas, casi sin inmutarse, respondió que la libertad de una persona es interior y que a él le bastaban unos libros pare leer y un lápiz y papel para sentirse cómodo y libre porque el espíritu no puede ser apresado aunque se encuentre tras las rejas de una jaula. Creo, sí, que en esas palabras se encuentra sistematizado todo el pensamiento de Revueltas y de gran parte de su obra. En los jirones de su prosa, como en los frescos de Clemente Orozco, al pueblo se le siente sufrir, gozar, lamentarse, vivir y morir pero sobre todo, luchar. Y ese es el ejemplo que legó Revueltas. La necesidad de resistir y no desistir jamás. Ser fieles hasta la muerte a la conciencia. Pues es allí donde se encuentra el secreto del arte y la vida. Donde reposa el espíritu crístico humano por encima de cualquier sistema que intente aniquilarlo. La capacidad de decir “no” a todo aquello que nos quieren imponer y sí a todo lo que realmente somos. O deseamos ser: tierra y libertad. Shalam

 إِنْ سَرَّكَ الأَهْوَنُ فَابْدَأْ بِالأَشَدِّ

El amor es ciego pero ve a distancia

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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