Serpiente

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Muchas veces me he preguntado por qué, a excepción de unos cuantos títulos de todos conocidos, la mayoría de libros sobre México que citamos a personas no nacidas en tierra azteca para que conozcan el país pertenecen a escritores de otras latitudes. ¿Por qué siempre recomiendo yo por ejemplo La serpiente emplumada o Bajo el volcán y no Las batallas del desierto o De perfil? No es fácil la respuesta. Obviamente, existen muchos puntos de vista. Pero si  tuviera que aventurar una hipótesis sería la siguiente. Los autores mexicanos describen la realidad. Sin embargo, los extranjeros suelen describir un ideal. Una idea, como fue el caso de Artaud, mitificada y preconcebida. Un México que probablemente no existe pero nos gustaría pensar o imaginar que sí. En gran medida, los artistas franceses, ingleses o norteamericanos se inventaron el país que soñaban. Que necesitaban. Se empeñaron en que sus concepciones encajaran con la realidad y se drogaron y follaron como bestias adquiriendo una visión simbólica del país a través del exceso.

Sin embargo, los escritores mexicanos tal vez puedan decepcionarnos en primera instancia porque no hablan del México mítico sino del real. De las facturas por pagar. De la gente común con problemas comunes que pone la ropa a lavar y se enamora de personas con un físico no excesivamente agraciado. Los escritores mexicanos hablan de la sociedad. De cifras y política. Del sudor. Están agobiados por la magnitud de la corrupción y el gigantesco monstruo legal que se cierne sobre sus hombros. Y por ello pierden muchas veces de vista el mito. Aciertan sin dudas en sus descripciones mucho más que los extranjeros cuyos libros se encuentran llenos de equivocaciones. Pero ¡y aquí radica lo mágico del asunto! ocurre en cierto modo que los artistas foráneos yerran tanto que finalmente aciertan. Indagan en la verdad con mayor énfasis tal vez que quienes sufren diariamente unas condiciones de vida que les influyen tanto que no les permiten distanciarse lo suficiente para crear metáforas totales y absolutas. Shalam

وزير الصحة، وإعلانه اعتزال مهنة

Teme el día en que se conviertan en recuerdo las esperanzas

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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