Un amor de escritor

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Hace varios días, alguien me preguntaba por qué el escritor necesita lectores teniendo en cuenta que si es auténtico y verdadero debería poder prescindir de ellos para componer su obra y que habría de bastarle el hecho de poder llevarla a cabo para sentirse satisfecho. Convendremos que esta cuestión es difícil de responder porque además de tener cientos de respuestas (tantas como artistas hay), se presta a todo tipo de equívocos. Pero me animé a contestarla y le dije lo siguiente: creo que, efectivamente, un escritor no tiene por qué necesitar de un “otro” para llevar a cabo su misión pero sin ese “otro” probablemente le faltaría algo (y no estoy hablando de dinero), cierta tristeza lo inundaría y posiblemente no se sintiera pleno por su trabajo aunque lo hubiera completado satisfactoriamente. Para ello, me serví de la metáfora del amor. Obviamente, no necesitamos de los demás para respirar, alimentarnos, despertarnos o dormirnos pero sin poder compartir esos momentos con un “otro”, con un alma con la que realizarnos y enlazarnos, muchos de ellos perderían sentido. Nuestra vida carecería de cierto significado. Y esto es un poco lo que le sucede al escritor. Que él, por supuesto, que puede y debe completar sus creaciones sin los demás pero si tuviera la certeza que nadie las va a leer, se sentiría irremediable solo y deprimido. Como le sucedería a la mayoría de los seres humanos, si les dijeran que nunca jamás van a compartir su vida con alguien o besar los labios de otra persona que es en el fondo por lo que pienso que los escritores piden, solicitan lectores. Para conectar, besar y abrazar su alma. Aunque sea retorciéndola para si es posible estrangularla, como han hecho tantos artistas nihilistas. Shalam

الصبْر مِفْتاح الفرج

 El amor y la tos no pueden ocultarse

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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