Una escopeta salvaje

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Esto decía en la nota que redactó Hunter S. Thompson antes de volarse la cabeza de un tiro: «La temporada de fútbol terminó: No más partidos. No más bombas. No habrá más caminatas. Se acabó la diversión. No más natación. 67. Eso es 17 años después de los 50. 17 más de los que necesitaba o quería. Aburrido. Estoy siempre enojado. Nada de diversión. Para nadie. 67. Te estás poniendo codicioso. Hazte cargo de la edad que tienes. Relájate. Esto no va a doler»

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Hay pocos escritores más histriónicos y americanos que Hunter S. Thompson. Sus libros son espectaculares, egocéntricos, viven en el presente, no es que sean intrascendentes sino que rehuyen la trascendencia, dan vueltas y vueltas lisérgicas sobre sí mismos sin llegar a ninguna parte y, sin embargo, poseen una pureza salvaje que no sólo los hace sumamente disfrutables sino casi imprescindibles. Bombas de cocaína que hacen saltar por los aires todos los estereotipos literarios.

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Hunter era un hombre desquiciado. Si no se drogaba, bebía o realizaba una trastada no estaba tranquilo. Era un golfo, sí, pero un golfo con talento y principios. Los suyos. Que eran, hablando claro, los que les daba la gana. Porque él marcaba las reglas. Y obviamente, a menudo se encontraba en fuera de juego o sacándole un corte de mangas al árbitro.

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Hunter se hizo famoso en la época de la psicodelia y el hippismo pero, en realidad, su mentalidad poco tenía que ver con ella. Hunter fue uno de los primeros punks literarios. Alguien más parecido a Jerry Lee Lewis y killers de ese tipo que a un escritor expansivo. No era un buscador sino un destructor. Un pistolero. Tampoco era un visionario sino un cínico con los cojones bien puestos. Por lo que no tiene que ver demasiado con los beats. Casi me atrevería a decir que Hunter no es ya el epílogo de la generación beat sino su losa. Con él, mueren definitivamente los intentos de evasión y la utopía. Kerouac se refugiaba en las drogas y el budismo. Aún buscaba cierta espiritualidad. Ansiaba algo. Aunque no supiera bien qué. Hunter sin embargo vivía en una resaca continua. Lo único que buscaba era otra droga con la que continuar de viaje. Sabiendo de antemano que todo estaba podrido y olía a mierda, como pudo comprobar cuando siguió la campaña que encumbraría a Nixon como presidente norteamericano. Y muchos años antes, trabajando de periodista en Puerto Rico o viajando junto a los Hells Angels por media América.

Hunter en definitiva es, sí, el gran escritor de la mierda de su país. Motivo por el que no le interesaba escribir sobre lo que veía sino lo que vivía. Y también es el hombre que mejor simbolizó la indigestión sufrida tras la victoria en la Segunda Guerra Mundial y los años psicodélicos que precedieron a alunizaje en la luna.

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Si Hunter logró poner de manifiesto la psicótica locura y degeneración del sueño americano fue porque sobrepasó un sinfín de límites morales y éticos. Hizo de su vida esa legendaria película de acción, caídas fulgurantes y repentinos éxitos que se encuentra detrás de la heroica biografía de muchos astros artísticos: John Huston, Marlon Brando, Humphrey Bogart.

A veces parecía competir contra colosos como Hemingway, Burroughs o Scott Fitzgerald en su travesía autodestructiva. Quería ser el más alucinado y vicioso de todos los escritores de su entorno. Así que nunca se dio tregua. Vivió a menudo al filo de la navaja. En una confusa nebulosa de drogas, alcohol, sueños libertarios, egolatría individual y amor por las causas perdidas. Y cuando ya no podía más, hastiado de soportar las molestias corporales provocadas por sus años de exceso, se suicidó. Una muerte que fue absolutamente coherente con lo que había sido su existencia. Un suicidio continuo y postergado en el tiempo tras quedarse huérfano de padre a temprana edad, sufrir los desvaríos de una madre alcohólica y alistarse al ejército (de donde fue expulsado acusado de no seguir las reglas) como el demente que únicamente encuentra en la muerte, el riesgo y la locura, un consuelo y sentido a su existencia. Tampoco por cierto la vida fue muy amable con él cuando decidió honrarla y respetarla: su mujer perdió tres hijos de aborto espontáneo y otros dos al poco de nacer. Hunter, sí, estos trágicos acontecimientos lo dejan claro, no era un maldito impostado. Era un vicioso hijodeputa con suficientes razones para ser como era.

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Hunter era tan grande que se comió a su propia escritura. Era tan excéntrico que logró ser el protagonista de todos sus libros. Era obviamente alguien sin método alguno. De esos hombres que escriben según lo dicte la energía o la inspiración. Creó de hecho el estilo gonzo por casualidad. Por aburrimiento. Hasta los cojones de todo y puesto hasta el culo de drogas, cuando la revista deportiva Scanlan’s Monthly le pidió que le enviara de una vez el artículo que le había encargado sobre el Derby de Kentycky, no sabía qué hacerles llegar. Ni le interesaba aquella carrera ni la había podido ver (en el lugar que ocupaba en la grada apenas tenía visión) ni había estado demasiado sobrio para realizar un trabajo serio. Así que agarró los apuntes que tenía en una libreta, los hizo acompañar de los esquizoides dibujos de Ralph Steadman y los reformó un poco a ver si colaba. ¡Coló! Mas que eso, su editor lo llamó felicitándole. ¡No! ¡Hunter no estaba drogado! ¡La llamada era real!

A partir de ese momento, durante unos cuantos años, (tampoco demasiados) el mundo fue suyo. ¡Hunter había creado un género periodístico como el que inventa una corriente filosófica porque se olvida las llaves de su casa! ¡Una locura! Las puertas de la Rolling Stone se le abrieron de par en par y se convirtió, en cierto modo, en un rock star. Tenía vía libre para hacer lo que diera la gana. Cualquier texto sería considerado una genialidad. No más que le bastaba hablar de sí mismo para ganarse el aplauso del público. Así que si le encargaban un artículo sobre un torneo de pesca, hablaba de sus borracheras y sus peleas en los barcos. Y si le enviaban a Las Vegas, era consciente de que no era tanto por lo que pudiera decir sobre la ciudad sino por lo que fuera a hacer en la ciudad. Así que de un viaje a la capital del juego, sacó ese lúcido, divertido y alucinado disparate llamado Miedo y asco en Las Vegas que condensa en gran medida lo mejor y lo peor de su escritura. Y describe su personalidad a la perfección.

No sé si existe un texto que conjugue cinismo, locura, desenfreno y desparpajo con tanta solidez. Hunter no escribe. Se pega una juerga a costa de los lectores. Ametralla las páginas con anécdotas que hacen reír (impagable, por ejemplo, su asistencia junto a su abogado a la Convención de policías anti-drogas o sus conversaciones con el personal del hotel donde se encuentra alojado) y al mismo tiempo hielan el rostro. Porque, en el fondo, de lo que está hablando Hunter es del puto sinsentido moderno y capitalista. De que la vida en Norteamérica sólo posee una razón de ser si eres un número uno en algo. El más cabrón. El que más dinero tiene. O, como es su caso, el que más drogas es capaz de tomar y más dinero puede dejar a deber en un hotel sin ser atrapado. Y escribir además lo que le da puta gana.

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Hunter S. Thompson aniquiló el entusiasmo capitalista por el alcohol y las drogas para siempre. Condujo al extremo el sueño de todo hedonista hasta casi convertirlo en pesadilla. No dejó una droga sin probar. No estuvo (¡es un decir!) ni una sola noche sin tomar algo nuevo o cometer una locura. El intenso cinismo con que lo hizo fue tan extremo que tras él, no volvió a crecer la hierba. La locura por la cocaína de los 80 ya estaba bañada de superficialidad y artificialidad. No tenía nada que ver con la autenticidad punk de Hunter. Quien, en gran medida, logró que si algún alcohólico deseaba ser creíble, tuviera que mostrar sus heridas en público. Una lección que le sirvió de mucho un viejo truhán con aires de tristeza, como fue el caso de Charles Bukowski.

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Creo que pasar un fin de semana junto a Hunter en un bosque hubiera sido una experiencia enorme. Que era cínico, no tengo dudas. Como tampoco las tengo de que era auténtico. Imagino que, de sentirse cómodo con alguien, y ponerse a hablar en serio sobre la vida y el más allá, sus reflexiones serían cualquier cosa menos superficiales. Resonarían entre los ríos y los árboles convertidos en enormes poemas filosóficos.

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Hunter convirtió la máquina de escribir en un rifle y la escritura en una cacería salvaje. Hablaba de lo que le daba la gana. Se inventaba datos, rumores y se fijaba allí donde nadie mira. No en la obra de teatro o el partido de béisbol sino en los vestíbulos o los lavabos. Allí donde los personajes más impensables hacen negocios, se drogan juntos o se follan a una puta con dinero público. Era un tipo que se gustaba. Pero no se soportaba. No obstante, muchos de los personajes que tuvieron la suerte de conocerlo, lo adoraban. Bill Murray quedó marcado tras interpretarlo en cine. No podía dejar de gesticular, de hablar como él. Lo mismo le ocurrió a Jhonny Deep. Quien se gastó 3 millones de dolares de su propio bolsillo en su funeral. Un acontecimiento (al que asistieron entre otros, el mentado Bill, Jack Nicholson, Lyle Lovett o el senado John Kerry) en el que sus cenizas fueron disparadas al cielo desde una descomunal torre-cañón coronada con el símbolo del Freak PowerShalam

تموت الحرية عند عدم استخدامها

La libertad muere cuando no se utiliza

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:…..el icono de la camiseta es parecido al egipcio del gran «prince»………..
    2ºimagen:..subscrito a la asociacion del rifle, charlton heston llamado «el culebras»en dichaasociacion…jajajj
    3ºimagen:…..coqueto cazador………..
    4ºimagen:…..a mi no me engañas, tu no te has levantado del suelo…….(es lo que le dice en la pelicula «la juventud» el pianista jubilado al lama nepal tambien en el hotel super-top de suiza……..)
    5ºimagen:….angel mateo «el charris» en una de sus paginas…(la flecha en cinzano seria el proximo destino…)
    6ºimagen:…..a este pollo tambien le gusta el «vino tinto con sifon»…….pase usted al cabaret…………
    PD:..7´de la parte «gonzo» de nostalgia-1983-tarkovsky….https://www.youtube.com/watch?v=pU7-F7B9t_I…..
    b)..lilian de celis (la colega todavia vive tiene 86 del ala)…
    ………..https://www.youtube.com/watch?v=Nekl6swdN6g………….

  2. Alejandro Hermosilla on

    1) Trainspoitting. La secuela espacial. Droga y cohetes. 2) Orgulloso de matar. 3) El puto amo. 4) Secuencia final de la serie Mad Men. momento mágico. Conexión Buda-Coca-Cola. 5) En busca de Werner Herzog. 6) Filosofía crápula y bon vivant. Vámpiros. PD: la escena de Tarkovski es mítica donde las haya.

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