El mar delirante

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La República Dominicana es una isla de zombies. De consumo zombie y diversión zombie. Al fin y al cabo, aquí no estuvieron ni Hemingway ni Lowry. Algo obvio. Fuente de colonialismo y basura neoliberal. Playas llenas de demonios y muertos cuyos cuerpos se acumulan en la arena. Gigantescos monstruos comiéndose el sol diariamente y juergas, idas de olla, que son mustios intentos de olvidar. Delirios de azúcar y deseos de embarcar con destino a África o el centro del océano. Pedazos de peces heridos retorciéndose bajo montañas de algas. Y gozaderas, discotecas que son máquinas extractoras de sémen al natural. Hay unos versos del poeta Homero Pumarol que pienso que definen esta ampolla turística a la perfección: “¿Qué hora es?.  Aquí no se pregunta la hora, aquí siempre es hora de irse. Estás en el palacio. El palacio de la esquizofrenia“.Shalam

إِذَا هَبَّتْ رِيَاحُكَ فَاغْتَنِمْهَا

       Las promesas de los nobles son deudas

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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