Hipócrita

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¿Qué es un hipócrita? Un demagogo. Un socialdemócrata. Alguien que antepone el pacto y la amistad a la verdad, no corre riesgos y vive obsesionado (y ocupado) con lo que pensarán los demás de él. Alguien mucho más preocupado por la estética que por la ética. Los hipócritas que conozco, no ríen. Sonríen. Pocas veces les he visto soltar una carcajada. Más que nada, porque son resentidos. Fracasados. Viven luchando porque nadie se de cuenta de cómo son. Sobreviviendo en la medianía. Y por ello, en cuanto tienen la oportunidad, sueltan algún dardo contra sus semejantes. Obviamente, nunca a la cara. O muy pocas veces. Casi siempre por detrás. Los hipócritas socialdemócratas son enemigos de la verdad. Desconfían de ella y les molestan las excentricidades y genialidades porque se sienten inferiores a quienes son capaces de llegar a los extremos. Aunque por lo general, no formulan estas críticas en público. Y muchas veces, incluso declaran admirar a aquellos de los que recelan. Motivo por el que cualquier halago de un hipócrita provoca inquietud. No concede satisfacción ni paz. En realidad, un hipócrita es un envidioso. Posee baja autoestima. Sufre por lo que carece y no disfruta de lo que posee. Un hipócrita  puede convertirse en un buen mensajero. Ocupar un lugar importante en la plaza social. Pero como vive preocupado por sus limitaciones, su cargo termina por ser una condena. Ya que se encuentra asustado tanto por si es descubierto como por el tamaño de las críticas que recibe. Un hipócrita socialdemócrata nunca aceptará ni permitirá que nadie le diga lo que piensa con claridad. Vive huyendo de ese momento diariamente. Y por ello, suele ser él quien dicte opiniones y consignas cuyo recorrido, no obstante, no será muy amplio porque son, en esencia, un escudo para defenderse. No son un trampolín para saltar sino los mimbres para construir un muro más alto y resistente. Algo que, por ejemplo, estamos experimentando diariamente con la deriva censora “progre” tan parecida a la “facha”.

Es difícil conocer los enemigos de un hipócrita socialdemócrata. Los tiene pero por lo general, si no es alguien importante, casi todos ellos optarán por canalizar sus esfuerzos hacia otras direcciones. El hipócrita además, siempre intenta quedar bien con todos. Está rodeado frecuentemente de gente y para no ser apuntado, suele hacer favores o repartir pequeñas prebendas a personas a las que secretamente, envidia. Obviamente, no existe mayor error que comunicar un secreto a un hipócrita socialdemócrata. Más que nada, porque la mayoría suelen ser habladores y para ganarse el favor de sus semejantes y conseguir ser el centro de atención de una conversación, lo más probable es que revelen ese secreto a otros interesados. Al final, ocurre que los hipócritas suelen ser utilizados. Se les comunican verdades y mentiras sin ton ni son y terminan ejecutando el papel de tontos útiles. No hay por ello mayor tortura para un hipócrita que no comunicarle lo que se piensa de él. Pues tanto la inquietud por desconocerlo como la ansiedad por no escuchar esas palabras, lo convierten en un esclavo de sí mismo. Un monigote que va de un lado para otro ejecutando una comedia infinita.

En realidad, los hipócritas socialdemócratas no son trágicos. No tienen capacidad de volar muy alto o descender muy abajo. Siempre están a ras del suelo y sueñan con que el mundo se desvanezca en medio de una dorada mediocridad. Desean sí, que la realidad sea un Congreso político en el que la palabra que más se escuche sea consenso. Shalam

اِحْذَرْ عَدُوَّكَ مَرَّةً واحْذَرْ صَدِيقَكَ أَلْفَ مَرَّةٍ

No todo resbalón significa una caída

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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