Los conventos

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Muchos monjes piensan que no es posible guardar un secreto debido a la existencia de dios. Porque el señor de los cielos además de adivinarlo al momento, es capaz de escuchar el menor de nuestros pensamientos. El más leve de nuestros deseos. Antes o después, sugieren en los viejos conventos, debemos responder de nuestros actos. Seremos purgados. Y los secretos serán revelados y juzgados. Razón por la que es aconsejable meditar u orar. Perder la conciencia en infinitos cánticos que concedan reposo al alma y no inciten a la cólera, la ambición o la envidia. Y de nada sirve guardar silencio. Pues en esencia, nuestra existencia es un amplio secreto continuamente desvelado por dios y el cielo, un oído múltiple e infinito. Una espada lisa que no permite la crueldad, lastima al destructor y corrompe al vicioso, porque únicamente escucha. Es silencioso. Responde al mal con indiferencia y al ego con la ignorancia. Violando con la lluvia o el radiante sol el estado de ánimo de los seres humanos quienes, a lo largo del tiempo, por más que lo han intentado, nunca han conseguido imponerse al yugo, afán escrutador divino. Su silueta de juez rigiendo el paso al infierno o al cielo o la imperiosa necesidad de un nuevo renacimiento.

Obviamente, los enemigos de dios y los santos han indagado cómo dañarlos en múltiples ocasiones. Los corsarios sugieren que para conseguirlo, es necesario que se haga el silencio múltiple y total -puesto que únicamente así dios tendrá dificultades de escuchar las voces de todos los seres humanos existentes- o se ha de conseguir pronunciar una palabra -no importa cuál- al mismo tiempo en todos los confines del mundo. Si dios es infinito sólo puede ser herido a través de la máxima intensidad. El delirio total. Demostrando que la locura es su razón de ser. Que aquello que escucha puede ser utilizado en su contra. Es producto y consecuencia de su alma, la violencia de la creación, y no tanto responsabilidad del ser humano. El pecado, por ejemplo, -dicen- tal vez sea malicia divina. Como el aborto, desgana. Ausencia de poder. Impotencia de revertir sus actos. Sobre todo, haber concedido la libertad a las criaturas humanas que es la razón por la que los monjes están convencidos de que dios escruta todas las mentes: para que no lo torturen en la cruz y le escupan por no haber sido lo suficientemente honrado como para tomar el mando, asumir su destino y convertirse en lo que realmente deseaba ser. Un dictador. Un monarca omnipotente que asesina y denigra incluso después de muertos, a quienes no cumplieron, ejecutaron su voluntad, destrozando los cielos con rugidos que son truenos, gritos que son rayos y silencios en los que el sol acaba con los mares, crea los desiertos y precipita el alma de los seres humanos en las montañas solitarias. Reinos sin amistad y amor donde habitan serpientes rabiosas, los hombres levantan habitualmente sus espadas clamando por una nueva guerra y absolutamente a nadie le importa que dios conozca sus secretos. Como si los castillos medievales y ejércitos fueran en realidad, conventos llenos de crucifijos derruidos. Shalam

 إِنَّمَا يَتَفَاضَلُ النَّاسُ بِأَعْمَالِهِم

 El árbol no niega su sombra ni al leñador

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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