Matusalén

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Hace varios días que, no más despertar, acostumbro a leer dos o tres páginas de La Biblia. En concreto, estoy consultando una revisión de la Reina-Valera de 1909. Denominada así porque se encuentra basada en la traducción original de Casiodoro de Reina publicada en 1569 más tarde revisada por Cipriano de Valera en 1602.

Siendo sinceros, aunque recordaba la mayoría de pasajes tanto del Génesis como del Éxodo, existen muchos otros que aparecen en los Libros de los Reyes, de Esdrás o de las Crónicas de los que apenas tengo más que las nociones básicas de todos conocidas. Y puesto que no me gustaría fallecer con este vacío literario, me he puesto manos a la obra. Eso sí, con suma tranquilidad.

Cuento esto porque mientras leía asombrado la edad de varios patriarcas bíblicos (ninguno bajaba de los 700 años de vida) de los que da cuenta el Génesis, me he dado de bruces con alguien que los superaba en longevidad a todos. Me refiero a Matusalén; el hijo de Énoc y abuelo de Noé. Quien según los redactores y exégetas del Antiguo Testamento alcanzó a vivir la friolera de 969 años. Dato que me ha remitido instantáneamente a esa frase de sabiduría popular referida por lo general a nuestros ancianos, que llevo escuchando por aquí y por allá, desde que era niño cuyo origen nunca había yo intentado desentrañar: “tiene más años que Matusalén”. Más que nada de lo familiar que me ha resultado siempre.

Obviamente, no he podido evitar sonreírme al pensar en los retruécanos del habla popular. En cómo la atenta lectura de diversos pasajes de la Biblia y su repetición continua por parte de las clases populares, forjaron este dicho tan arraigado en nuestro lenguaje común. Pero sobre todo, pensando en la escena de la que pudo surgir, (digna probablemente de aparecer en medio de un relato de El Decamerón o de cualquier sabroso y mágico tratado medieval), e imaginando el rostro de la persona que, tal vez en un mercado o en la puerta de una iglesia, provocara la extrañeza de un amigo o familiar al afirmar con rotundidad que su abuelo tenía más años que el patriarca aquel que había nombrado el cura en misa. Ese que era familiar del que construyó el Arca que salvó a la humanidad durante el Diluvio Universal. El tal Matusalén. Shalam

يمكنك أن تثق الناس سيئة. لا تتغير أبدا

Se puede confiar en las malas personas. No cambian jamás

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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