Propaganda

0

Hoy quisiera tratar un tema en avería -la sensibilización- que realmente me provoca sarpullidos en el estómago. Tanto malestar me produce que como ahora me encuentro corrigiendo Ruido, me estoy planteando colocar el siguiente pasaje en el libro. Ahí va:

¿Qué es la sensibilización? Propaganda. Para obligar a una sociedad a pensar como tú quieres, hay que sensibilizarla. Cualquier campaña de sensibilización no es más que manipulación. La sensibilización es pienso para borregos. Una imposición. Es una de las típicas estrategias de la socialdemocracia para imponer su voluntad totalitaria sobre las masas. Se escoge una víctima, alguien débil o históricamente maltratado -una mujer, un minusválido, un homosexual o un emigrante- y se lo utiliza como coartada, barrera, muro defensivo para llevar a cabo una ofensiva fascista. Los progres siempre van con su estampilla del negro africano hambriento o la mujer maltratada a cualquier reunión social No se despegan de ella. Sus oficinas están empapeladas con enormes, gigantescos posters llenos de consignas a favor de la igualdad y de rostros de mujeres llenas de moratones y heridas. Pero no nos engañemos. A los progres les dan igual los negros escuálidos y los emigrantes que sufren. Cuando van a ver por ejemplo a las mujeres, desde luego que las abrazan y si es necesario, sueltan una lágrima pero en el fondo, ellas no les interesan lo más mínimo. Les importa, eso sí, su dinero en el banco, los votos, y el prestigio social que pueden sacar del sufrimiento. Pero no les pidas, no les solicites, no les ruegues que duerman con las víctimas o se mezclen en sus urbanizaciones y chalets de lujo con los marroquíes cuyas causas defienden con tanto ardor y esas contenidas sonrisas de falsa inteligencia. Los progres, de hecho, son máquinas de buscar injusticias y violentos machistas por todas partes. Si un mes no hay un asesinato, se lo inventan. Y si eso no da resultado, sacan a la luz cualquier causa de un colectivo oprimido para reivindicarse, sin importar lo absurda que pueda ser. Caso por ejemplo de esos incendiarios discursos y anuncios emitidos en contra de los hombres que abrían sus piernas al ocupar su asiento en el metro. Casi una cuestión de estado durante unos días.

En fin, no nos engañemos. No hay nadie más ególatra y soberbio que un socialdemócrata. Los fascistas de la derecha están acomplejados. Por lo general, son personas timoratas que se avergüenzan de su oneroso pasado y suelen calcular bastante bien dónde han de golpear, puesto que son muy torpes haciendo ejecutar sus órdenes. Razón por la que sufren la necesidad de pactar y consensuar constantemente cualquiera de sus estériles ideas. Esos refritos dictados por sus jefes que obedecen sin rechistar. Pero los progres son más complejos y sibilinos. Probablemente más peligrosos. Ya que necesitan retorcer la realidad constantemente y levantar de la nada causas humanitarias para ganarse el sueldo. Mantener su puesto. Su plaza de poder. Y como piensan que son herederos y testigos de las víctimas y sienten por consiguiente, que no tienen nada, absolutamente nada de que avergonzarse, terminan por ser más fascistas que nadie a la hora de imponer sus ideas. Que intentan, eso sí, en lo posible imponer sin utilizar la violencia. Pues para hacer ejecutar sus órdenes ya tienen un arma mucho más dura y efectiva: la sensibilización. La maldita sensibilización.

En realidad, los progres nos quieren sensibilizados porque nos necesitan borregos. Y nos necesitan sensibilizados porque si nos obligaran -como, en realidad,desean- a cumplir sus órdenes por la fuerza, perderían su estúpida razón progresista. Casi todas las campañas de sensibilización, repito, son propaganda al servicio del estado. De quien controla el estado. Son populismo fascista extremo. Como los políticos progres y quienes diseñan sus ridículas campañas son muy conscientes del ridículo engaño al que someten a la población y saben perfectamente que sus ridículas ideas no resistirían ningún debate serio frente a un analista serio, apelan seriamente a los sentimientos. A la maldita sensibilidad. Al sensacionalismo de los sentimientos. Y crean monstruos que están convencidos de que sus sentimientos son la realidad. De que todo aquello que sienten es la verdad. Personas que creen que su región es nación porque así lo sienten. Personas que exigen ser tratados como hombres o mujeres a pesar de tener un sexo diferente porque así se sienten. E incluso personas que abortan y exigen ser llamadas progresistas y humanistas porque no creen haber matado a nadie. Al contrario, sienten que han preservado una vida. Sienten que son benefactores. Sienten que son cuidadores. Salvadores de esos músculos y huesos que yacen en el basurero de un hospital. Lo dicho. Una masacre moral. Shalam

إِذَا أَرَادَ اللَّهُ هَلاَكَ النَّمْلَةِ أَنْبَتَ لَهَا جَنَاحَيْنِ 

El amor hace pasar el tiempo y el tiempo hace pasar el amor

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

Deja un deseo