Calabazas psicóticas

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Me basta con escuchar los primeros acordes de “Cherub rock”, esas guitarras estridentes que flotan en mareas psicodélicas de ruido y se disuelven en el aire como medusas en los océanos, para entrar en trance. Porque The Smashing pumpkins eran una banda rebelde y esquiva. Arrojaban continuamente dardos contra la comodidad y el aburguesamiento que se convirtieron en la banda sonora ideal para la retorcida psique del individuo moderno. Una ilustración de sus esquizofrenias cotidianas llevada a cabo a través de innumerables melodías marcianas que bebían en las fuentes de la psicodelia, el prog y el dream pop. Pervirtiendo los postulados de todos estos estilos con el objetivo de que el oyente perdiera la cabeza. Muchos de nosotros, de hecho, conforme sus canciones retumbaban en nuestros oídos, nos convertíamos en hormigas enloquecidas o saltamontes. Parecíamos en verdad, conejos encerrados en la celda de un manicomio destinados a ser sometidos a todo tipo de experimentos.  

Me cuesta pensar en The Smashing pumpkins como músicos comunes y corrientes. Todavía continúo identificándolos con insectos, alienígenas o vampiros que sorbían la sangre de sus fans con sus letras y melodías oscuras, parecidas a pozos de heroína. Inyecciones profundas de nihilismo que eran verdaderos reconstituyentes ante el vacío vital. La cotidiana rutina en la que se disolvía una existencia sin alicientes que The Smashing Pumpkins conseguían con un solo acorde que entrara en la categoría de extraordinaria. Pasara de ser una fuente de tristeza y desolación sin sentido a convertirse en un territorio de incertidumbre repleto de innumerables rutas por abrirse.

Smashing Pumpkins lograron con unas pocas canciones reflejar todo un mar de ambiguos sentimientos que azotaban a los jóvenes durante los 90. Supieron expresar tanto su falta de identidad como la progresiva pérdida del porvenir. Fueron los primeros profetas del mundo sin trabajo y el apocalipsis que la fe occidental viviría durante el siglo XXI. Y se convirtieron en el paradigma de la extrañeza, la monstruosidad y cientos de freakies sin tener necesidad de hacer alarde de ello. Consiguiendo, sí, que los discos sangraran y las noches se abrieran para escuchar unos temas que reflejaban perfectamente el miedo a una sociedad caótica cuya principal función era acomplejar y anular a sus integrantes. Shalam

 لِكُلّ شمْس مغْرِب

Alá es fuerte pero ata tu caballo

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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