Desertshore

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Desertshore nunca me ha parecido un disco de pop pero tampoco de música de cámara. Pues cada vez que me atrevo a sumergirme en este suntuoso mosaico negro, siento que me encuentro frente a  una muerta. Una mujer fallecida que emite cánticos, lamentos o entona melodías dulces desde el más allá. En las proximidades de un cementerio, un campo nevado o un desierto donde fue enterrada sobre el que se desplaza ahora como un espíritu errante y delicado.

Aunque bien podría ser también Desertshore el rezo de una hechicera convocando a varias mujeres asesinadas a expresarse a través de su garganta. Razón por la que apenas me acerco a este disco salvo en ocasiones especiales. Porque lo considero una invocación o un ritual. Una misa sagrada que cobra todo su sentido escuchada en el momento y lugar indicados. Cerca de una catedral gótica o en medio de un monasterio rodeado de caballos y monjes encapuchados que no pronuncian una sola palabra y reciben estas canciones como si fueran rezos, las confesiones de una pecadora o los llantos de una madre desgarrada tras la muerte de su hijo.

De hecho, a veces, al escucharlo, he tenido la impresión de que no era un disco real, que procedía de alguno de mis sueños o que era recitado por alguna mujer pintada en un vitral que cobraba vida por unos instantes y, sin dejar de ser una imagen inanimada, me legaba un mensaje cuyas últimas resonancias y significados, al igual que los de todo texto simbólico, no terminaba de comprender. Se me escapaban de las manos como las plumas del cuerpo de un canario que cayera muerto entre las exuberantes, asfixiantes enredaderas de un solitario torreón.

la-cicatrice-interieure-1972-mkv_snapshot_10-26_2014-11-09_19-16-08En cualquier caso, gran parte del inquietante magnetismo de Desertshore se debe a John Cale, quien ejerce aquí de misterioso caballero errante. Componiendo texturas ingrávidas, atonales, medievalistas para que la potente y frágil voz de Nico encuentre la atmósfera adecuada para desarrollarse.

En realidad, es a él a quien se debe el tono oscuro y viciado no exento de cruel inocencia que recorre esta flor negra. Esa quebradiza levedad capaz de transformar cada nota en la puerta de un castillo, cada acorde en un candelabro con el que recorrer pasadizos y calabozos y cada canción en una vela con la que ayudarse a recitar en voz alta los poemas de Arthur Rimbaud en las tabernas. Pues es gracias al tormentoso y evocador acompañamiento propuesto por Cale que la voz de Nico termina por parecerse tanto a la de una sirena como a la de una valkiria. Transformarse en una mezcla entre una decadente y extraña soprano de una ópera de Wagner y una artista adolescente triste y mutilada. Y que cada uno de los instantes pasados dentro de este disco, se convierten en un viaje a un paisaje fronterizo y limítrofe entre la locura y la cordura de una belleza crepuscular inaudita. Una invitación a recorrer uno de esos pocos y extraños, imaginarios territorios donde el aire se puede cortar con las manos y el arte hiere, daña y crea su propia realidad.

cicatrice_0En fin, Desertshore es un castillo vacío. Un círculo de fuego brotando de un suelo húmedo. La música de un funeral o del bautizo de un héroe trágico. Es la violencia transformada en poesía. Voces de ninfas retumbando en la mente de los emperadores romanos durante el declive del Imperio. Briznas de la cultura caronligia salpicando en la piel y ojos de cientos de nibelungos encandilados al ver bañarse en un lago a una diosa. Violines que parecen alas de un extraño pájaro y voces semejantes al cuello de un cisne. Es, en definitiva, un disco parecido a una leyenda romántica. Una obra que nos sugiere que el arte es un reino perdido que nunca podremos recuperar pero que, aun así, todavía es posible otear sus contornos apareciendo entre la maleza de los bosques, los cielos sombríos y los reflejos de la luna en los océanos. Shalam

إِذَا طَالَتِ الطَّرِيقُ كَثُرَ الْكَذِبُ

Los avaros tienen más hambre después de comer que antes de hacerlo

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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