Eddie

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¿Qué quieren decir los símbolos de esta civilización? Uno de los más famosos, Eddie, la creación de Derek Riggs y el fetiche de Iron Maiden, apenas ha originado ensayos y artículos. Al menos que yo sepa. La mayoría de textos consagrados a él, se refieren a los cambios de dibujantes o la mayor o menor aceptación de su nueva transformación. Pero, ¿qué quiere decir Eddie? En realidad, creo que me hice esta pregunta desde la primera vez que lo vi, caminando airado por una futurista plaza y una pistola láser en sus manos, en la portada de Somewhere in time. Pero obviamente no aspiro a contestarla. Como tampoco quisiera saber lo que significa Godzilla. Más que nada, porque es inevitable hablar, según pienso, de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki al referirse a la creación de Ishiro Honda. ¿Quién sabe? Tal vez este carismático alien no haya motivado muchos escritos porque aquello que transmite, es evidente. No resulta difícil definirlo como un símbolo de la bestialidad reprimida. La animalidad salvaje e inconsciente. O describirlo como una mezcla entre un zombie y un monstruo lovecraftiano. Aunque creo que Eddie también tiene mucho de espíritu errante y marciano. De extraterrestre. De hecho, lo considero, ante todo, un oculto mago consciente de sus múltiples reencarnaciones y metamorfosis. Una fuerza diabólica bañada en los labios divinos cuya presencia prevalecerá a la de la raza humana. Fue un lagarto depresivo antes del origen de la melancolía y será una potencia anímica, un jeroglífico vivo grabado en un glaciar, cuando la alegría decaiga.

A pesar de su monstruosidad, Eddie posee cierto toque, algo en su arisco aspecto, que lo hace simpático. Nos hace suponer que si, como una ráfaga, apareciera ahora mismo en nuestra habitación, no acabaría con nuestras vidas. Su saña y furia se la dedicaría a víctimas más proclives a su temperamento vengativo como aquella Margaret Thatcher a la que apuñalaba en una de las más recordadas y celebradas portadas de la banda británica. ¿Cuál es ese rasgo que lo hace afable? Probablemente su crudeza. La sensación de que, a pesar de que aparece sobrevolando los más distantes y fantasiosos paisajes y lo podemos encontrar en las más inverosímiles situaciones, Eddie es verdad. No miente. Su crueldad y fiereza son auténticas como su ansia de sangre. Parece más real que muchos de nuestros contemporáneos. Y casi que podemos sentir sus escupitajos y latidos. Algo que, en un mundo repleto de estrellas de plástico, merece ser tenido en cuenta. Dota al personaje de credibilidad. Pues representa todo aquello que la modernidad desearía desterrar: la guerra, el ocultismo, los misterios egipcios, la bestialidad, Dionisos, el asesinato, la rebeldía y el más allá. Sólo hay que echar un vistazo a los diseños de Derek Riggs, Melvyn Grant, Hugh Syme o Tim Bradstreet para comprobarlo. Eddie es políticamente incorrecto. Un bárbaro y un alienígena que no respeta ley alguna. No pestañearía si tuviera que matar a un político o a un policía. A cualquier representante del orden. Es un superhombre nitzscheano que no tiene tiempo y sobre todo, ganas de leer filosofía. Las confusas teorías de los orcos alemanes. Parece salido de una pesadilla de William Blake. Haber emergido del círculo negro trazado en una puerta por Ailester Crowley. Formar parte de los Anunnaki. O ser el reflejo de un dios arquetípico. Es, en definitiva, lo “sagrado” prohibido. Aquello que teme la civilización: la muerte. La maquiavélica, maligna y también socarrona muerte. Una muerte superior e indomesticable que inevitablemente ha de reírse de nuestras preocupaciones. Pues su soledad es y será eterna sin importar las metamorfosis y progresivas transformaciones que sufran el mundo y los seres humanos.

Pero Eddie es también un terrorista. Lo innombrable o todo aquello que la sociedad de consumo tiene temor a nombrar. Y creo que eso es lo que lo hace tan atractivo y que, a pesar de su fiereza, muchos lo amemos. Haya mujeres que le entregarían su alma. La seguridad que poseemos al verlo de que hará su trabajo con eficacia. Y no vacilará en destruir este mundo si es que lo merecemos. El desprecio con el que trata a los habladores y el valor que concede a los silencios. Porque Eddie es el ocaso y el incesto. Un cadáver descuartizado y un arma cargada. Un fusil que apuntará siempre al cerebro de la humanidad y acariciará su corazón, antes de comérselo. En definitiva, un mensajero apocalíptico que, como si fuera un buitre, recorre diariamente nuestros hogares dando alaridos. Gritando que todos y cada uno de nuestros días pueden ser el último. Shalam

القافِلة تسير والكِلاب تنْبح

La belleza es un reino que dura poco

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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