El barrio (1)

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Dejo a continuación la primera parte de un avería sobre Ramoncín que, debido a su extensión, dividiré en dos. Ahí va

El barrio (1)

Hace dos o tres tardes me encontraba tomando un café en el bar donde lo hago a menudo. Allí suelo entablar conversaciones más o menos animadas con el dueño. A veces, el tema estrella es el fútbol y otras el rock. Su padre poseía un bar y una discoteca en el Madrid de los 70. Eran otros tiempos y los primeros días de cada mes, mi amigo realizaba una gira pacientemente por todas las compañías de la ciudad donde, a cambio de pinchar continuamente los tres o cuatro temas comerciales de la temporada, le daban discos de King Crinsom, Fudgie o steely Dan. Gracias a ello tiene una colección de más de cinco mil vinilos originales. También de tanto en tanto, su progenitor invitaba a tocar a sus antros a distintos grupos. Fue allí donde asistió a escasos metros a conciertos de leyendas del cariz de Coz, Rosendo o Topo. Lo paso bastante bien escuchándolo hablar de sus recuerdos musicales. Además de descubrirme unas cuantas bandas, este señor tiene criterio. Así que se me ocurrió preguntarle qué opinaba de Ramoncín. Su respuesta no me sorprendió. Me dijo que era un tipo que andaba por ahí queriendo llamar la atención. Alguien que, además, iba por libre. Pero no me supo decir nada de sus discos. Ni de Fe ciega o Como el fuego ni de Arañando la ciudad. Básicamente, no los había escuchado. Pero, eso sí, su opinión era bastante clara. Ramoncín era un estúpido. Ya. Ok. ¿Y la música?

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Lamentablemente, si he contado esta anécdota es porque se repite más frecuentemente de lo que debería. Ramoncín es (o al menos fue hasta no hace mucho) el saco de boxeo de la sociedad española. A quien desea demostrar que se encuentra en consonancia con su época y congéneres o ganarse el aplauso fácil, le basta con criticarlo. Un deporte tan extendido que creo que hay pocas actividades más políticamente correctas e irreflexivas que ésta. Un hecho que, si bien ha sido llevado al extremo durante los últimos años, se encuentra en consonancia con lo que sido gran parte de la carrera del rockero. Cuando comenzó a tocar, le tiraban huevos en los escenarios y ahora le revientan en twitter y facebook con linchamientos llenos de saña y estupidez.  Obviamente, su entrevista más famosa no es ninguna de las muchas que dio para Popular 1 sino aquella llena de tensión y descalificaciones mutuas realizada por Santi Carrillo en rockdelux a raíz de la publicación de La vida en el filo en la que ni el uno ni el otro quedaban demasiado bien. ¡Pa chulo tú, chulo yo! Así que supongo que cuando nació, sus planetas debían estar alineados en una conjunción astral marcada por la confrontación hasta el punto de que Ramoncín y polémica son casi palabras sinónimas. De hecho, pienso que es de los se crecen ante la adversidad y las críticas. Alguien que se siente cómodo en el ring de boxeo al que las luchas y combates lo justifican y dan fuelle. Una persona que disfruta más en medio del vértigo cotidiano y cerrando bocas que en la paz del campo o el perfil bajo. Desde luego, desapercibido no pasa para bien o para mal.

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La discografía de Ramoncín se encuentra llena de obras muy disfrutables y canciones memorables. De esas que no se olvidan jamás. Sus dos primeros discos (Ramoncín y WC? y Barriobajero) son dos joyas protopunk realmente inusuales en el rock español. Sólo se me ocurre compararlos  -y eso a lo lejos- con el realizado por Kaka de Luxe. Existen en ambos una belleza bestial. Ramoncín no canta con el descaro de los pillos ni, como lo haría después, con la lírica de los rockeros nocturnos. Lo hace con el tono agrio y rabioso de los desesperados. No lo hace con la voz sino con los testículos. Con las entrañas y la bilis. La rabia de alguien que está hasta los cojones de una sociedad a la que fustiga incesantemente en canciones parecidas a navajazos.

Es imposible no resaltar lo afiladas que se encuentran unas guitarras que vibran como las que aparecen en los discos de Stooges y Lou Reed. Un acompañamiento a medida de un artista que juega con la ambigüedad. Está construyendo un personaje mutante, nocturno y peligroso que hace rememorar a los del glam y el punk inglés porque su espíritu es el de la cochambre. Ambos discos (sobre todo, el primero) hacen pensar en aquellas sucias obras cinematográficas de Bigas Luna, Bilbao y Caniche, y en el alma nocturna de los asesinos más que en los barrios bajos de Madrid.

Nadie en España era tan osado y atrevido como Ramoncín cuando aparecieron estas obras casi suicidas (la primera por cierto se presentó con una mítica, morbosa y atrevida portada realizada por Martín J. Louis) que clamaban más por la destrucción que por la creación de un proyecto en común. Eran excrementicias y venenosas. Un atentado contra la cultura oficial que, obviamente, llamó la atención de casi todo el mundo. Puso los focos en la desafiante figura de aquel muchacho desgarbado con desafiantes aires nihilistas capaz de joderle la digestión a cualquier presentador de televisión y de responder con saña y sin miedo a quienes deseaban ponerlo en evidencia con dos o tres chistes fáciles.

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Arañando la ciudad es ese disco mítico (lleno de protuberancias, granos, salivazos, arañas y hallazgos) que todo artista que haya logrado dejar su nombre grabado en el rock, logra crear antes o después.

Salvando las distancias, Arañando la ciudad es a Ramoncín lo que The Number of the beast a Iron Maiden, Transformer a Lou Reed, Sad wings of destiny a Judas Priest o Ziggy Stardust a David Bowie. Si sólo se quiere o se puede escuchar un disco de Ramoncín, ese es sin dudas este. Una maravilla árida y ácida que logra travestir y carnavalizar el brutal y rocoso sonido de sus dos primeras obras sin perder peligrosidad. Conecta con la atmósfera de la naciente Movida, el rock stoniano, Tequila y las marcianadas marchosas de Burning sin dejar de lado muchas de las salvajes influencias anteriores: Sex Pistols, The Damned, New York Dolls. Además, no sólo posee dos o tres de esas canciones que definen una era («Putney bridge», «Ángel de cuero», «Reina de la noche») sino uno de esos himnos («Hormigón, mujeres y alcohol») que describían a la juventud de los barrios españoles con una precisión absoluta. Hay quienes piensan que «Hormigón» es la canción que da la carta de salida a la popularización del rock urbano español, que en ella se encuentra el germen de grupos como Barricada y la verdad es que, más allá de posibles exageraciones, en esencia estoy de acuerdo.

Arañando la ciudad ya no es una jeringa de heroína malsana como sus anteriores obras. Aquí la droga se encuentra filtrada. Tratada. Pero aún así sigue siendo nociva y destructiva. Es un eructo elegante pero eructo al fin y al cabo que se atreve a mirar de frente tanto a las primeras obras del heavy como del punk español. Creando su propio y atrevido espacio sonoro lleno de canciones parecidas a siniestras flores raras. Shalam

المطلق دائما مرضي. لا يهم إذا كان الكراهية أو الحب أو الصداقة

Lo absoluto es siempre patológico. No importa que sea odio, amor o amistad

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:….foto natural….me han dicho que puedo vivir de esto(la musica-la letra-el rock)…………
    2ºimagen:…..hare lo posible….hare todo lo que me diga mi manager-casa discos……
    3ºimagen:…..ya te lo dijimos: haremos el hueco en el panorama español…..(emi)…..
    4ºimagen:….me han dicho que puedo vivir de esto (musica no-letra no-tampoco el rock)…..(quizas sea creible un periodista del cutre lumpen)…….1sonrisa….
    PD:….https://www.youtube.com/watch?v=6WDSY8Kaf6o….whiskey in the jar…..1973….thin lizzy…riff del inconsciente colectivo………..2sonrisa…..

  2. Alejandro Hermosilla on

    1) Viviré más años que Rimbaud. Soy más pícaro que el más maldito de los poetas. 2) Vengo de Londres y vosotros no. 3) Portada digna de aparecer en una película de Jesús Franco. Ramón el maldito y las sirenas de la cultura rock. Nueva revisión de Capeructia. 4) Cuando Transformers se encuentra con el Litri y Alberto García Alix. PD; Hace poco compré un libro sobre Thin Lizzy. Una banda que adoro a la que pronto habrá que dedicar un avería. Sin dudas, inconsciente colectivo eterno ese riff. Phil linott en la liga de los grandes. Imagino un dueto junto a Hendrix.

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