El final del ruido

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Llevo varios días durmiendo a trancas y barrancas y trabajando sin cesar pero realmente hoy puedo decir que me encuentro satisfecho porque, ahora sí, al fin, estoy en la recta final de Ruido. Si todo marcha y continúa según lo previsto y no me da un ataque de sueño puedo incluso terminarlo este domingo y bueno, a partir de ese momento, me dedicaré a corregir determinados detalles de la novela según las indicaciones de dos buenos amigos que me ayudarán a terminar de perfilarla pero en esencia, el trabajo primario y fundamental ya se encontrará totalmente terminado. El texto pasará a sala de montaje y dentro de un mes ya quedará sepultado en mi disco duro esperando el momento de emerger a la luz mientras comienzo la tercera parte de la trilogía del horror, Los puercos. ¿Qué puedo decir? Ruido ha sido una novela catártica que me ha hecho mucho bien escribir. Creo que no he matado a nadie en los últimos meses porque sabía que cuando llegara a mi casa, estaría el libro ahí abierto de par en par esperando que yo lo escribiera. Ha sido y está siendo un bálsamo crearlo. Tanto que ya ni siquiera siento odio por algunas de las personas cuyo comportamiento me animó y casi que me obligó a escribirlo. Siento ahora una mezcla entre la pena y la indiferencia hacia ellas puesto que como creo haber soltado todo lo que debía soltar y decir todo lo que tenía que decir, me encuentro básicamente en paz a este respecto. Como si mi conciencia me premiara con dosis de tranquilidad por haberme desahogado a lo grande y haberlo hecho en forma creativa. Intentando que mis experiencias personales pudieran ser comprendidas y entendidas por toda la humanidad y no quedaran tan sólo en mero exabrupto o vomito de un desequilibrado que es por otra parte aquello que el personaje que protagoniza la novela es. Algo sumamente importante porque de esta manera el libro pienso que se universaliza y retrata un ambiente, era y momento de la cultura especialmente oneroso. En fin. Han sido tantos los discos que he escuchado cuando escribía Ruido que aunque hiciera una lista enorme donde hubiera más de cien, no podría contenerlos a todos. Y no sé si seré capaz de hacer una recopilación de ellos cuando termine de escribirlo pero por hoy, me contentaré con dejar una lista de los realizados por compositores clásicos del siglo XX y XXI que me han acompañado durante los últimos meses.

 1. Alban Berg. The Alban Berg Collection.

 2. Gabriel Fauré. Requiem.

 3. Henry Gorecki. Symphony nº 3.

 4. Gyorgy Ligeti. Le grand Macabre.

 5. Helmut Lachenmann. Gran Torso.

 6. Johann Johannson. Englabörn.

 7. John Cage. Europera 3,4 y 5.

 8. Mauricio Kagel. Die Stücke der Windrose.

 9. Witold Lutoslawski. Orchestral Works.

10. Max Richter. Memoryhouse.

11. Olivier Messiaen. Turangalila Symphony.

12. Morton Feldman. Sabine Liebner-Triacic Memories.

13. Parmegiani. De Natura Sonorum.

14. Krzystof Penderecki. Complete Cello Concertos.

15. Horatiu Radulescu. The quest.

16. Witold Lutoslawski. Concert for Cello and Orchestra. Shalam

وعاد بِخُفّيْ حُنيْن

 La verdad que daña es mejor que la mentira que alegra

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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