Electricidad revisitada

0

No me ha resultado extraño que el libro de Edi Clavo (batería de Gabinete Caligari) Electricidad revisitada sea una visión muy certera sobre el rock español. Casi una precisa radiografía de su evolución y desarrollo. Además de una verónica de Curro Romero en blanco y negro. Gabinete Caligari nunca fue un grupo adolescente. Jamás vivió la arritmia de los celos, primeros besos e inseguridades. Siempre -incluso en sus inicios- fueron adultos. Casi maduros. Niños de veintitantos años con la mente de hombres de cuarenta o cincuenta. Marineros recién salidos de un arponero yendo a tomar vinos por una ciudad antigua. Y resulta lógico que aproximándose a la sexta década de vida, uno de sus componentes haya conseguido crear un texto con vocación de retrato generacional. El cruce exacto entre la visión oficial y la alternativa. Un testimonio directo y afilado, sobre la época multicolor. Cine expresionista y antiguos documentales de Dylan proyectados en las paredes de una multitudinaria discoteca.

Ocurre también que los baterías suelen encontrarse al fondo del escenario. Situados en un lugar desde donde pueden visualizar la espalda de los componentes del resto del grupo. Esto es; además de actores, son en gran medida observadores. Y pueden extraer conclusiones globales bastante certeras. Más cercanas a la “viva” objetividad que las de los críticos -demasiados prejuicios e investigación detrás de ellos- y las de los cantantes o guitarristas que por lo general, al ser el foco de interés, ponen el acento más en aquello que les sucedió a ellos que en lo que realmente estaba ocurriendo. Algo también habitual con escritores que tal vez por un exceso de sensibilidad, tienden a magnificar cualquier suceso en donde se ven envueltos. Acontecimientos que sublimados pueden transformarse en arte pero circunscritos al marco biográfico, probablemente carezcan de interés. Sean carnaza de bar. Anecdotario sin interés. Ego suelto sin riendas. Todo lo contrario de lo que ocurre con el texto urdido por este licenciado en arte. Una resaca bien digerida. Una corbata precisamente ajustada a la camisa. Un pantalón con la raya en medio claramente definida. Y casi un crudo y contenido retrato de García-Alix. En definitiva, una revisión muy centrada y ajustada de su trasiego en el mundo de la música en simbiosis con varios de los conciertos a los que asistió como público y, por un motivo u otro, marcaron su vida y, en cierto modo, definieron una época.

Las virtudes de Electricidad revisitada son muchas. Pues posee múltiples y complementarias lecturas. En primer lugar, es una biografía muy completa de Gabinete Caligari que explica detalles y datos importantes: su formación e influencias, las sesiones fotográficas de las portadas de sus discos, el estado de gracia al grabar Cuatro Rosas, la decepción por no haber podido alcanzar el austero y duro sonido pretendido en Privado, la asimilación del éxito con Camino Soria,  el papel de Phil Manzanera en su notable Cien mil vueltas, las desastrosas sesiones de grabación de Gabinetissimo en Inglaterra, los cambios de compañía finales, las últimas frustraciones y como consecuencia del olvido y el desinterés, la separación de un grupo cuya propuesta como la de tantos otros -Radio Futura, Golpes Bajos, Nacha Pop- había dejado de tener sentido en los 90 entre el narcótico del indie y el neoliberalismo salvaje. En segundo lugar, también es una visión del rock muy personal de Clavo: su fascinación (como la de tantos jóvenes de la época) por la escena londinense de principios de los 80, su perenne simpatía -a pesar de los sinsabores- por los Stones, la locura Ramones, el respeto por ciertas leyendas -Steve Marriott, Neil Young, Joe Strummer-, la atracción morbosa por Siouxie and the Banshes, el rechazo al indie,  y una cierta reconciliación con la música de cuyos brebajes se ha alimentado hasta ahora -esa tesis de doctorado centrada en las portadas de discos-, a través de White Stripes. Y por último, y tercer lugar, es un retrato muy pormenorizado -a veces en primer plano y otras, en segundo- de la evolución del pop y el rock español desde el fin del franquismo hasta comienzos del siglo XXI. Pues por sus páginas desfilan incisivas reflexiones y anécdotas sobre Burning -¿ha descrito alguien mejor que Edi un concierto de los madrileños?- el Rock-Ola, Christina Rosenvinge, José Carlos Molina, Héroes del Silencio, Malevaje, Javier Corcobado, Andrés Calamaro, Alaska o los tradicionales vacíos y desencuentros entre el público latinoamericano y los músicos españoles. Permitiendo además, dejar entrever al lector atento -sin necesidad de explicarlo- cómo y porqué la política española y el rock patrio forjaron un matrimonio de conveniencia durante unos intensos años en que no dudaron en aprovecharse mutuamente el uno del otro para conseguir sus objetivos: en el caso de la política, dar una imagen de apertura y modernidad del país a medida que se desactivaban focos de resistencia social y en el caso del rock, alcanzar el éxito masivo. Vivir la gloria y sus consecuencias -groupies, drogas, dinero, fama- sin temor a censuras ni absurdas rigideces.

Lo cierto es que termina uno de leer Electricidad revisitada y comprende perfectamente porqué -recurriendo de nuevo a la absurda polémica que los rodeó desde sus inicios- Gabinete Caligari fue un grupo “fascista”. Puesto que no hay una sola errata en el texto. Y si la hubiera, estoy convencido de que sería elegante. Porque Edi escribe como un señor. Con una prosa contenida pero sumamente descriptiva. A medio camino del ensayista y el biógrafo, el periodista y el fan, el motero y el dandy. Prestando atención a los detalles y tonos de la escritura, al fondo de la escena, como si fuera un productor preocupado porque el disco suene exactamente como desea. Que en esta caso, sí, es prácticamente como una crónica dylaniana. O cualquiera de aquellos castizos discos de Gabinete Caligari donde entre rememoraciones de bares y restaurantes madrileños, poemas de Machado, cigarrillos Ducados, pasodobles taurinos, canciones de los Chichos, fotos del As y posters de Penthouse arremolinados en talleres mecánicos, se escuchaban los filtros de sinuosas melodías siniestras. Blues y folk de tintes telúricos y aires orgullosos, destrozando como tijeras sangrientas la portada del ABC. Shalam

إِنَّ اللَّبِيبَ بِالإِشَارَةِ يَفْهَمُ

El hombre sin barco se encuentra atado a la tierra

encabezado_averia

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

Deja un deseo