Espíritu gusano

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Sólo he participado en dos conciertos en mi vida. ¡Suficiente! Los dos, por supuesto, fueron una locura. La primera vez tenía 17 años. Los componentes del grupo pasamos más tiempo peleándonos entre nosotros que ensayando. Los únicos músicos solventes eran el batería y el bajo. Los guitarristas habían aprendido a tocar dos meses antes. Se sabían unos cuantos acordes. Yo no tenía ni idea de cantar. Fui al conservatorio con una camiseta de Motorhead y un señor me señaló amablemente la salida. Suplí mis carencias tomando miel diariamente para endulzarme la garganta. Para rematarlo, decidimos llamarnos los Rockamora. Desconocíamos que ese era el sobrenombre del grupo que Al Matthews, Santiago Campillo (M. Clan) y Miguel Bañón (Los Marañones) utilizaban de tanto en tanto cuando se reunían a tocar al margen de sus bandas principales. ¡Casi nada! Por eso cuando me puse delante del micrófono aquella noche había una expectación desmesurada. No cabía un alma en la sala. Diez minutos después tan sólo quedaban nuestros compañeros de colegio y los habituales de la discoteca Olimpia. Pero al menos a mí no me importó. Canté con rabia y sin vergüenza (además de rematadamente mal) algún tema propio y las versiones de Iggy Pop, Creedence y Black Crowes que llevábamos preparadas y salí a hombros (podía también haberme liado a hostias) de dos o tres compañeros de clase que se habían emborrachado hasta las trancas. Obviamente, no repetí la experiencia. Días más tarde, un amigo me dejó La metamorfosis de Franz Kafka y el Watchmen de Alan Moore y ahí me quedé.

……………

La segunda experiencia fue bastante mejor. Poco más de veinte años después. Acababa de regresar de un viaje a México. A José Alcaraz (editor de Balduque) se le había ocurrido homenajear a Sergio Algora (el cantante de El niño gusano) y los Rotundos habían aceptado su propuesta. Pero les faltaba un cantante. Se lo dijeron a Juan de Dios (el director de la revista El coloquio de los perros) y como yo me encontraba en ese justo momento tomando una cerveza a su lado, me lo propusieron y acepté. ¿Qué tenía que perder?

En realidad, El niño gusano no me gustaban demasiado. Nunca había escuchado un disco suyo al completo. Pero sí me atraía mucho la personalidad de Sergio. Al fin y al cabo, un surrealista en cuerpo y alma. Uno de esos maravillosos muchachos que podía perfectamente imaginar haciendo malabares en un circo, leyendo libros de Topor y cómics de Los pitufos hora tras hora hasta olvidarse de comer o desquiciando a uno de esos poetas que hacen del culto a Breton una religión llena de mandamientos. En suma, Sergio era, sí, un verdadero cronopio. Y por eso me familiaricé pronto con los temas que íbamos a tocar y me alegré mucho de haber aceptado de sopetón. Sin pensarlo demasiado. Juro que nunca he vuelto a escuchar (no más de media hora al menos) a El niño gusano desde aquel homenaje, pero que aquellos días los viví en una nube repitiendo una y otra vez esas canciones llenas de metáforas dadaístas parecidas a personajes de dibujos animados y a esos pequeños gags que aparecen por todas partes en los filmes de Buñuel: “El mejor olor”, “Pon tu mente al sol”, “La mujer portuguesa”.

…………..

Obviamente, yo había aceptado porque me atraía el espíritu de Algora. No porque supiera cantar. Pero eso no lo sabían Los Rotundos. Así que cuando me presenté en el local de ensayo, la sorpresa y decepción de alguno de sus componentes fue palpable. ¿Quién coño era ese tipo incapaz de entonar una estrofa con cierto equilibrio? Ni yo mismo lo sabía pero lo que sí tenía claro es que para homenajear a Sergio era más necesaria tener la actitud adecuada que los conocimientos musicales precisos. En cualquier caso, fueron inteligentes y el segundo día de ensayos me presentaron otro cantante con el que compartiría micrófono. ¡Un alivio! Porque así, desde luego, mis palpables errores se camuflarían y podría disfrutar en plenitud de la noche. Como así fue. Aunque en principio todo anunciaba desastre.

Juro que había repetido una y otra vez mi entrada en aquel concierto. Estaba completamente seguro de que lo haría bien. Pero, tal y como era previsible, llegué tarde y básicamente, fui durante toda la primera canción desacompasado. Y creo que también durante la segunda. Así que -como ni cantaba ni vocalizaba ni a esas alturas sabía qué estaba haciendo allí- no se me ocurrió otra cosa que ponerme una máscara de lucha libre que había traído desde México y todo giró noventa grados. El público comenzó a reírse, se creó una atmósfera surreal de patio de colegio y canción gusana, y, de repente, todas las personas estaban tatareando las letras de Sergio que parecía encontrase junto a nosotros en el escenario, empujándonos a bailar la conga del wrestling aragonés. ¡Bendita locura! ¡Para eso estaba yo ahí! ¡No para cantar sino para disparar el delirio! Ok. Algo parecido (salvando las distancias, claro) a lo de Bez con Happy Mondays. Aunque a mí me gusta más comparar esa función con la que realizan los señores que portan banderas enormes animando a las hinchadas en las canchas de fútbol argentinas.

…………

Ciertamente, fue días después bastante surrealista leer alguna crítica del concierto en la que se destacaban mis escasas aptitudes vocales o que ciertas personas dialogasen conmigo seriamente sobre si se me estaba pasando por la cabeza montar un grupo. Me aconsejaron por supuesto que no. En fin. Deliciosas anécdotas que suelen formar parte de ese tipo de performances y sin las que pienso que no se encuentran del todo completas. ¡La sal de la vida! Shalam

الأولاد الطيبون لا يقولون أي شيء لأي شخص

Los buenos muchachos a nadie dicen nada

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

3 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:….atractiva….el paraguas es simbolo del bohemio…..el catalejo es simbolo del pasillo que si se observa por el van sucediendo cosas…….si no es asi es incecesario subrayar el camino con de los tres ojos (tambien son tres objetos celestes)……buñuel: tres objetos: luna, nube y cuchilla, el catalejo es el ojo del observador……coney island baby: https://www.youtube.com/watch?v=Q21SoCylmTU……(quiza esta cancion le gustara a algora)………………………
    2ºimagen:……a mi ahi en ese sitio me gusta bee gees, travolta y uma thurman……..
    3ºimagen:…..solamente identifico a “la persona” por su atrezado telon: tres fotos de “la infancia de ivan”…. …..celentano…un rayo de sol…..paul anka…..chaka-khan (llena pistas), sabor muy a prince del principio incluida armonica de stevie wonder…..es decir, mucha ensalaá pá tan joven “pollo”(sonrisa)….
    5ºimagen:…..hostias en que me he metido!!!!!!….. empezare cantantando metido en una cama en el escenario con un paraguas tapando las goteras y despues “surrealistic pillow”…….jajajjj……

    • La imagen es de Oscar San Martín. Creo que te gustaría. http://madeinzaragoza.es/blog/oscar-sanmartin-vargas-retrospectiva-1996-2017/ No sé si la canción le gustaría a Algora. Yo creo que sí. A mí sin ninguna duda me apasiona. 2) Perfectos allá Travolta y Uma. Es verdad…ahí detrás está Celentano. No lo había identificado. Le pega sin ninguna dudas a Algora. jjjajaj.. ahí estoy yo…. No hubiera estado nada mal que vinieran Airplane a ayudarme…jjaja.. pero bueno.. lo hizo la maścara del cruzado mexicano….. ahí se libró la batalla del paraguas.

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