Extravíos del futuro

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Las bandas sonoras de los films de John Carpenter acostumbran a ser inquietantes y amenazadoras. Suelen estar compuestas por un mar de sonidos industriales melancólicos y potentes ideales para sumergirse en las visiones apocalípticas del futuro que el director suele ofrecer. Muchas de sus películas, de hecho, son western post-industriales. Transcurren bajo los cielos contaminados de ciudades derruidas, controladas por espíritus malévolos que parecen recién salidos de un relato de H.P. Lovecraft. Son metralletas sarcásticas que conceden una visión jocosa y arisca, casi crepuscular del mundo. Son un cruce entre una borrasca, un maleficio y la llamarada de una fábrica ardiendo. Un explosivo cocktail que mezcla con soez desparpajo la estética del videojuego con la narrativa visual zombi.

Realmente, las composiciones de John Carpenter son muy visuales. De hecho, la influencia que ejercen las imágenes de su cine en el oyente es tan grande que es inevitable pensar que su soberbio Lost themes es, en realidad, una recopilación de melodías instrumentales creadas para ilustrar films que tenía intención de realizar. Aunque no es exactamente así. Carpenter compuso la mayoría de sus temas independientemente de cualquiera de sus proyectos cinematográficos. Lo que no es obstáculo para que sea escuchándolos como si formaran parte de la banda sonora de una imaginaria película, que se conviertan en totalmente disfrutables.

Basta, por ejemplo, con cerrar los ojos y dejarse llevar por sus espectrales y movedizos sintetizadores para que podamos imaginar todo tipo de situaciones relacionadas de una u otra manera con los memorables films de Carpenter: sucios policías caminando por quebradas avenidas bajo el brillo de soles negros; edificios derruidos habitados por personas con aspecto de rata; grupos de muertos con los ojos rojos corriendo por autovías; o helicópteros con las hélices en llamas cayendo sobre aguas contaminadas. No obstante, tampoco cuesta en absoluto concebir estas canciones formando parte de un videojuego con estética ochentera lleno de motos y coches fardones conducidos por muertos vivientes. Más que nada, porque la habilidad de Carpenter para componer melodías pegadizas y estremecedoras es sorprendente. Y es capaz de rozar la autoparodia y aun así, trascender con una facilidad que resulta insultante.

En realidad, Lost Themes es un desafío a cualquier estudioso de la música porque cada uno de sus temas es puro instinto. Una batería de sexo y sintetizadores que lo mismo recuerda a Ennio Morricone o al dark gothic y alude a míticos soundtracks de horror que retuerce los tópicos del techno-pop para conseguir ofrecer su desoladora visión de la música contemporánea. Imagen especular de una sociedad donde apenas es posible ya sobrevivir.

Pocos músicos -y probablemente artistas- son capaces de combinar con tanta fluidez la tragedia y el kitsch, la ironía y el horror, y además salir indemnes. Por eso, cada uno los temas de John Carpenter es una experiencia. Un desafío. Algo parecido a contemplar a un fantasma riendo sin cesar en una discoteca.

Lost Themes rememora un pasado ya ido pero, sorprendentemente, resulta tan o más contemporáneo que cualquiera de los discos aparecidos este año porque ciertamente, es una jodida maravilla. Un rolex maltratado. Un autobús sin pasajeros destinado a caer en un abismo. Una obra llena de fantasmagóricos ecos del techno de los 80 que podría aparecer perfectamente en un documental sobre fenómenos paranormales, una película de ciencia ficción retro, un combate de lucha libre, una carrera de coches en un descampado o sonar a todo volumen en las calles de Nueva York o Tokio, ilustrando la decadencia del mundo consumista. Shalam

إنَّ هَذا الشِّبْلَ مِنْ ذَلِكَ الأَسَدِ

           Todos los viajeros tienen un perro

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Regateo.

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Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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