Fans

2

Acabo de terminar el delicioso libro de Fred Vermorel, Starlust: las fantasías secretas de los fans y no me resisto a citar unos cuantos testimonios de mujeres fascinadas por sus ídolos.

Los hay, aclaro, también muchos de hombres. Pero no me parecen tan interesantes porque, en su mayoría, sus fantasías sexuales son mucho más explícitas y directas. Son tan rotundas y contundentes que, sinceramente, también dan menos juego. Les falta ese punto irónico que hace fascinantes las confesiones que ahora cito como, por ejemplo, el de esta muchacha decepcionada con Nick Rhodes, (el teclista de Duran Duran), tras enterarse de su boda: «Le escribí diciendo: «No quiero meterme en tu vida, pero ¿por qué tienes que casarte?». Voy a hacer todo lo que pueda por impedirlo. Todo lo que esté en mi mano. No quiero hacerle daño, pero quiero impedir que se casen. Pronto le mandaré otra carta. Mis amigas van a escribir al periódico; no sé muy bien qué van a decir, pero yo también voy a escribir. Luego me enteraré de dónde vive, me presentaré allí y… no sé qué haré, ¡pero impediré esa boda!».

También me parece muy sugestivo este agresivo testimonio de otra fan cansada de la indiferencia de David Bowie a sus cartas. Algo que, teniendo en cuenta sus fantasías vengativas, me parece realmente saludable: «Eso debió de engendrar una gran agresividad. Y pensé: «Muy bien, voy a conseguir una pistola y voy a matar a ese hijo de puta y así seré igual de famosa, porque todo el mundo…». Ya sabes: de alguna forma, haré que estemos unidos. Porque en mis fantasías, cuando lo mato, él forma parte de mí. Físicamente está dentro de mí, y por fin estamos unidos, porque ahora está muerto. Así que pensé: «Tú no me amas, hijo de puta. Te voy a matar…». No puse mucha energía en realizarlo, pero era una posibilidad».

Por supuesto, las fans de Nick Heyward, como la que sigue, merecen su momento de gloria en avería: «Me he pasado noches enteras sin dormir, intentando dibujar un mapa de la zona donde vives. He escrito 165 cartas (o más) a gente que podría ayudarme a conocerte y 32 poemas. He hecho cientos de llamadas intentando conseguir tu dirección o tu número de teléfono. Entonces, ¿no crees que soy una verdadera fan y que la carta de doce metros que te mandé merece respuesta?».

Pero, de entre todas, creo que, sin dudas, las más jugosas son las protagonizadas por las apasionadas fans de Barry Manilow. Dejo dos de entre las muchas que hay en el libro. En primer lugar, la de esta mujer casada dispuesta a todo por Barry: «Durante años mi verdadera personalidad ha estado luchando por aflorar, y ahora, gracias a Barry, al fin lo ha conseguido. Mi marido no es tonto. Sabe que esta nueva libertad de espíritu es algo que escapa a su control, así que hay cierta tensión latente. Pero en general nos llevamos bien. Los dos sabemos que el año que viene, cuando se retire, no va a ser nada fácil. Hay problemas que ahora solo surgen dos o tres fines de semana al mes, pero a partir de ese momento van a ser constantes. Yo no quiero echar su vida a perder; quiero que sea feliz, pero es algo que no está en mi mano. Y no puedo renunciar a esto que he encontrado. Habrá gente que crea que es una locura renunciar a la seguridad de una vida tranquila por haberme encaprichado de una estrella del pop. Pero esto va mucho más allá.

Y, en segundo lugar, dejo la siguiente protagonizada por una muchacha cuya pasión es incomprendida por la mayoría de sus parejas: «Lo gracioso de los novios y otros chicos es que nunca somos nosotras las que los comparamos con Barry. Nunca los comparamos; Barry es algo aparte. Está en nuestra vida, pero siempre al margen de nuestra vida social. Y sin embargo, a los hombres les cohíbe. Por ejemplo, este apartamento. Cuando entra un tío y yo no le he avisado de nada, lo primero que dice al verlo es: «¡Dios!». Sobre todo por ese póster en color, con esos ojos que te siguen a todas partes; puedes verlos desde aquí, pero según te mueves continúan siguiéndote, y notas claramente que a los tíos les da muy mal rollo. Suelo hablar con ellos del tema, y en general se lo toman a chiste. Pero si hablamos más en serio —y si me dejan hablar en serio a mí—, se dan cuenta de que han entrado en terreno desconocido. No consiguen entenderlo. Piensan: «Uy, me he topado con una tía bien rara. ¿Qué hago ahora?». Pero Barry forma parte de mi vida; si no lo pueden aceptar, tampoco me pueden aceptar a mí. Está aquí, y punto. Aquí se va a quedar. No pienso cambiarlo por nadie. Si algún día tengo una relación estable, tendrá que ser con alguien que pueda aceptarlo. 

COMPARTE.

Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:….mele de ruby al tutti frutti………
    2ºimagen:…..un delirio………
    3ºimagen:…..bowie en plena forma……….
    4ºimagen:….la fan y el fanatizado tienen el mismo «careto»….jajajjj
    5ºimagen:….a primera vision he pensado que todos se estaban haciendo trabajos de reconstruccion a modo michal jackson….
    6ºimagen:….final feliz del soft pop………..
    PD:….https://www.youtube.com/watch?v=gvkfg-6GsBo….moonage daydream-1973….bowie en plena forma….

    • Alejandro Hermosilla on

      1) Salida de encarcelados de prisión. Años allá. 2) Fantasía nupcial. 3) Congregación divina. 4) el rock es algo tan común como el pan. 5) Foto para poner en la primera mesilla de la sala de recepción de una casa. 6) Rod Stewart: el sabor del tabaco. PD: Bueno. Este concierto es impresionate. Precisamente, leí en el libro que cito en el avería una crónica de una fan sobre el concierto de despedida de Bowie y es de lo mejor de la recopilación. No tiene desperdicio. Tal vez algún día la cite en avería.

Deja un comentario