GRAN HERMANO.

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He pasado hoy varias horas escuchando el disco Diamond dogs de David Bowie. Sí. Esa maravilla. Y me ha sido inevitable pensar que sus acordes suenan cada día más actuales. Desde luego, temas como “1984”, “We are the dead”“Big Brother” o “Candidate” se entienden actualmente mejor que nunca. Sólo hay por ejemplo, que revisar el anteproyecto de ley de seguridad ciudadana que la dictadura neoliberal comandada por Mariano Rajoy (con el beneplacito de la Troika y el PSOE) desea imponer en España. Algo en absoluto sorprendente. Al fin y al cabo, en nuestro país, las primeras ediciones del concurso televisivo Gran Hermano -un maquiavélico producto que perfectamente hubiera podido ser urdido por una mente tan maquiavélica como la de Edward Bernays- emitido por la cadena privada Tele 5 alcanzaron cuotas de audiencia jamás vistas hasta entonces. Y si fue posible que este programa llegara a ser tan popular como la paella o la cerveza, ¿cómo nos va a sorprender ahora que el concurso haya dejado de desarrollarse únicamente en la pantalla de un televisor y en cierto sentido, haya invadido la realidad y estemos todos desde hace un tiempo participando en él? ¿Por qué ha de resultar raro que mi banda sonora para leer los periódicos sea Diamond dogs y que cuando suenen los temas que ya he citado anteriormente, me diga a mí mismo eso de que el futuro orwelliano ya está aquí? ¿No es lógico que me pregunte, viendo el actual discurrir de los acontecimientos, cuándo es que va a comenzar a emitirse el primer reality-show sobre desahuciados donde el premio para el concursante ganador sea poder pactar el interés de la hipoteca de su hogar con el banco, conseguir la dación en pago o conservar su casa en propiedad?

En fin, ciertamente, no puedo evitar interrogarme respecto a si sería bueno o necesario trazar límites o terrenos vedados en democracia. Y, en definitiva: ¿cómo fue posible que, en nombre de la democracia (de mercado), pudiera llegar a emitirse y tener tal aceptación un programa que se denominaba con el nombre de una de las peores antiutopías urdidas jamás? Un concurso que por cierto, no tiene visos de agotarse pues continúan realizándose ediciones sin cesar y, de alguna forma, prosigue en ese mundo real donde decenas de miles de personas tienen como referentes y modelos a seguir a siniestros personajes como Florentino Pérez o Sandro Rossell. ¿Hacia dónde vamos o más bien, podemos dirigirnos entonces? ¿No resulta evidente y claro que hacia una dictadura global y que por todo ello, Diamond dogs de David Bowie parece haber salido del horno hace tan sólo unas semanas? ¿No es casi normal pensar que existen multitud de melómanos escuchando actualmente el disco, fascinados no tanto por su contenido musical sino por la relevancia con que fue capaz de radiografiar artísticamente nuestra realidad?. Shalam

وعاد بِخُفّيْ حُنيْن

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Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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