Hanoi

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Hanoi rocks eran mucho más que una banda. Resulta muy difícil explicar a los profanos la veneración que producen. Yo suelo tirar por la tremenda. Le digo a mi interlocutor que agarre cualquier recopilatorio e imagine que esas canciones son interpretadas por Guns N’Roses. En alguna ocasión ha funcionado. Soñar con Axil, Izzy, Duff, Slash y Steven interpretando «Tragedy», «Don’t you ever leave me», «Boulevard of broken dreams» y demás clásicos en una sesión de grabación suicida o en un club angelino de los 80 resulta además de creíble, realmente irresistible y alentador.

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Otra forma bastante sugestiva de introducir a mi compañía al culto Hanoi es sugerirle que contemple su mítica presentación en el Marquee del 83 de la que surgiría su disco en directo All those wasted years. Basta ver los saltos desbordantes de parte del público, la intensidad y compenetración de la banda, la tensión y alegría que se respiraba en el ambiente, los movimientos felinos, agresivos e instintivos de Monroe o la locura desbordante y kamikaze de Andy McCoy para darse cuenta de que aquella noche fue histórica y de que el grupo finés respiraba rock y agresividad por todos los costados. Eran sinceros hasta decir basta. No estaban en el negocio por la pasta sino por el arte. Motivo por el que, tras el fallecimiento de su batería, Razzle, en un accidente automovilístico tristemente célebre, lo dejaron. Hicieron varios intentos, sí, meses después de continuar. Pero el asunto no funcionaba. El espíritu se había ido. Y Hanoi rocks no eran un negocio. Tampoco el típico grupo Frankenstein. Hanoi eran actitud, sentimiento, vísceras. Podían grabar -¿por qué no?- algún disco irregular pero nunca uno que no fuera auténtico. Donde no estuvieran implicados al cien por cien.

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 Hanoi rocks. Su mismo nombre lo anunciaba. Hanoi rocks. Y así ha sido siempre. Si un grupo ha honrado el rock ha sido este. Por eso la reunión de sus dos cabezas más destacadas en la primera década del siglo XXI no sonó a oportunismo. Fue sincera y necesaria. Un premio al tesón de los fans y un desafío al talento artístico de Mike y Andy. Quienes en cuanto volvieron a sentirse a disgusto entre ellos y comprobaron que la cosa no daba más de sí, lo dejaron. Ninguno de los tres discos de regreso que grabaron puede tal vez compararse con los de su etapa clásica. Pero sí que son necesarios. Absolutamente necesarios. Ninguno tal vez llega al sobresaliente pero si unes los temas más destacados de ambos te sale un recopilatorio que vale oro y transpira más vida, riesgo y épica que la mayoría de discos grabados por todas esas bandas de cuidado aspecto amenazador y difuso contenido. Hanoi rocks. Y sus seguidores tienen claro que continuarán haciéndolo. Por eso, a pesar de que eran callejeros y viciosos, sexuales y peligrosos, exudaban paz por todos los costados. Su empeño era casi más espiritual que artístico. Una cruzada por un vaso de bourbon y un riff de guitarra amenazador.

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Hanoi rocks son el eslabón perdido del glam rock de los 80. Siempre fueron a contracorriente. Surgieron de Finlandia. País donde nadie los comprendía. No ganaban ni para comerse una hamburguesa y una mísera cerveza. Así que cuando cualquiera de ellos se ligaba a una chica, el resto iba detrás. No a su habitación sino al frigorífico y a la despensa. A muchas veinteañeras finesas le debemos que no se desmayaran en la calle y continuaran ensayando. Obviamente, en cuanto pudieron se trasladaron a un sitio más proclive a sus intenciones: Inglaterra. Allí fue donde comenzaron a darse a conocer y labrarse una leyenda. No obstante, tuvieron que hacer frente de nuevo a un enorme handicap. El hecho de que, aunque sí que hubiera un buen caldo de cultivo de amantes del rock travestido y el metal, los estilos que hacían furor en el país británico eran el techno y el post-punk. Un londinense medio se sentía más interesado por Soft Cell que por Twisted Sister. Pero aun así, Hanoi eran tan particulares y trabajaron tanto que pronto se hicieron un hueco en aquella escena. Por más que, siempre tan peculiares, donde realmente alcanzaron el éxito no fue en las islas británica sino en una asiática, Japón, donde eran tratados a cuerpo de rey y recibidos como estrellas.

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Cada disco que grabaron Hanoi durante los 80 fue un peldaño más en una carrera ascendente. Del primero salieron sumamente descontentos de la producción. Pero aún así, es un notable debut que no palidece en absoluto ante las obras que le continuaron.  Lps que no son perfectos pero sí reales. Viscerales. A mí me fascinan porque los veo casi como pedazos de carne en los que alguien hubiera dibujado corazones y gatos con un pintalabios. Reflejan perfectamente un momento, una sensación salvaje, sin trampa ni cartón. Y se encuentran llenos de un talento que obviamente estaba destinado a ser celebrado en medio mundo a poco de que tocaran las teclas adecuadas. Una de ellas era sin dudas girar en los Estados Unidos. Darse a conocer en un país idóneo para su música. De hecho, Hanoi eran europeos, pero siempre parecieron angelinos. Tanto o más que muchas bandas a las que inspiraron en uno u otro sentido como es el caso de Poison, L.A. Guns o Guns N´Roses.

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Lamentablemente, Hanoi rocks se separaron cuando iban camino de convertirse en celebridades. Ni más ni menos que Bob Ezrin había producido su último disco, Two steps from the moves, en el que el mismísimo Ian Hunter había colaborado. Mötley Crüe alzaban su brazo sabedores de que iban a convertirse en una sensación en la escena del rock norteamericano. Pero la suerte los esquivó con el ya mencionado accidente automovilístico y, desde entonces, vivieron con la cicatriz esquiva del fracaso, la tragedia y las oportunidades perdidas grabada en su nombre. Algo que los que hizo queribles. Amplió aún más su carisma. Y provoca que sus fans por lo general se emocionen al mencionarlos y hayan establecido una relación de enorme cariño con esta banda de forajidos. El culto Hanoi no se discute. Son como Arteche en el Atlético de Madrid, Camacho en el Real Madrid o Cardeñosa en el Betis. Tal vez no sean estrellas pero su status espiritual es superior a muchas de ellas. Porque son símbolos sentimentales. Iconos cuya sola presencia define una actitud. Una manera de estar en el mundo.

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Hanoi rocks eran la mezcla perfecta entre New York Dolls y el punk festivo y agresivo. Tiraban más a los Dictators que a los Ramones pero hacían una versiones del grupo de Queens que impresionaban. A veces tengo la sensación de que Hanoi son los verdaderos inventores del sleazy. Un estilo con el que dieron por casualidad. Más por actitud y el tipo de vivencias que tenían que por cualquier pretensión intelectual. Esa es su grandeza. Que amaban tanto a la banda de Johnny Thunders y eran tan kamikazes que lograron ir un pasito más allá de sus ídolos. Creando algo personal que los conectaba con las bandas de otro continente a las que, en cierto sentido, marcaron el camino estilísticamente probablemente por haber surgido en un lugar distinto pero poseer idénticas urgencias vitales y aficiones.

Lo repito. Creo que si Guns N’Roses hubieran grabado un disco de Hanoi  en una tarde loca, borrachos en el estudio, estas palabras sobrarían. Nadie dudaría del peligro y la genialidad escondida en una composiciones a las que creo que ninguno de los productores con los que trabajaron, terminó de sacarles todo el lustre que poseían. Lo que tampoco importa demasiado. Porque el sonido hanoi -esa mezcla confusa de glam, punk y rock bruto- resplandece casi más cuando se oscurece que cuando se intenta hacerlo brillar. En eso, sí, también fueron peculiares. Sumamente personales. Su carisma aumentaba cuando más parecía difuminarse.

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La medida de quiénes eran Hanoi la dan perfectamente sus versiones. Cualquier grupo que se hubiera atrevido a interpretar un tema de la Creedence y otro de Alice Cooper hubiera fracasado o bien en un intento o bien en otro. La mayoría, por supuesto, en los dos. Sin embargo, nada de eso ocurrió en este caso. La banda finesa se apropió de los temas que decidió homenajear hasta el punto de que parecen suyos. En un principio, (sobre todo, el tema de John Fogerty) puede sonar un tanto extraño, pero bastan dos o tres escuchas para que lo que suene raro sea la versión original. Obviamente, no estamos hablando de un caso de apropiación tan extremo como el logrado por Van Halen con el «You really got me» de The Kinks, pero sí de conseguir llevar completamente al territorio Hanoi un tema clásico que suena tan natural en sus manos como en las originales. En cuanto a la recreación de Alice, no creo que merezca la pena gastar mucha saliva. Hanoi interpretan «Under my wheels» como si la hubieran compuesto ellos en medio de la desencantada Norteamérica de los 70.

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Mentiría como un villano si dijera que todos los discos de Hanoi me gustan por igual. Tengo obviamente uno favorito y un par o tres de canciones que me llevaría a la tumba. Entre ellas, se encuentra «Millions miles away». ¡Qué hermosa balada! Basta escucharla para experimentar la desesperanza y el desamor. El grito del ahogado. La dura vida de los rockeros condenados a una vida hedonista llena de soledad. Es lógico que muchos músicos con una sensibilidad tan a flor de piel como para ser capaces de realizar composiciones de este calibre, acaben en la droga o suicidándose. La autodestrucción se debe en la mayor parte de los casos más a la incapacidad de soportar un exceso de belleza que a la maldad. Shalam

الأناني يحب نفسه بدون منافسين

El egoísta se ama a sí mismo sin rivales

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:……cualquiera de ellos podria pasar por chica….sobre todo el rubio…..el humano del norte tiene esa presencia…….no los veo presentados en «good morning, vietnan»1987….jajajjjj…..
    2ºimagen:…..el del tigre parece que se ha saltado el confinamiento usando el tigre de carton……sonrisa……
    3ºimagen:………apelotonamiento………fotomaton……….no se escapa ni dios!!!!!!!!!!………..
    4ºimagen:……torera y pantalones mejicanos y nancy con sombrero y calcetines rosa chicle……abigarrado….
    5ºimagen:…..si quitamos de la foto al rubio y ponemos una cortina que lo tape podremos imaginar mejor lo que observan los pestosos (llamese pestoso a adolecente femenina singular)………….jajajjjjj
    https://www.youtube.com/watch?v=T-WSKtQkLfM&list=PLz6cAheObZchibGOwawEd3eG8msDvVF_s&index=11…….t.rex…marc bolan…..
    https://www.youtube.com/watch?v=HSRsC0MlX8A……radio futura….santiago auseron………..

    • 1) Foto de portada de Kerrang. La nueva ola glam se llamaría el reportaje. 2) Muy bueno lo del tigre de cartón..jajaja.. no lo había visto. 3) Fotonovela. Las aventuras de una banda finesa en Inglaterra. 4) Por cierto, Mike Monroe tocaba y toca el saxo de manera espectacular. 5) De T Rex a Cinderella sólo hay dos pasos: Hanoi Rocks y New York Dolls.

      Radio futura siempre fueron más Brian Eno que Marc Bolan. Hijos de Another Green World que conectaban con la posmodernidad.

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