Henryk Miholaj Górecki

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¡Sublime! Llevo prácticamente dos semanas en que lo único que escucho una y otra vez y una y otra vez es Scott Walker mientras trabajo en Ruido, pero esta costumbre ha sido alterada durante unas horas por una melodía, sí, y es de justicia reconocerlo. Me estoy refiriendo al impresionante primer movimiento de la tercera sinfonía (conocida asimismo con el sugestivo y acertado título de La Sinfonía de las lamentaciones) compuesta por Henryk Mikolaj Górecki. No deseo en cualquier caso, hablar de este movimiento ni de la voz de la soprano recitando unas palabras de la Virgen María con aliento de hada destruida frente a un mundo en descomposición. Únicamente volveré a repetir que me ha hecho olvidar las incursiones en lo desconocido de Scott Walker por un instante y con esto es más que suficiente para comprender lo que me ha hecho sentir. Aquello que he vislumbrado al escucharla: una muchacha perdida en una isla desierta mirando con desesperación la fotografía de su amante. El muro de una cárcel quebrándose. Una madre llorando por su hijo muerto frente a un grupo de vecinos. Y también, a un ángel herido que me llevaba en su regazo por el cielo y cuando parecía que iba a destrozarme la cabeza, me daba un beso, acariciaba mis cabellos y me animaba a resistir. Shalam

الصبْر مِفْتاح الفرج

Desespera el que se toma a sí mismo y la vida muy en serio

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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