Hysteria

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Hysteria es un disco especial. Uno de los más importantes y también más perfectos de la historia del hard-rock. Antes de su aparición, la expectación era máxima. Había verdadera ansiedad entre los fans de Def Leppard por escucharlo, teniendo en cuenta el alto cúmulo de circunstancias que arrastraba consigo. Su disco anterior, Pyromania (1983), había sido un enorme éxito. Algo normal porque era una bomba de relojería. Como su misma portaba indicaba, era un edificio rockero en llamas cuyas cuatro primeras canciones eran realmente demoledoras.  Cuatro singles de un poder evocador enorme que sin embargo, dejaban muy atrás al resto de canciones dando lugar a una obra intensa pero no perfecta que aun así, había marcado un hito. Era la mezcla ideal entre el rock británico barrial y el glamouroso. Aun sabía, sí, a ese rock combativo de los dos primeros discos de Leppard pero a su vez, poseía un sabor cosmopolita que la hacía irresistible. Por lo que, consecuentemente, consiguió la aceptación masiva de una banda que allá donde iba, provocaba una sonrisa. Conseguía entusiasmar pues no sólo eran músicos profesionales de alta calidad sino un grupo de amigos que hacía de cada concierto una fiesta y de cada uno de sus encuentros, una celebración.

Teniendo en cuenta estos condicionantes, se puede vislumbrar lo que supuso que el batería, Rick Allen, perdiera uno de sus brazos en un accidente automovilístico.Cualquier otro grupo se hubiera mostrado consternado y tras recuperarse del golpe, hubieran seguido adelante sin mirar atrás, lamentando la suerte de su compañero. Pero Def Leppard eran especiales. Unos cuantos colegas enamorados de las guitarras y las cervezas que igual que grababan discos podían haber ido juntos al fútbol o gastar tardes enteras jugando a las cartas. Y optaron por lo más difícil. Prácticamente imposible e increíble: tener fe en la recuperación de Rick a quien se le construyó una batería electrónica que podía ser tocada con una sola mano. Y aunque parezca mentira, Allen participó  junto al resto de miembros del grupo de la grabación de Hysteria y desde luego que su influencia fue decisiva porque una de las marcas del disco es su batería plana y compacta de sonido magnético. Y sin dudas, su presencia allí, debió imprimir moral, la fuerza necesaria para que la banda resistiera las muy exigentes sesiones de grabación a las que les sometió el productor “Mutt” Lange sin el cual el disco hubiera sonado de manera totalmente diferente y cuya influencia fue tan grande que en gran medida, se convirtió en el sexto miembro del grupo.

Cuando Hysteria apareció, hubo severas críticas a la comercialización del grupo. Es cierto que Def Leppard habían dejado de sonar peligrosos. Ya no eran una versión británica y efervescente de AC/DC o la amplificación rocosa de Thin Lizzy. Ahora eran por momentos casi un grupo pop. Una refulgente banda obsesionada porque todos los elementos de sus canciones estuvieran armónicamente ensamblados. Hay quien los describió como los Phil Collins del heavy. Calificación demasiado osada, sí, pero que aun así, tampoco estaba desencaminada. Porque Hysteria estaba lleno de irresistible hits plagados de voces edulcoradas que en algún caso, podían gustar más a las fans de la Superpop, ese eterno ejército de quinceañeras, que a los tradicionales y esforzados seguidores del rock.  Pero no obstante, las canciones eran tan buenas, se encontraban tan llenos de detalles disfrutables, eran tan grandes la emoción e ilusión que el grupo transmitía y tan amplia su evolución que pronto, pareció mejor opción escuchar el disco una y otra vez hasta exprimirlo que perder el tiempo en discusiones puristas. Pues la sorpresa para quienes comenzamos a escarbar en este arsenal melódico que lo mismo podían haber firmado Duran Duran que Michael Jackson pero tenía la virtud no obstante de continuar respetando la esencia de la banda, fue que era completamente inagotable. Y en gran medida, lo que en principio pudo ser visto como un defecto -su sonido extremadamante sofisticado y por momentos, edulcorado- se convirtió en su gran baza. Porque a día de hoy, el disco no ha perdido vigencia y me parece el mejor de la banda. Un hito indiscutible en la historia del rock repleto de temas que se bifurcan por los vértices más impensables sin dejar de poseer contundencia y una pegada brutal y por momentos, mágica. De hecho, creo que si tuviera que definir con una palabra Hysteria seria esa: magia. Un paseo por el palacio de las maravillas del hard-rock contemporáneo. Canciones como “Armageddon it”, “Gods of war”, “Women” o “Rocket” son un prodigio compositivo. Cuando uno cree que van a concluir apenas están empezando y son tan complejas y deliciosas que me atrevería a decir que no tienen uno sino hasta dos o tres estribillos. Tantos como momentos orgásmicos. Son pequeños tintes de música progresiva convertidos en magníficas canciones pop a las que la sobreproducción no estropea sino que protege, recubriéndolas de magnetismo. Y de hecho, repito, es ese sensible sonido y el extremo cuidado de cada segundo del disco el que ha conseguido que Hysteria continúe siendo nuestro contemporáneo. Pues sólo hay que escuchar las guitarras ondulantes, contenidas y esos sintetizadores que podrían perfectamente pertenecer a un disco de techno-pop para comprender que fue una obra compuesta con la mente puesta en el futuro. Y que su productor se aprovechó del talento efervescente de un grupo de jóvenes para construir una catedral que casi parece más vigente hoy en día que cuando apareció.

Hysteria, sí, es ese momento en la historia de una persona en el que todo parece encajar. Es sin dudas un disco que mira hacia delante y construye un mundo de sensaciones y emociones inconmensurable. Música que perfectamente podría ser una colonia de las caras y que guarda un equilibrio casi inapelable entre fiereza y sensibilidad y es tan divertida como elegante. De hecho, es un chute de adrenalina que al menos a mí me hace pensar constantemente en un viaje de transformación: ese que todos los seres humanos realizamos al pasar de la adolescencia a la edad adulta. Shalam

إِذَا طَالَتِ الطَّرِيقُ كَثُرَ الْكَذِبُ

Cuando se alarga el viaje, aumentan las mentiras

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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