Innumerables ramas

2

Supongo que, a estas alturas, la mayoría de los melómanos sabran quién es Bill Fay.  Entre 1970 y 1971, el compositor inglés grabó dos discos notables, (Bill Fay y Time of the last persecution) con regustos a folk psicodélico e intimista, llenos de feeling, buenas ideas e intenciones que pasaron desapercibidos entre los múltiples huracanes (The Doors, Led Zeppelin, King Crinsom, Rolling Stones) que removían el pop y el rock de aquella época frente a los que Fay pasaba por no ser más que un músico coqueto. Alguien prescindible, a pesar de que su talento merecía más oportunidades que no le llegaron hasta cuatro décadas después. Concretamente, en el 2012. Año en que dejó mudos a quienes escucharon emocionados Life is people. Su desgarrador y conmovedor regreso al que han seguido un par de discos igual de nobles, sinceros y talentosos: Who is the sender? (2015) y Countless Branches (2020).

En realidad, en cualquier web musical se puede hallar con mayor detalle y precisión la historia de esta resurrección musical. Si he dado estos datos es para contextualizar un poco la historia (en la que aparecen en distintos episodios los nombres de Jeff Tweedy, Nick Cave o REM) que hay detrás del trío de mágicos discos que publicó durante la pasada década. Yo llevo escuchándolos una semana casi sin descanso. Cada vez que los quito siento que algo me falta. Que respiro peor.

Ha habido momentos en los que Fay casi logra que se me salten las lágrimas. Algo que tiene, supongo, que ver con la pureza y honestidad que desprenden unas canciones desnudas, desprovistas de barrocas ornamentaciones orquestales, que suenan en algún caso frescas y primaverales y en otro tristes y otoñales pero siempre se encuentran llenas de vida y verdad. Algo que consiguen con tan sólo unos pocos elementos e instrumentos. Los justos para resaltar la melodía y adornar de color la sentida voz de Fay. Un mérito por cierto que hay que dárselo en gran medida a Joshua Henry; su productor.

Entiendo que todo lo que pueda decir sobre Fay suene a tópico. Pero no por tópico es menos verdadero. A mi me recuerda levemente a Robert Wyatt. Sé que entre el folk desnudo y campestre de Fay y el bucólico y dadaísta de Wyatt hay un trecho. Pero su obra me provoca parecidas sensaciones. Es crepuscular pero no apocalíptica sino vitalista y en vez de desesperanza transmite confianza.

Los discos de Fay son sencillos y verdaderos. Son frutas. Podemos comer habitualmente hamburguesas y pizzas pero basta un mordisco a una manzana, una fresa o una naranja para comprender la diferencia que existe entre un alimento que regenera y otro que simplemente llena el estómago. Tengo la impresión de que podría estar escuchando en bucle este trío de discos de Fay durante todo este año y no echaría de menos a ninguno realizado por otro músico. No sé si me explico bien pero sus canciones son naturales. Introducirse en ellas es como hacerlo en los bosques o el agua de un río. Dentro del mar, hasta el barro es puro. Shalam

خيانة الطموح لا تتوقف أبدا

Las traiciones de la ambición nunca cesan

COMPARTE.

Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:…..persona, animal o cosa……….(la luna corta la pupila del hombre bosque)…….r…….
    2ºimagen:…alto, me caso en soria!!!!!!………
    PD:…..https://www.youtube.com/watch?v=b4pYANUAJAI….dusty sprinfield….estos son pelos cardados y no los de bill fay (no lo conocia)………..r………..

    • Alejandro Hermosilla on

      1) Portada en la que el rock progresivo se encuentra con el folk. 2) Búho musical. PD: no me había fijado en los pelos de sprinfield.

Deja un comentario