Kick

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Tres décadas después de su publicación, Kick continúa sonando fresco, vivo e inmediato. Sin dudas, es el gran disco de INXS. Casi que me atrevería a decir que se entiende mejor hoy en día que cuando surgió. Y que si este verano, las discotecas se llenaran con sus himnos, volvería a reventar las pistas y provocar intensas emociones. Kick es el disco que la banda estuvo intentando hacer desde sus orígenes. Para el que se estuvieron preparando toda la vida. Un disco lleno de singles. Una pegadiza e intensa gama de ritmos funk, soul y rock. Una batidora de pop y rock inconmensurable. Una especie de Some girls de los 80. La mezcla perfecta entre el legado de Rolling Stones y Duran Duran. Una píldora rockera que sintetizaba varias décadas de rhytm and blues mezcladas equilibradamente con el techno, el pop y el soul de salón. Un mar de canciones de ensueño que daban ganas de bailar, transmitían vida y además poseían una clase incomensurable. En realidad, el calificativo de “cool” se ha inventado para discos como éste. Una obra que se adentraba en ritmos y ambientes sofisticados sin perder actitud barrial. No desfallecía en ningún momento y a pesar de estar muy pensada y meditada, poseía una sana espontaneidad. Podía escucharse perfectamente en un bar de New Orleans, comprando baqueros en una tienda de moda en New York o en una discoteca. No perdía nunca valor y vigor. Y siempre cumplía su cometido. Porque era un disco entretenido y cargado de chulería. Un asalto del rock al mundo comercial y de la música FM a la calle. Cuando apareció, Michael Hutchence se había convertido en un icono sexual cuya voz, sin dejar de lado su personalidad, rememoraba a la del Mick Jagger más sensual. Los hermanos Farris habían alcanzado su cima compositiva y aportaban ritmo y armonía a una máquina rockera perfectamente engranada. Y consecuentemente, medio mundo bailó despreocupadamente con un disco al que tal vez, sólo se le podía poner una pega: su falta de profundidad. Porque, a pesar de su grandeza, Kick no era Exile on main Street ni un The Wall. Era un disco que podía escucharse repetidas veces y causaba mucho placer pero terminaba por consumirse en sí mismo, teniendo en cuenta que no aportaba ciertas gotas de trascendencia que lo hubieran hecho aún más grande. Eterno. De todas formas, pocos defectos se le pueden achacar a Kick, dado que su función más que hacernos pensar, era entretener. Y además, surgió en un momento en que las derivas humanitarias de Bono, Peter Gabriel o Sting hacían aconsejable apartarse lo más posible de los artistas pop con mensaje. Esos falsos profetas aupados por la socialdemocracia frente a los que INXS aportaban dosis muy necesarias de divertida frescura.

Un disco tan bueno como Kick tiene que inevitablemente dejar secuelas. INKS habían caminado un largo trecho para alcanzar su sonido. Los primeros discos sonaban bien pero existían piezas allí que no terminaban de encajar. Había inmadurez en ellos. Buenas ideal mal aprovechadas encajonadas en indefinidas producciones. Y tras años y años de trabajo arduo, disfrutaron al máximo con su éxito. Pero desgraciadamente, los posteriores LPs que grabaron, sin dejar de poseer buenas ideas y temas notables, fueron demasiado esteriotipados. Desesperados intentos por evolucionar, repetir la fórmula Kick o separarse de ella como fuera posible. Y consiguientemente, huelen a producto manufacturado. Como si faltaran en sus surcos, ciertas dosis de alma y barrio. De ese empuje y descaro que hicieron de Kick un disco irresistible. Una obra que, de encontrarse sano mentalmente, se hubiera enorgullecido de grabar Phil Spector a finales de los 80. Shalam

إِنْ سَرَّكَ الأَهْوَنُ فَابْدَأْ بِالأَشَدِّ

El que conoce poco, lo repite a menudo

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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