La corte de los milagros

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Ser admirador de Mikael Arkefelft proporciona un sin fin de satisfacciones. Innumerables. Ante todo, lógicamente por la posibilidad de gozar de ese violento festín que es la inapelable discografía de Opeth. Disfrutar de todos esos violentos ladridos, caricias salvajes, arponazos en el hielo en mitad de tempestades de niebla que son sus canciones. Pero además, por las referencias continuas musicales que al menos a mí me descubre.  En los últimos meses, he  ahondado muy paciente e intuitivamente en la discografía por ejemplo de Camel o Wishbone Ash con una conciencia de estar recorriendo territorios sagrados y lejanos que no habría podido tener si este sobrio, silencioso y misterioso sacerdote del rock negro no los hubiera citado como una influencia . Pues basta escucharlo hablar de todos esos discos que resuenan detrás de cada acorde y atmósfera de sus exploraciones sonoras para que inmediatamente les preste toda mi atención. Los anote en mi agenda y en cuanto vea la ocasión -una excursión a aguas termales, la lectura de un pasaje de una novela abisal o la redacción de un precipicio literario- me dedique a descubrir cómo esos por lo general evocativos sonidos llenos de desarrollos instrumentales y cambios de ritmo vibrantes y esquizofrénicos, resuenan en los discos de la banda sueca, conjugándose con tantos otros que me son mucho más familiares y ya me pertenecen como los de Black Sabbath, Jethro Tull, Goblin, Deep Purple o Bathory.

opeth-low-res-53Son tantos los abismos musicales por los que he viajado en los últimos dos años desde que caí rendido, absolutamente fascinado por la escucha continuada durante días de ese lienzo, retablo medieval que es Heritage, que necesitaría escribir varios averías diarios durante una semana para poder ofrecer un testimonio válido de estas exploraciones. De la cuales, eso sí, me gustaría hoy destacar una en concreto. Una distorsión sonora llena de armonía y alegría inexplicables. Casi milagrosas. Me refiero al maravilloso Corte dei miracoli del grupo italiano de idéntico nombre. Una joya oculta del prog transalpino realizada durante la década -los setenta- de mayor efervescencia del estilo. Un disco exultante, alegre, vital y la vez nocturno y desafiante. Franco Batiatto y Goblin improvisando una jam session en mitad de una película de Dario Argento o Mario Bava. Un himno humanista -recuerdo de los sueños de libertad y democracia- repleto de decadencia. Instinto y pathos de muerte. Pero también de inocencia. Un disco que transmite una sensación de pureza y belleza inusuales, permitiendo rememorar los más logrados experimentos artísticos del siglo pasado, mientras conducimos una furgoneta celeste con una amplia biblioteca incorporada de clásicos y combativas obras políticas, filosóficas del presente. Es realmente difícil definir -y eso la hace aún más atractiva- esta pieza sonora que lo mismo nos remite a las exploraciones pictóricas de los flamencos que al cine y arte de ensayo de dibujos animados. Porque es casi un viaje secular por la Roma eterna. Un LSD tomado en las proporciones adecuadas. Un recorrido en barca por los canales de Venecia o el mar mediterráneo con la mirada puesta en las estatuas de los generales romanos, los grandes edificios de la cultura occidental pero también en los cristianos. En todos aquellos seres humanos que intentaron aportar algo a otros seres humanos a pesar de ser conscientes de que el mundo se derrumbaba diariamente y cada día en que nos levantamos, es el previsto para la destrucción total

pieter_bruegel_the_elder_-_the_cripples_-_wga3518No quisiera extenderme mucho aunque desde luego podría hacerlo. La corte dei miracoli es como una voz pura y llena de luz en medio de un cataclismo. La búsqueda de un nuevo humanismo en medio de un terremoto en el que se derrumban todos los ídolos. Lo que idealmente sería el rock de no tener que responder -quiéralo o no- a intereses comerciales. El disco que hubiera hecho Nino Rota de haberse dedicado al prog. O Alain Goraguer de habérsele encargado un soundtrack para uno de esos deliciosos films Giallo. Un vals a mitad de camino de la comedia y la tragedia. La banda sonora perfecta de una novela de Italo Calvino. Una razón más para creer que Italia es el país de la belleza y el amor y que incluso cuando sus habitantes escarban en territorios difusos y sombríos, son capaces de generar magia. Escuchar cada una de las cinco canciones de este disco es como echarse una tirada de tarot por alguien que no nos cobra y será franco con nosotros. Casi una exploración junguiana. Puro alquimismo sonoro. La sensación de libertad que sentíamos en la niñez al disfrazarnos y de asombro al entrar a un circo. Un monumento a la sinceridad y la imaginación musical. Woodstock implosionando en medio de los antiguos foros romanos. Una colorida mariposa volando alegre entre campos llenos de flores. Varios delfines acompañando el recorrido de un barco de vela. Y la primavera eterna abriéndose paso en medio del crepúsculo. Ese mundo cotidiano de ira y odio. En definitiva, sí, el brebaje necesario para, en la era del cinismo, mantener las dosis de inocencia necesarias para continuar soñando. Viajando diariamente a la luna y los océanos sin necesidad de cohetes ni billetes de avión. Shalam

No pocas veces basta una sola ola para salvarse o morir

أُمُّ الْجَبَانِ لاَ تَفْرَحُ وَلاَ تَحْزَنُ

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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